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Facundo Campazzo pelea un balón con los defensas de OlympiacosEFE

Olympiacos 92-85 Real Madrid

El Real Madrid cede con orgullo ante el poderío de Olympiacos y se queda a las puertas de su 12ª Euroliga

En una competición como la Euroliga, donde nadie quiere perder, cualquier pequeño detalle marca la diferencia y mucho más cuando lo haces contra un transatlántico como Olympiacos, que no perdona y fue, por algo, el líder de la fase regular. Y eso es lo que le sucedió al Real Madrid, que afrontó el duelo definitivo sin pívots y lo acabó pagando caro (90-85)

El OAKA Arena de Atenas se llenó para presenciar la gran final de la Euroliga entre Olympiacos y Real Madrid, dos de los mejores equipos del Viejo Continente. Nadie se quería perder el duelo entre griegos y madridistas y el que empezó mandando fue el cuadro de Scariolo.

El once veces campeón de Europa sabía lo que había en juego y Trey Lyles se echó el equipo a la espalda. El ala-pívot canadiense tenía ganas de fiesta y necesitó poco tiempo para dejarle claro a los jugadores de Olympiacos que tenía la muñeca caliente.

El inicio de final del Real Madrid fue inmejorable. Scariolo había insistido en la previa en la necesidad de competir en todo momento, los jugadores merengues aplicaron esa orden a la perfección y pusieron tierra de por medio en el primer cuarto, algo que no gustó demasiado a Georgios Bartzokas, muy activo en la zona técnica.

El Madrid mantuvo esa idea y finalizó los primeros 10 minutos de la final con una ventaja de siete puntos (19-26), situación que dio confianza a los de Sergio Scariolo para afrontar el último antes de llegar al descanso.

Sin embargo, el paso por el banquillo le sentó bastante mejor a Olympiacos que al equipo español. Los de Bartzokas reaccionaron, se apoyaron en el francés Evan Fournier, aprovecharon el bajón anotador del Real Madrid y su ausencia de pívots y, a falta de algo más de un minuto para llegar al descanso, los griegos se pusieron cinco arriba (44-39), lo que provocó que el OAKA entrara en estado de ebullición. Y así se llegó al intermedio. El equipo ateniense se fue al vestuario con dos puntos de ventaja sobre el Real Madrid.

El Real Madrid tira de orgullo

La recta final de la primera mitad dejó ligeramente tocado al equipo de Sergio Scariolo, pero todavía quedaban dos cuartos por delante y había tiempo más que suficiente para lograr una remontada que le diera la 12ª Euroliga de su historia.

El Real Madrid era plenamente consciente de ello y se puso manos a la obra. El baloncesto es un deporte de dinámicas y el tercer cuarto fue madridista. Los de Scariolo lograron darle la vuelta al marcador, recuperaron la efectividad que tuvieron al inicio del encuentro y, poco a poco, fueron inclinando la balanza a su favor. La mejoría del equipo blanco fue evidente y, a falta de algo más de un minuto para el final del tercer cuarto, alcanzó los 61 puntos.

Trey Lyles (R) pelea un balón con Thomas Walkup (L) durante la final de la EuroligaAFP

Sin embargo, Olympiacos seguía ahí y eso, a fin de cuentas, era una mala noticia para el Real Madrid. Los griegos no dieron su brazo a torcer, lo intentaron de todas las maneras para recuperar la igualdad en el encuentro, pero, a la hora de la verdad, el equipo de Sergio Scariolo le estaba negando esa posibilidad.

Y así se llegó al final del tercer cuarto, con el Real Madrid sacándole cuatro puntos de ventaja a Olympiacos (61-65) y dejando muy buenas sensaciones sobre el parqué del OAKA Arena, sobre todo a nivel defensivo, algo casi más importante que el acierto ofensivo a la hora de afrontar una gran final de la Euroliga.

La igualdad estaba siendo máxima y se llegó a un punto en el que cualquier fallo podía pagarse muy caro, algo que quería evitar, siempre y cuando fuera posible, el rey de Europa, que estaba aguantando de maravilla las embestidas griegas.

Esa era la única opción para ganar y, a falta de algo más de tres minutos para el final del último cuarto, la diferencia entre ambos equipos era de muy pocos puntos. Tanto Bartzokas como Scariolo sabían que podía pasar cualquier cosa y así lo transmitieron a sus jugadores. Y en esas, el que tiró de poderío fue Olympiacos, el Real Madrid se quedó sin respuestas y el título de Euroliga se quedó en Atenas.