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Nicolás Anelka el día de su presentación con el Real Madrid el 5 de agosto de 1999GTRES

Anelka, el jugador que no se llevaba bien con nadie en un Real Madrid al que dio una Copa de Europa

Cumple 43 años el delantero que deslumbró en el Arsenal con apenas 19 y que fue el fichaje más caro de la historia en su momento tras recalar en el equipo blanco

Nicolás Anelka fue el fichaje más caro de la historia en 1999, 35 millones de euros que el Real Madrid pagó al Arsenal, donde el jugador francés deslumbró con solo 19 años. Al joven talento le llamaban desde muy pronto «The Sulk», «el malhumorado», un carácter con una curiosa mezcla de timidez y soberbia que significó su fin en Londres, tras su mejor temporada con los Gunners, después de un incidente rijoso que el protagonista contó en su autobiografía:

«Mi carrera en el Arsenal iba viento en popa hasta el día que me crucé con Vieira, que era más conocido en el vestuario del Arsenal como «Le Long» («El Largo»). Yo estaba jugando contra el Fulham en Highbury y recuerdo recibir un balón de Bergkamp, recortar el arquero con facilidad y, con la portería de par en par, echarla fuera en el último momento. Solo sucedió porque el sol cegó mis ojos. ¡No fue mi culpa! De todos modos, Vieira me echó una mirada furiosa y yo sabía que estaba en problemas. Después en las duchas se volvió contra mí y yo le respondí, sabiendo que no debería haberlo hecho, pero le llamé ‘jodido larguirucho patoso’. Al principio solo me miró con sus ojos huecos. Entonces ¡ZAS! Cuando estaba sentado me dio una bofetada en la cara con su pene. Era como ser golpeado por un salmón curado húmedo. ¡Nadie podía creer lo que estaba viendo! ¿Te imaginas lo vergonzoso que es que te den una bofetada en la cara con una puerca espada de 14 pulgadas delante de tus compañeros? Fue el peor momento de mi vida. Nadie dijo nada durante lo que pareció una eternidad».

Entendí que todo iba a ser muy difícil, pero se demostró que era un infiernoNicolás Anelka

Después de aquel sicalíptico suceso su hermano y representante ofreció al jugador a los grandes equipos de Europa y Anelka acabó recalando en Madrid por 5.600 millones de pesetas. Desde el primer día, según cuenta el protagonista, el periplo del francés en el vestuario de Chamartín estuvo lleno de dificultades: «No tenía ni sitio asignado en el vestuario, esperé a todos, pero todos me decían que ese era su sitio. En ese momento me dije: '¿qué hago aquí?'». Cuando supe que llegaba para disputarle el puesto de delantero centro a Morientes, íntimo de Raúl y Hierro, los líderes del equipo, entendí que todo iba a ser muy difícil, pero se demostró que era un infierno».

Suspensión de 45 días y héroe a pesar de todo

Cuenta «el malhumorado», quien generó una cifra total de 125 millones en traspasos durante toda su carrera, un récord de la época y un signo notable de su dificultad para aclimatarse, que siempre que no jugaba bien le ponían en el banquillo y que él necesitaba confianza. Una vez quiso hablar con los entrenadores antes de un entrenamiento y le dijeron que lo harían mañana, él insistió y los entrenadores también, «así que simplemente no me presenté». Aquello significó una suspensión de 45 días y 55 millones de multa y el principio del fin de Anelka en el Real Madrid.

Tenía la sensación de que estaba jugando al 40, 50 o 60 por ciento de mi calidad. Eso me frustró mucho y por eso lo pasé malNicolás Anelka

«Encontré un nuevo estilo en el Real Madrid y no pude usar mis cualidades al máximo. Tenía la sensación de que estaba jugando al 40, 50 o 60 por ciento de mi calidad. Eso me frustró mucho y por eso lo pasé mal. Era una nueva liga, un nuevo equipo, nuevos jugadores, nueva mentalidad, nuevo lenguaje», insistió el atacante, que se quejaba de que le ponían por la derecha (para que jugasen en punta Raúl y Morientes) y solo marcó siete goles en poco más de treinta partidos, de los cuales dos fueron, a pesar de todo (o a propósito: ambos goles cruciales fueron marcados en la posición demandada por el jugador), la clave de la conquista de la Octava para el Real Madrid.

El Bayern de Múnich había goleado a los blancos en los dos partidos de liguilla de la Liga de Campeones y les había tocado enfrentarse de nuevo en semifinales. El Madrid ganó por dos a cero con gol de Anelka (anotado tras un pase en profundidad, su especialidad), quien volvió a marcar en la vuelta en el estadio de Olimpia para meter a su equipo en la final con un cabezazo (de «9» de libro) histórico. Ese fue el penúltimo partido de Nicolás en Europa con el Real Madrid, pues llegó a jugar como titular la final en la que los de Chamartín derrotaron al Valencia. Una extraña y real gloria del jugador de Le Chesnay, que pese a todo lo que rodeó su corta estancia en España, incluso pese a él, acabó siendo un héroe para siempre del Real Madrid.