Fundado en 1910

Kaká se lamenta de un fallo durante un partido con el Real Madrid en 2010GTRES

Cuarenta años de Kaká, el Balón de Oro que llegó deslucido al Bernabéu

La ex estrella brasileña vino al Real Madrid desde Milán, junto a Cristiano y Benzema, que iniciaron el camino ascendente inverso al mejor jugador del mundo en 2007

Era la altura de Kaká lo que le hacía diferente. Un brasileño de rasgos europeos que atravesaba rivales con la rapidez de un regateador de menor estatura. Parecía que esas piernas largas no podrían driblar a ese ritmo. Pero lo hacía y lo hizo cada vez mejor durante muchos años. Florentino Pérez quiso esa joya como quiso a Cristiano y a Benzema, quizá incluso más que a los dos.

La estrella de aquel Milan

Pero Kaká era la estrella de aquel Milan, del último gran Milan campeón de Italia y de Europa. Dos años después de ganarlo todo con los rojinegros, fue el casi imposible primer fichaje de la nueva época de Florentino al frente del Real Madrid. 65 millones de euros trajeron al de Gama al club de Concha Espina junto a Cristiano, por 80 millones, y a un joven Karim Benzema, de 21 años, por 35.

Luego llegó el aductor, el quirófano y, tras esa luz cegadora, Mourinho, según confesión propia

Los dos últimos ganadores del Balón de Oro y el precoz talento lionés aterrizaron en Madrid. Fue la cadera el primer obstáculo. Luego llegó el aductor, el quirófano y, tras esa luz cegadora, Mourinho, según confesión propia. Atleta de Cristo, miembro de la Iglesia Evangélica, nunca tuvo malas palabras con nadie.

Kaká y Cristiano en 2009©GTRESONLINE

Del entrenador portugués dijo simplemente que no se entendieron. Que él consideraba que tenía que jugar, pero Mourinho no. No pensaba que el de Setúbal tuviera argumentos, pero admitió que él tampoco los tenía porque el equipo estaba en un gran momento sin su participación. Palabras sencillas como lo era su juego, o mejor cómo hacía su juego en los mejores tiempos antes de que perdiera la fluidez.

El disparador implacable

Dijo que pasó tres años tratando de convencerle y que Florentino le dijo que fue uno de los atletas más profesionales que pararon por el Real Madrid, a pesar de llegar deslucido. Kaká lo intentó, como dijo, pero no le salió. No era ese jugador que remataba desde cualquier lugar y de cualquier forma. El disparador implacable desde corta, media y larga distancia que levantaba los brazos al cielo rodeado de Maldini, Shevchenko, Seedorf o Pirlo.

La zancada como la de un corredor de cien metros victorioso que, al cruzar la meta, aún sigue corriendo, como si volara, para mostrar su figura imponente al público. Toda esa inspiración de llegador que no necesitaba llegar se la perdió el Madrid que trajo a un Kaká atascado y con la mirada infalible nublada.

La suerte que buscó yéndose cuando apareció Ancelotti para decirle que su época en Chamartín había terminado

Sorteador de grandes espacios y de pequeños, cañonero elegante y espectacular, se le acabó la juventud pletórica en el Bernabéu, la punta y la magia, quizá la suerte que buscó yéndose cuando apareció Ancelotti para decirle que su época en Chamartín había terminado. Trató de encontrarla de regreso en Milán porque quería ir al Mundial de su país para el que no fue convocado. Definitivamente la suerte, esa cualidad, se le había acabado.