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Federico Valverde, durante un partido de este temporada

Federico Valverde, durante un partido de este temporadaEuropa Press

La encrucijada de Valverde: desea ser el Gerrard que dijo Xabi pero el sistema le encorseta

Ojalá todos los problemas de la vida fueran como éste, que Federico Valverde quiere tener libertad para ir al ataque y disparar, vía libre para subir y bajar, y no sentirse atrapado en un esquema de juego que le requiere más para defender en el doble pivote, porque ya hay cuatro hombres por delante para marcar goles. Y decimos que ojalá todos los problemas sean como éste porque la disciplina del uruguayo es innegociable.

El 'Pajarito' que se convirtió en 'Halcón' ha sido siempre un gladiador para todos los entrenadores. Su entrega es indiscutible. No hay caso en la discusión del compromiso. No vayan por ahí porque se estrellan. Federico Santiago Valverde Papetti, 27 años, es el guerrero indomable. Ha sido importante para Zinedine Zidane, que después le quitó del once, para volver a hacerle titular de nuevo. El club le pidió explicaciones por esa suplencia. Ha sido imprescindible para Carlo Ancelotti, que le exigía marcar catorce goles por temporada. Y es elogiado por Xabi Alonso, que adujo que le veía como un Steven Gerrard, arriba y abajo, subiendo al ataque y disparando a puerta. Eso es lo que pretende Valverde. Que el tolosarra cumpla su palabra.

Ojalá todos los problemas fueran como éste, destacan en Valdebebas. Es un litigio puramente futbolístico, muy futbolero, bonito, porque permite relatar los avatares internos de este deporte. No es un tema polémico. No es un asunto disciplinario. No. Que no les confundan, porque siempre se quieren buscar problemas en el Real Madrid, porque es el club que 'vende'.

Es un tema que se produce habitualmente en los equipos y que se lo contamos con detalle al lector para que entienda lo que sucede en la trastienda de los cuerpos técnicos y sus pupilos. La clave es tan grande como sencilla: los futbolistas quieren su espacio para brillar y no todos pueden hacerlo porque deben trabajar para el equipo en labores muy eficaces y más oscuras, menos lúcidas. Ese es el expediente X del uruguayo.

Ha pasado con Rodrygo, que tuvo que jugar por la derecha durante seis años. Ha sucedido con Modric al principio, hasta que le dieron sitio como creador. Ocurrió con Tchouaméni, hasta que le otorgaron su lugar en el sistema. Y sucede con Valverde, que lleva ocho años salvando físicamente al equipo, corriendo por otros, corriendo por tres. 'Ahora quiere trabajar para él'.

Solicita la oportunidad de brillar

Ojalá todos los problemas fueran la supuesta 'indisciplina' de Valverde, porque entonces no existe, subrayan en la cocina blanca. Es simplemente mentira. No hay indisciplina. Todo lo contrario. Lo que sucede es que cuando surge un tema puramente futbolístico en el Real Madrid todo trasciende, se manipula por el antimadridismo mediático, que existe y es muy amplio. Vivimos en una guerra mediática diaria, el duelo Real Madrid - Barcelona se juega cada día en los medios. Es así de crudo, aunque el litigio sea inventado.

El quid de la cuestión es netamente balompédico y permite relatar cómo son los bastidores de los equipos, contar cosas que el aficionado no ve. Todo invoca a esta gran verdad: Fede lleva ocho temporadas cubriendo las espaldas de otras figuras y ahora pide su sitio para brillar porque él también tiene condiciones para lucir con su zancada veloz, con esa resistencia que destroza a los rivales y con un disparo letal. Todo se resume en este gran deseo.

Fede Valverde, en el derbi madrileño del pasado sábado

Fede Valverde, en el derbi madrileño del pasado sábadoEuropa Press

Carácter uruguayo, lucha sin desmayo hasta 'la muerte' deportiva. A Simeone siempre le gustó Valverde, por esa entrega sin fin. Recuerden aquella Supercopa de España en Arabia, hace cinco años, cuando Federico fue expulsado tras derribar a Morata, que se iba solo hacia Courtois. Valverde, a pesar de la tarjeta roja, fue elegido mejor jugador del partido, MVP. Simone le saludó cuando Fede abandonaba el campo, echado por el árbitro. Es un pelotero que le gustaría tener a Simeone en su plantilla. El Real Madrid ganó ese duelo en los penaltis.

Ahora, Valverde solicita espacio para él. Pide su hora. Pide la hora de Valverde. porque si Xabi dijo que le veía como 'un Gerrard', tirando del carro hacia adelante, tirando a gol, el número ocho quiere hechos, no palabras.

Kroos le dejó su dorsal porque el uruguayo se lo merecía. Valverde piensa que merece lucir ese dorsal desarrollando todas sus virtudes y no encorsetado en un sistema que le impide estallar en el campo. El uruguayo observa que hasta el capítulo nueve de la serie no ha tenido ese papel en la película que le prometieron. Que el argumento del filme no se cumple con él. Que no le conceden el rol que le habían contado cuando lo entregaron el guion.

El primero que se flagela es él

Ojalá todos los problemas fueran la presunta indisciplina del 'Halcón', porque entonces no hay asunto, resaltan otra vez en el vestuario. Valverde quiere desarrollar todo su potencial y ha hablado de ello con el entrenador. No existe ningún enfrentamiento entre ellos. Al contrario. Es el futbolista el primero que se flagela y que dice que está jugando mal. Lo ha expresado en dos ocasiones, pero el antimadridismo mediático no habla de esto, porque le rompe el relato crítico, solo les interesa criticar a Florentino Pérez y al entrenador, generar división en el Real Madrid. Si un jugador reconoce que no lo está haciendo bien, ese camino argumental no interesa en esta guerra mediática. Es así de real. Por eso Fran García dijo que si se fuera con alguien a una guerra sería con Valverde, porque su entrega es indiscutible.

El uruguayo habló abiertamente con el técnico y le dijo desde el primer día que no le gustaba ser lateral, pero que jugaría donde le digan, como siempre hizo. Lo hizo muy bien en el Mundial de Clubes y ahora se siente más atado en el doble pivote, sin poder explotar. Así de sencillo. Es un dilema netamente táctico, futbolístico, bello en la explicación. Valverde quiere volar más alto.

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