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Los jugadores del Real Madrid durante el entrenamiento del equipo de este martes celebrado en el estadio Alfredo Di Stéfano, en Valdebebas

Los jugadores del Real Madrid durante el entrenamiento del equipo de este martes celebrado en el estadio Alfredo Di Stéfano, en ValdebebasEFE

El Real Madrid llega a enero con todo por ganar, sin nada perdido y con el reto de cambiar las sensaciones

Es verdad, el Real Madrid es diferente. Marcha segundo en la Liga española a cuatro puntos del líder, está clasificado entre los ocho primeros clubes de la Champions y le caen palos como si estuviera inmerso en el descenso. Es el precio que paga por ser el Real Madrid y por ser el equipo a batir desde el año 1956, cuando Di Stéfano, Rial, Miguel Muñoz, Marquitos y un tal Paco Gento comenzaron a escribir la leyenda del club más grande del mundo.

La noticia, la grandeza, la realidad inaudita, es que tres cuartos de siglo después el Real Madrid continúa siendo el club más valioso del mundo y además en dos ámbitos, como empresa y como plantilla. Eso sí que es difícil. Mantenerse en lo más alto del planeta futbolístico al cabo de 75 años es algo asombroso. Sin embargo, por ser el número 1 del planeta y seguir siéndolo, al Real Madrid de hoy le caen todas las críticas habidas y por haber.

Recibe todos los golpes mediáticos del orbe balompédico sin haber perdido nada, pero como si lo hubiera perdido todo. Es el precio que paga por ser el número del mundo durante dos siglos. El precio que se paga por ser quien sois. El quid de la cuestión es que los entes internacionales de valoración consideran actualmente al Real Madrid el equipo que más vale del mundo, 1.380 millones es el precio de su plantilla, pero hasta hoy no lo ha demostrado.

Es cierto que estamos en el ecuador de la temporada y que el conjunto blanco tiene todo a tiro y no ha perdido ni un título. Pero desperdiciar cinco puntos de ventaja en la Liga nacional tras derrotar al Barcelona y encontrarse ahora a cuatro puntos de los azulgranas ha alimentado esas críticas. Toca revertirlas. El Betis y especialmente la Supercopa de España es el primer punto de inflexión para cambiar esa sensación externa.

Mbappé y Courtois no son suficientes

El elenco madridista está catalogado como el mejor del mundo, por encima del Arsenal, del City, del PSG, del Bayern, del Chelsea, del Liverpool y del Barcelona, y ahora tiene que demostrarlo. Pero el Real Madrid demuestra con hechos que los títulos los ganan los equipos y no solo las grandes individualidades. Cuenta con el mejor futbolista del mundo, con el número 1 indiscutible, Mbappé, que suma 29 goles en la temporada y 59 en el año natural que ahora finaliza. Y los resultados evidencian que ese liderazgo estelar no es suficiente para ganar y ser la mejor escuadra del mundo. Xabi Alonso también cuenta con el mejor guardameta del planeta, Courtois. Y tampoco es suficiente.

Incluso el plantel cuenta con el mejor mediocentro del planeta, Tchouaméni, que no tiene nada que envidiar a ningún otro pivote del fútbol actual, pero tampoco es suficiente. Y cuenta con Carreras, que se ha convertido en uno de los mejores laterales izquierdos del orbe. Y tampoco es suficiente. Los cuatro, Kylian, Thibaut, Aurelien y Álvaro, necesitan que el grupo en general rinda a un buen nivel para conseguir las metas.

La clave de todo es que el resto de futbolistas no han alcanzado el rendimiento necesario para que el Real Madrid aspire a lo máximo. No han estado al nivel de estos cuatro compañeros. Los trofeos los ganan los equipos, las individualidades no bastan en el balompié actual, cimentado en un predominio físico que equilibra e incluso vence a la calidad individual. El reto de Alonso es que el grupo alcance el nivel de los cuatro líderes del juego del conjunto.

Kylian Mbappé y Thibaut Courtois agradecen a la afición desplazada a Mendizorroza

Kylian Mbappé y Thibaut Courtois agradecen a la afición desplazada a MendizorrozaAFP

El análisis pausado de la dirección deportiva subraya que ha sido de nuevo la plaga de lesiones en la retaguardia la gran culpable de esa pérdida del liderato y de esos puntos desperdiciados en Vallecas, Elche, Gerona y ante el Celta en el Bernabéu. Nueve puntos dejados por el camino ante adversarios teóricamente inferiores que alimentan la pérdida del liderato español.

Es verdad que Alonso se quedó sin laterales derechos, Trent Alexander-Arnold y Carvajal. Suplió estas carencias con Valverde y con Asencio. Es verdad que el preparador perdió en diversos momentos a David Alaba, Huijsen, Rüdiger y definitivamente a Militao, quedándose sin centrales. Asencio y Carreras, un lateral, cumplieron esa misión en algunos encuentros. Es igualmente cierto que Mendy volvió a caer nada más reaparecer. Esos problemas defensivos se pagaron caros.

Dichas estas verdades, también es cierto que el centro del campo no ha funcionado como se esperaba y que la delantera tampoco ha rendido al nivel augurado y solo Mbappé ha salvado el papelón. El Real Madrid no ha demostrado hasta hoy ser el mejor plantel del mundo porque Valverde, Bellingham, Camavinga y Güler no han alcanzado un nivel notable de prestaciones. Los cuatro mediocampistas ofrecieron una inconstancia permanente en su fútbol, una irregularidad que provocó un centro del campo desajustado y sin un director de juego claro. Cuando Bellingham funcionó, Güler no lo hizo. Cuando el turco jugó bien, Valverde no estuvo brillante. Nunca coincidieron en las mejores versiones. Hay otro litigio táctico candente.

Bellingham y Güler desean jugar detrás de Kylian y se pisan la manguera. El británico, porque quiere recuperar su capacidad goleadora subiendo al área y el turco, porque es el mejor pasador para el francés. Xabi pretende que el inglés coja el timón y ha retrasado su posición. Jude ha realizado buenos partidos en el eje, pero la falta de acompañamiento cualitativo de sus colegas en la línea media ha quitado brillantez a su trabajo. Arda, a su vez, rinde mejor en casa y cuando el Real Madrid domina, pero paga su bisoñez a domicilio y a la hora de defender, que no es su fuerte. Se prepara físicamente para tener más músculo, más potencia y más fuerza de choque, pero lo suyo es la creatividad y al cabo de una hora de partido su nivel desciende. Solo tiene veinte años y está en el proceso de adquirir mayor resistencia.

El cuarto jinete habitual, Camavinga, ha ofrecido algunos buenos partidos, el mejor fue el clásico, y las lesiones volvieron a cortar su intento de continuidad. La que no ha tenido Ceballos, el único futbolista puro de la plantilla que puede ser un director de orquesta. Brahim y Mastantuono han sido principalmente mediocampistas por la banda derecha con tendencia ofensiva y no han formado parte de la quiniela de la creación de fútbol. Al cierre, Tchouaméni es quien ha sostenido a pulso el engranaje, a pesar de todo, desde su batiscafo como mediocentro. Ha sido el eje, el equilibrio para evitar los envites de los rivales.

La delantera echa en falta a Vinicius

En el ataque pasa algo parecido a lo que ocurre en el centro del campo. Mbappé ha sido el bastión, el talismán, el salvador, el artista, el conseguidor, la solución de las situaciones críticas, pero no podía resolverlas todas. El conjunto ha echado en falta la aportación decisiva de Vinicius, que ha roto a los rivales y ha roto partidos en varias ocasiones pero no con la constancia necesaria. Su demostración en Oviedo no tuvo repetición en Vallecas, Elche, Gerona, Liverpool ni ante el Celta en casa.

Mbappé necesita que el brasileño esté bien para generar más jugadas de gol. El Real Madrid necesita al mejor número siete porque sus incursiones explotarán todavía más la calidad del número diez. El equipo también ha echado de menos durante mucho tiempo a Rodrygo, que ahora «ha vuelto al fútbol». Ha sido una apuesta arriesgada de Alonso, que le ha mantenido en el once contra tirios y troyanos. El paulista ha recuperado la confianza. Ha marcado dos goles importantes, ha dado asistencias y se ha convertido en el mejor compañero de Mbappé arriba.

Gonzalo tendrá mayor protagonismo a partir de ahora, porque habrá fútbol sin parar cada tres días entre la Liga, la Supercopa de España y la Champions. Mastantuono debe subirse de nuevo a un tren que encauzó muy bien hasta que el pubis le dijo basta. Llega el primer punto de inflexión del curso, la Supercopa de España. El Real Madrid tiene que demostrar que es el equipo más valioso del mundo. Su irregularidad ha supuesto que se haya puesto al entrenador en la picota. En la diana. La plantilla debe cambiar estas sensaciones. Saben los jugadores que son los principales culpables. El reto es cambiar ese aura.

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