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Joan Laporta, en una imagen de archivoEuropa Press

'The New York Times' señala la ruina económica del Barça: «¿Podrá arreglar sus finanzas?»

El FC Barcelona lleva más de un siglo acostumbrado a ocupar portadas por sus gestas deportivas. El conjunto culé es uno de los más laureados de la historia y de los más importantes de todo el planeta. Sin embargo, en los últimos tiempos está viviendo una terrible situación financiera que ya conocen en prácticamente todos los rincones del mundo. The New York Times ha puesto el acento en la delicada situación económica del, al que describe como el equipo más endeudado de la historia del fútbol y se pregunta si en algún momento podrá arreglar sus finanzas.

Según el diario estadounidense, el pasivo total del Barça alcanza los 2.500 millones de euros, una cifra que eclipsa incluso a la de su eterno rival, el Real Madrid, cuya deuda sería aproximadamente la mitad. Buena parte de ese agujero financiero se debe a la remodelación del Spotify Camp Nou, un proyecto estratégico para el futuro del club, pero también una pesada losa a corto y medio plazo. El propio club insiste en que esta deuda debería analizarse por separado, aunque The New York Times subraya que el origen del problema va más allá: una mezcla de mala gestión y decisiones tomadas contrarreloj.

Quien lleva ya cinco años abordando esta compleja situación que cerca ha estado de arrasar el FC Barcelona es Joan Laporta, presidente del club y figura central del reportaje del citado periódico. El rotativo neoyorquino recuerda que fue el propio Laporta quien calificó al Barça como «técnicamente en quiebra» en 2022, cuando regresó a la presidencia tras la etapa anterior, en la que las pérdidas superaron los 500 millones de euros según las cuentas presentadas por su junta.

El Barça, como recuerda el periódico, no es un club al uso. No pertenece a un millonario ni a un fondo de inversión, sino a los 150.000 socios que eligen a su directiva en procesos similares a los políticos. Esa estructura limita las vías de financiación y convierte cada decisión en un tema espinoso. Laporta, «populista carismático» según define The New York Times, ha basado su proyecto en convencer constantemente al socio de que con sus decisiones ha salvado al club de la quiebra total.

Las excusas de Laporta

Esa estrategia se ha visto reflejada durante los cinco años de este mandato que será recordado sobre todo por las famosas palancas y los constantes problemas para inscribir jugadores. Y es que el Barcelona necesitaba su estadio, el Camp Nou, para salir a flote, pero estuvo 18 meses lejos de Les Corts, jugando en Montjuic e incluso teniendo que utilizar el Johan Cruyff en dos encuentros. Los constantes retrasos en las obras han sido otro agujero económico, aunque desde el pasado mes de noviembre, ya en el Camp Nou, confían en que empiece a subsanarse.

De los 2.500 millones de deuda, 1.500 millones corresponden a la financiación a largo plazo del estadio, gestionada por Goldman Sachs. Los pagos más importantes no llegarán hasta 2033, con un interés medio superior al 5 %, bastante más alto que el que obtuvo el Real Madrid para el Bernabéu. El resto del pasivo está ligado a la política deportiva: fichajes, salarios elevados y el empeño por no perder competitividad en la élite.

El Camp Nou, en el regreso del BarcelonaEuropa Press

Para sostenerse, Laporta recurrió a medidas extraordinarias. El club vendió el 25 % de sus derechos televisivos nacionales durante 25 años al fondo Sixth Street por 667 millones de euros. Según explica el Barça al The New York Times, «aunque se vendió un porcentaje de los derechos, el activo volverá al club una vez finalizado el contrato». Aun así, el periódico calcula que, si los ingresos se mantienen, el Barcelona acabará redirigiendo cerca de 1.000 millones a ese fondo. Sin estas ventas de activos, reconoce el propio club en sus cuentas, las pérdidas habrían rondado los 1.000 millones en cinco temporadas.

El reportaje también pone el foco en acuerdos de patrocinio polémicos, desde una fallida alianza con una startup de criptomonedas hasta contratos cuestionados por su origen o por cuestiones éticas. A ello se suman los problemas con auditores y sanciones de la UEFA por intentar esquivar el fair play financiero.

Pese a todo, The New York Times no entierra al Barça. Recuerda que sigue siendo una máquina de generar ingresos, con cerca de 1.000 millones de euros anuales, y que el nuevo estadio podría duplicar los ingresos por explotación hasta los 350 millones al año, una cifra que el club considera «conservadora».