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Xabi Alonso, head coach of Real Madrid, looks on during the Spanish League, LaLiga EA Sports, football match played between Real Madrid and Real Betis Balompie at Berabeu stadium on January 04, 2026, in Madrid, Spain.

Oscar J. Barroso / AFP7 / Europa Press
04/1/2026 ONLY FOR USE IN SPAIN

Xabi Alonso en un partido de liga contra el Betis

Cuando ser una leyenda de un club no te convierte en un entrenador exitoso

El fútbol ha visto ascender a numerosas figuras a nivel mundial a lo largo de los años debido a sus éxitos a nivel de clubes y con selección. Una vez que termina el ciclo del futbolista, muchos suelen continuar sus carreras en el mundo del fútbol y varios lo hacen como entrenadores, pero es conocido por todos que la labor de estratega es tan compleja que el éxito no siempre llega para todos.

En los clubes grandes, donde la exigencia es inmediata y la paciencia escasa, esta transición resulta todavía más delicada. La condición de ídolo abre la puerta, pero también eleva el listón desde el primer día. No se juzga al nuevo entrenador solo por lo que hace, sino por lo que fue. Y ese peso simbólico, lejos de ayudar, en ocasiones termina siendo una carga difícil de sostener.

Uno de los nombres que mejor ilustra este debate en la actualidad es Xabi Alonso. Como futbolista, fue sinónimo de inteligencia táctica, liderazgo silencioso y precisión. Brilló en algunos de los clubes más grandes de Europa como el Real Madrid y dejó una huella profunda en cada uno de ellos. Su salto a los banquillos despertó una enorme ilusión, especialmente por su capacidad para interpretar el juego y su prestigio dentro del vestuario. Tras iniciar su carrera como técnico en categorías inferiores y después consolidarse en un proyecto europeo de primer nivel, su llegada al Real Madrid el 1 de junio para el Mundial de Clubes fue recibida como el retorno de un hijo pródigo destinado a marcar una nueva era.

Sin embargo, una cosa es comprender el fútbol desde dentro del campo y otra muy distinta dirigir un vestuario repleto de estrellas, gestionar egos, administrar tiempos de crisis y soportar una presión mediática constante. En su experiencia al frente del Real Madrid, Xabi Alonso se ha encontrado con esa realidad: resultados irregulares, dificultades para imponer una idea reconocible en poco tiempo y una relación compleja entre la autoridad del entrenador y la condición de exleyenda del propio club. Su etapa ha terminado antes de lo esperado, siendo sustituido por Álvaro Arbeloa y recordando que el conocimiento del juego no siempre basta cuando entran en escena la gestión humana y la política interna de un vestuario de élite.

Xavi Hernández es también leyenda absoluta como jugador, también símbolo de un club y de una filosofía futbolística. Su llegada al banquillo del FC Barcelona en noviembre de 2021 fue recibida con expectativas similares a las de Alonso. En su caso, el proceso tuvo altibajos y aunque logró implantar una idea de juego reconocible y alcanzar objetivos importantes, lo que le permitió consolidarse durante un periodo significativo al frente del equipo, los estándares fueron cayendo cada vez más, hasta el punto que en su última temporada el equipo azulgrana no logró ganar nada. «Cuando quise darme cuenta, ya era demasiado tarde», dijo. Fue sustituido en mayo de 2024 por Hansi Flick.

En el Manchester United, también debemos destacar la historia de Solskjaer, que fue un jugador con una gran capacidad goleadora y que gracias a él, en 1999, su equipo se hizo con la Liga de Campeones. Las constantes lesiones le llevaron a retirarse en 2007. Fue un gran entrenador, pero, sin embargo, en 2021 fue destituido de su cargo tras perder contra el Watford por 4-1, dejando al equipo 8.º

Fuera de estos ejemplos concretos, la lista de grandes futbolistas que no lograron triunfar como entrenadores es extensa en la historia reciente. Jugadores que fueron referentes en sus posiciones, líderes naturales en el campo y modelos de profesionalidad, han descubierto que dirigir desde la banda exige una naturaleza distinta. Allí no se resuelve con un pase magistral o una lectura brillante de una jugada; se resuelve convenciendo, planificando, corrigiendo y, sobre todo, sosteniendo un proyecto bajo presión constante.

La razón de estos fracasos parciales o totales suele repetirse. El gran jugador está acostumbrado a influir directamente en el partido. El entrenador, en cambio, influye de forma indirecta. Debe confiar, delegar y aceptar que su impacto se mide en procesos más que en acciones puntuales. Para muchos exfutbolistas de élite, esa pérdida de control resulta difícil de asumir. Además, la gestión de grupos humanos diversos, con intereses individuales y colectivos, es un desafío que nada tiene que ver con la lectura táctica del juego.

También influye la expectativa externa. Cuando una leyenda llega al banquillo de su club, la afición espera una transformación inmediata. No hay tiempo para aprendizaje. Cada empate se interpreta como una traición al legado, cada derrota como un error imperdonable. Esa presión constante puede terminar erosionando incluso a los técnicos más preparados. Al final, la historia reciente confirma una lección clara: ser una leyenda es un privilegio, pero no un salvoconducto hacia el éxito como entrenador. Xabi Alonso, Xavi Hernández y otros tantos casos muestran que el fútbol no concede créditos eternos por el pasado. En los banquillos, como en el césped, solo cuenta el presente.

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