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Los jugadores del Real Madrid en el entrenamiento previo al partido ante el Mónaco en el Bernabéu

Los jugadores del Real Madrid en el entrenamiento previo al partido ante el Mónaco en el BernabéuEuropa Press

Pintus observa ya una mejoría física para ir «todos unidos a por los objetivos»

El Real Madrid vuelve a ser el Real Madrid, el equipo que cree en su capacidad para conseguir cosas imposibles. Este sentimiento histórico lo ha recuperado un hombre que representa fielmente la idiosincrasia de este club, Álvaro Arbeloa. Su inyección de moral y de adrenalina a la plantilla se nota en el aura de Valdebebas. No son palabras manidas, el salmantino representa de verdad esos valores de sacrificio hasta el final que definen a la entidad. Porque Arbeloa los ha tenido como futbolista, los ha labrado durante un cuarto de siglo, primero vestido de corto y después entrenando desde hace cinco años en el club, desde abajo hasta arriba.

Ahora llega la Champions y el nuevo entrenador se siente en la salsa de su club, se siente feliz porque entramos en la dimensión que más ama esta casa, la que aman Florentino y José Ángel Sánchez y también Vinicius, Valverde, Bellingham y Mbappé. El club, el técnico y la plantilla se transforman cuando llega la competición que adoran y que les da su razón de ser. Y el nuevo jefe del banquillo jalea a sus hombres con este reto innegociable: «Tenemos que quedar entre los ocho primeros».

Hay dos razones de peso. La primera es evitar otra dura eliminatoria clasificatoria como la vivida la temporada pasada ante el Manchester City para alcanzar los octavos de final. La segunda es fundamental para luchar por los dos títulos: quedar entre los ocho primeros significará tener seis semanas limpias y enteras para preparar los partidos de Liga.

El Barcelona y el Atlético tendrán que dirimir la Copa del Rey y ahora mismo los azulgranas deberían jugar también esa fuerte ronda de clasificación para seguir en la Copa de Europa. Arbeloa, como observamos, tiene las cosas muy claras y mira a largo plazo. Defiende la entrega total como virtud imprescindible para triunfar en el Real Madrid porque él triunfó así. Arbeloa no nació, se hizo futbolista. Ascendió todos los escalones en la cantera madridista. No era un futbolista de calidad, pero trabajó sin descanso y con un esfuerzo absoluto en los entrenamientos y una disciplina espartana llegó a lo más alto. Eso es lo que exige ahora a los jugadores.

Arbeloa ve la botella medio llena

El nuevo responsable futbolístico del Real Madrid transmite seguridad, visión positiva y se nota en el grupo. Ya se palpa. El ambiente interno del vestuario del Real Madrid ha cambiado ostensiblemente. Es positivo. La tensión que rodeaba la continuidad de Xabi Alonso desde hace meses no dejaba traslucir una sensación buena en el plantel porque había demasiadas situaciones límite y esa brega constante al borde de la caída de Xabi se traducía también en el equipo, que atacaba cada partido como una final. Ahora, con Arbeloa al frente, los futbolistas asumen que ya no hay justificaciones externas a su propio rendimiento.

Juegan sin red y ya no vale ampararse en si el preparador lo hace bien o mal. Dicho esto, es cierto que la plantilla no estaba físicamente bien y Antonio Pintus está mejorando paulatinamente ese estado. Ya ha observado una evolución. Paralelamente a esta evolución, imprescindible para ensamblar la progresión del equipo, la irrupción de Arbeloa ha supuesto para sus pupilos un plus de confianza en sus posibilidades, apoyados por un entrenador que les mima y les cuida para que den lo máximo. Arbeloa y Pintus ven siempre la botella medio llena. Y la están llenando cada vez más.

Álvaro, hecho en La Fábrica, ganó dos Champions en el conjunto blanco. Ahora quiere que sus hombres ganen otra vez la Copa de Europa. «No nos da», piensan en la casa. Álvaro pretende cambiar esas sensaciones

MADRID, 17/01/2026.- El entrenador del Real Madrid Álvaro Arbeloa durante el partido de LaLiga EA Sports disputado contra el Levante UD este sábado en el estadio Santiago Bernabéu de Madrid. EFE/ Javier Lizón

El entrenador del Real Madrid, Álvaro Arbeloa, en el Santiago BernabéuEFE

Esto que les vamos a relatar no se cuenta de puertas para fuera pero se vive de la cocina para dentro. Los mensajes positivos de Arbeloa y de otros hombres del club son claros. El público ha silbado al equipo como nadie y desde fuera se habla de una crisis total del Real Madrid. «Pero ese equipo que dicen que está en en crisis se encuentra a un punto del liderato de la Liga y entre los ocho elegidos de la Copa de Europa». Son frases que se escuchan en el vestuario de Valdebebas, en 'la caseta', que decían los periodistas veteranos que nos precedieron.

Esas palabras optimistas se enjuagan donde se lavan los trapos sucios. Y ya no quedan trapos sucios, todos están lavados, blancos. Álvaro y Pintus siguen llenando botellas medio llenas. El nuevo míster del Real Madrid tiene muchos enemigos porque fue un guerrero de Mourinho y defiende muchos de los postulados del entrenador portugués, unas premisas del luso que por cierto coinciden con muchas de las máximas incondicionales de la idiosincrasia madridista: lucha sin fin, pelear por lo imposible, nunca bajar los brazos, creer en uno mismo, confiar en las propias posibilidades y no ceder ni un ápice.

Un cambio radical

El salmantino es inteligente y ha aprendido de todos los técnicos que le entrenaron para saber aplicar lo mejor de cada uno al frente de su plantilla. Y se ha fijado en muchos preparadores, empezando por Ancelotti y Zidane, para saber dirigir un equipo de este nivel. Su forma de gestionar a las grandes figuras del Real Madrid es un ejemplo de sabiduría. Su política de actuación es totalmente contraria a la realizada por Xabi Alonso.

Arbeloa se preocupa especialmente por los líderes del equipo y eso no lo hacía el guipuzcoano, que nunca se llevó bien con Vinicius. Su sucesor, su amigo, es distinto. Se ha encargado específicamente de Vinicius y de Bellingham porque son dos baluartes silbados por el público hasta el exceso. El salmantino subraya que estará siempre de sus futbolistas.

Ahora se ha centrado en Vinicius y en Bellingham porque son dos hombres fundamentales para ganar y la bronca monumental que soportaron «no fue justa», según opina el plantel. «La crisis es estar a un punto de la Liga y entre los ocho mejores de Europa», recalcan en Valdebebas. El entrenador se ha dedicado sobre todo a Vinicius porque es el futbolista que más ha sufrido en esta bronca externa

Ahora el objetivo es cambiar las sensaciones de la afición y volver a la normalidad. «Todos unidos a perseguir los objetivos». Mucho han cambiado las cosas en el Real Madrid. Este tipo sabe lo que hace. Guiña el ojo a las cámaras cuando pasa por delante de las quince Copas de Europa y explica en todo momento las virtudes del madridismo, para transmitirlas al mando del equipo y al aficionado.

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