Álvaro Arbeloa y Vinicius Jr. en el Espanyol - Real Madrid
Un chivato, el fracaso de los capitanes y el poco peso de Arbeloa: las razones del «vestuario roto» del Madrid
Los enfrentamientos de Ceballos, Carvajal y Asencio con el técnico y las trifulcas de esta semana definen un final de etapa para muchos profesionales
Una pelea entre Valverde y Tchouaméni termina con el uruguayo en el hospital por un golpe involuntario
Florentino Pérez y José Ángel Sánchez han tenido que tomar cartas en el asunto para controlar un vestuario, el del Real Madrid, que no presenta un líder que tenga aura en el grupo y que imponga el criterio de la experiencia. Hay que hablar claro: el controvertido Sergio Ramos manejaba a todo el equipo manu militari y no había grandes problemas en la cocina de Valdebebas. Florentino Pérez tenía entonces un solo interlocutor, el sevillano, que cogía muy bien las riendas.
Hoy, el modus vivendi de la plantilla es todo lo contrario. Muchos futbolistas no respetaron a Xabi Alonso y no han respetado después a Álvaro Arbeloa. Este es el factor clave de todo lo que ha sucedido después. El jugador es egoísta y si no respeta al entrenador se lo come. Si el técnico cede un poco, se lo meriendan. Es lo que ha ocurrido. Y no hubo un capitán que pusiera firmes a todos, porque la segunda clave de esta crisis general es que Dani Carvajal no juega, se marcha en junio y no apoya al jefe. Con estos puntos de partida, si no se gana el descontrol es el resultado final. Es lo que estamos viendo.
Hay que mirar más allá del primer árbol y ver todo el bosque. La falta de buenos resultados ha supuesto que el ambiente se agrave y que la plantilla escuche que habrá una limpia. La preocupación se palpa y el estrés explota. Alaba, Carvajal y Ceballos se marchan. Camavinga está en el mercado. Gonzalo y Mastantuono se irán cedidos o traspasados con derecho de recompra. Llegan Nico Paz, Endrick y en la cocina se lee que vendrán dos centrales, un lateral derecho y un mediocentro.
Es la consecuencia de dos temporadas sin grandes títulos. Hay nervios. Y el plantel de 25 unidades se ha partido en varios grupúsculos con diversos intereses. Cada grupo va por su lado. Se unen en el césped y lo harán en el clásico con una entrega indudable, pero el equipo no es una piña fuera del campo. Y se nota.
Arbeloa perdió el control
Arbeloa quiso imponer su criterio y hacerse respetar. Los resultados le impidieron conseguir esa autoridad absoluta. Raúl Asencio se enfadó con el entrenador por no ser titular ante el Manchester City después de jugar con una dolencia cervical y una fisura en la pierna durante varios partidos de Liga. El salmantino le castigó con muchos partidos sin competir. El central habló con su inmediato superior y todo se acabó. Ceballos y Carvajal, sin embargo, han mantenido un distanciamiento evidente con Arbeloa.
El andaluz no se habla con él y no jugará más. Son hechos que denotan que el responsable del equipo no tiene crédito ante diversos futbolistas. Esa falta de respeto no la sufrían Zidane o Ancelotti. El problema es que Arbeloa está empezando como entrenador al máximo nivel y no le han dado su sitio. La consecuencia es que la plantilla ha sido una anarquía porque no ha tenido un referente al mando vestido de corto.
Álvaro Arbeloa aplaude a sus jugadores durante el partido frente al Alavés
El equipo se ha fraccionado porque los capitanes no han ejercido como tales y no lo eran. Y los líderes naturales han perdido su crédito. El primer problema ha sido que Dani Carvajal era el capitán y no podía reunificar al grupo, porque él era el primer antagonista del entrenador. Quiere ir al Mundial y al no jugar tiene difícil ese propósito. Su enfrentamiento con el técnico le descartaba como interlocutor. El siguiente capitán, Valverde, no es un líder natural y se ha metido en unas trifulcas con Tchouaméni, con entradas muy duras en los entrenamientos, que desvelan una pérdida de control que le impide gestionar un grupo.
Su brecha es producto de una caída en el vestuario, no de un golpe, pero la pelea verbal ha sido muy desagradable. Para colmo, hay un líder genético, Antonio Rüdiger, que también ha perdido el control con Álvaro Carreras. En esta tesitura, con cuitas personales y malos resultados, nadie tenía voz y mando en el plantel. Vinicius es apoyado por muchos, cuidado por muchos, pero no es un jefe. Su contrato, sin renovar, también le hace mirar por intereses particulares antes que grupales. Mbappé, desgraciadamente, tampoco es un líder. El balance de esta nave sin timonel es que nadie miraba por el Real Madrid.
Un chivato en el vestuario
Hay un capítulo paralelo de esta crisis que hay que resaltar porque es muy importante: hay un chivato en la cocina blanca, quizá dos, que está contando todos estos detalles que suceden en todos los equipos y que ahora se publican a diario. Recuerda esta situación a la vivida con Mourinho cuando había un chivato dentro de la plantilla. La historia se repite. Sin quitar relevancia a lo que sucede, estas cosas pasan en muchos vestuarios y han sucedido en otras épocas en el Real Madrid, en el Barcelona, en el Atlético y en todos los sitios. Han ocurrido cuando también se ganaba y las victorias tapaban estas cosas.
Ahora los resultados son malos, hay jugadores que se van, habrá muchos cambios y hay que hablar muy claro: alguien está soltando lastre. Alguien está filtrando cosas en este final de temporada. Contando incluso peleas antiguas, como la de Rüdiger y Carreras, que se produjo en febrero. El chivato está haciendo mucho daño al Real Madrid. Se investiga. Ahora que Mourinho suena surge otro garganta profunda.
Todo se ha ido de las manos. Florentino Pérez y José Ángel Sánchez han tenido que intervenir directamente para coger las riendas de un vestuario roto. El club piensa que parece mentira que unos profesionales que han ganado Copas de Europa –y que llevan muchos años en la primera línea del fútbol profesional– se comporten de esta manera y no haya nadie que sepa dirigir un grupo y poner sentido común. La entidad impondrá la disciplina interna a Tchouaméni y Valverde, pero también tiene que tomar cartas en el asunto con el chivato o los chivatos. Todo se ha descontrolado de una manera vergonzosa. La institución está alucinada.