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Michael Olise, durante el partido frente a SenegalGetty Images via AFP

Olise y su agente deben decirle al Bayern que quieren irse y el Madrid sabe que tendrá que pagar 225 millones

la operación Olise comenzó hace dos meses y ahora vive su punto culminante. Las elecciones presidenciales del Real Madrid consolidaron el interés de Florentino Pérez por un futbolista que estratégicamente puede ser una estrella que marque una era. Estos son los jugadores que busca el club blanco. Figuras que marcan la diferencia, como sucedió con Di Stéfano y Puskas al lado de Gento. Ahora el triunvirato lo pueden formar Mbappé, Vinicius y el delantero de las cuatro nacionalidades: francés por elección deportiva, inglés de nacimiento, argelino por su madre y nigeriano por su padre. El 'plan Olise' entra en su tercera fase y tiene dos variantes fundamentales: hablar cara a cara con el presidente del Bayern, Herbert Hainer, y ofrecer un dinero que argumente empresarialmente el traspaso.

Florentino Pérez acudía de niño con su padre al Bernabéu y conoce muy bien la idiosincrasia del club. Escuchó la frase de Santiago Bernabéu. «En el Real Madrid deben jugar los mejores del mundo». Se la aprendió bien. Ha sido su lema durante todo este siglo al mando de la institución. La casa blanca realiza habitualmente muchas encuestas con el fin de valorar lo que gusta y no al aficionado. Pérez fichó a jugadores importantes porque el socio lo pedía mayoritariamente. Zidane, Ronaldo Nazario, Beckham y otros muchos referentes de su segunda etapa fueron contratados con el «sí» popular.

Ahora no necesita ni preguntar, porque todo el madridismo se ha ido a un metafórico registro civil a cambiarse de nombre y ponerse este: Olise. No se habla de otra cosa, desde artistas a bomberos, desde ejecutivos a trabajadores de mono azul. No hay pelea en la tertulia diaria de cada bar: Olise es un magma total. Nadie rechaza este fichaje. Sueñan con él. Y Florentino se ha puesto manos a la obra, porque quiere satisfacer los sentimientos de los 700 millones de seguidores madridistas reconocidos en todo el mundo. «Y hay otros 400 millones de madridistas que lo son y todavía no lo han dicho, pero van enseñando sus colores», advierte un profesional del cuartel general de Valdebebas.

Ahora les contamos el plan Olise, pero primero les relatamos el contexto de la necesidad mental, biológica y ambiental de Florentino Pérez y de la marca Real Madrid para adquirir al jugador que todo el orbe madridista clama y reclama. A cada sitio donde va, Pérez tiene que escuchar que a ver si ficha a Olise. No le hablan del Mundial ni de la falta de madridistas en la selección española (Cucurella rompe el molde), sino de lo bueno que es Olise y que su conexión con Mbappé hay que patentarla en el Bernabéu. Los aficionados no conocen siquiera su nombre, Michael, solo saben que el «Olise ese es una máquina».

Es un «jugador puro Real Madrid»

La visión estratégica y deportiva de la casa blanca está definida: «Olise es un jugador puro Real Madrid», señalan en la entidad. Tiene el aura y la calidad que casa con la idiosincrasia del madridismo. Es distinto, capaz de sentenciar un partido y una final. Esos son los futbolistas hechos para el Real Madrid. Pues hay que ir a por él. La cúpula del club se ha marcado el reto de un imposible para intentar hacerlo posible. Está en plena forma.

Hay que explicar cómo funciona el mundo del fútbol profesional para que entiendan lo que está sucediendo en la actualidad. Oficialmente, un presidente o una entidad no pueden dirigirse directamente a un futbolista que pertenece a otro club para decirle que quiere ficharle. Lo han leído aquí mil veces. Pero tiene que haber contactos entre los jugadores y los agentes de un lado y de otro, entre los ejecutivos de los clubes y los representantes, porque de lo contrario nunca habría un fichaje en la vida. Son quienes dialogan con el agente del futbolista e incluso con la propia estrella cara a cara para que sepa que la oferta de entidad a la que representan va muy en serio.

Michael Olise, en una imagen de archivoAFP

El Real Madrid ha dialogado en diversas ocasiones con Rebecca James, presidenta y fundadora de Limitless Sports Consultancy y agente de la estrella, para exponerle el deseo del equipo español de fichar a Michael Olise. Han analizado la estrategia, las opciones y los puntos clave para convencer al Bayern de la venta. Superadas las elecciones y reelegido Florentino Pérez, el cuartel general de Valdebebas ha vuelto a la carga. Y la brillantez del delantero francés en su fútbol de entendimiento perfecto con Mbappé no ha hecho más que calentar la intención de la institución y la ilusión del madridismo ancestral.

«Tito Floren, fíchalo», escucha el dirigente cada vez que pisa la calle en cualquier entorno social. Ayer, hoy y mañana. En ello está, sobrinos. La táctica, meditada, es muy clara a estas alturas de la operación. El Bayern conoce las intenciones del Real Madrid y no hay nada que esconder. El paso adelante es rotundo, contundente y hay que ejecutarlo con seguridad y sin dudar: son Michael Olise y Rebecca James quienes deben hablar con el presidente del Bayern, Herbert Hainer, y decirle claramente que el jugador se quiere ir al Real Madrid. Es esta presión, legal, el capítulo fundamental para que los bávaros admitan el traspaso y escuchar entonces una propuesta económica irrechazable que justifique empresarialmente ante sus propietarios y ante sus aficionados que lo lógico y cartesiano es vender.

El segundo paso lo debe dar directamente el Real Madrid y está dispuesto. Hay que realizar una oferta que supere los 200 millones. La cifra de 225 millones, estos últimos 25 en bonus de fácil cumplimiento, superarían la marca mundial de 222 millones que el PSG pagó al Barcelona por la cláusula de Neymar y justificarían ante Hainer y los propietarios del Bayern la bondad de la operación. Estructuralmente la proposición sería irrechazable. La entidad bávara tiene un presupuesto de 860 millones y la última temporada ingresó 960. Recibir 225 millones supone la cuarta parte de sus cuentas. Vinicius, Olise y Mbappé. VOM. El sueño de 700 millones de personas.