Joan Laporta y Aleksander Ceferin, en una imagen de archivo
La UEFA analiza el caso Negreira y ve decisiva la confesión del Barcelona de evitar arbitrajes en contra
El segundo dato importante es que Negreira se reunía «seis veces al año» con los presidentes barcelonistas Sandro Rosell y Josep María Bartomeu
El Real Madrid, convencido de que la UEFA sancionará al Barcelona por el caso Negreira
La realidad supera la ficción. Parece increíble que todos los hechos generados por el FC Barcelona y Enríquez Negreira hayan sucedido, pero lo malo para el fútbol y para el deporte es que son verdad. Un profesional de la UEFA expresa de manera coloquial la magnitud de los hechos. Están implicados políticos como Albert Soler Leal, que ha sido ejecutivo del Barcelona. Están inmersos en la trama presidentes del Barcelona como Sandro Rosell y Josep María Bartomeu. Otro presidente azulgrana, Joan Laporta, cuadruplicó el sueldo a un dirigente arbitral, Enríquez Negreira, que ha cobrado dinero de ese club con todos esos presidentes.
Está implicado el expresidente de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), Ángel María Villar. En este panorama, otro club, el Real Madrid, denuncia todos estos hechos y publica en su televisión todos los arbitrajes que ha sufrido a lo largo de este siglo. La respuesta son las amenazas de los colegiados al Real Madrid por verse señalados en esa televisión. La 'enciclopedia', que no informe, de arbitrajes sufridos por el Real Madrid a lo largo de este siglo fue recopilada por el equipo blanco en un trabajo mayúsculo enviado a la UEFA.
Ese minucioso trabajo añade como preludio toda la información del caso y las declaraciones de unos protagonistas que han intentado no serlo al ser descubiertos, pero que no han tenido más remedio que hablar ante la Justicia frente a la evidencia de sus hechos. El litigio judicial de los pagos del Barcelona a Enríquez Negreira va por una vía y la UEFA tiene la potestad de abrir el camino puramente deportivo para sancionar unos sucesos que Aleksander Ceferin definió como «lo más grave que he visto nunca».
El Real Madrid pide al presidente de la UEFA que pase de las declaraciones a la acción. Que tome cartas en el asunto. Fuentes de la UEFA señalan tres puntos clave en este caso. Dejamos para el final un cuarto capítulo que lo define todo. El primer punto fundamental es el reconocimiento de los hechos por parte de José María Enríquez Negreira ante la Justicia española.
Los pagos del Barcelona
El máximo organismo del fútbol europeo analiza con detalle el informe enviado por Real Madrid y estudia la docena de partidos clave de cada temporada en los que el conjunto blanco manifiesta que fue perjudicado y que le costaron títulos. «Cinco Ligas como mínimo». El organismo continental del fútbol compatibiliza esta denuncia puramente futbolística, apoyada en vídeos de docenas y docenas de jugadas que se arbitraron en contra del Real Madrid, con los sucesos fundamentales del caso, protagonizados por políticos y dirigentes de todos los ámbitos del fútbol español.
Hay un capítulo esencial. El reconocimiento de los hechos por parte de Enríquez Negreira y unas manifestaciones que marcan todo el proceso: «El Barcelona me pagaba para que no hubiera arbitrajes en contra. Me pagaba para que hubiera arbitrajes neutrales». Son palabras de un vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros español. Cobró 8,4 millones de euros del Barcelona entre 2004 y 2018. Y Laporta, que cuadruplicó el sueldo a Negreira en su primera etapa presidencial, manifestó que esos pagos fueron una cosa heredada por él, que venían desde la época del fallecido José Luis Núñez.
José María Enríquez Negreira y su mujer, en los juzgados de Barcelona
El segundo capítulo fundamental que la UEFA observa es que Enríquez Negreira admite que se reunía habitualmente con los presidentes del Barcelona. «Unas seis veces al año». El dato consecuente que surge en este reconocimiento del vicepresidente arbitral es: ¿para qué se reunía? Porque el relato posterior de Joan Laporta, quien al principio lo negaba todo, es que Negreira solo hacía informes técnicos arbitrales de cómo actuaba cada colegiado.
Laporta negó inicialmente que existieran ni los pagos ni el caso. Posteriormente, dijo que José María Enríquez Negreira realizaba informes arbitrales. La UEFA se pregunta: ¿qué hacía un vicepresidente arbitral reuniéndose seis veces al año con los presidentes del Barcelona si solo hacía informes arbitrales de cómo actúa un colegiado en el césped? La reflexión es que para eso no hace falta reunirse con el máximo dirigente del club.
Negreira solo cobraba del Barça
La declaración judicial de Enríquez Negreira fue la base de todo el proceso, porque todo estaba reconocido. Fuentes de la UEFA observan que el tercer aspecto esencial que destaca en el Barçagate es que el vicepresidente de los árbitros españoles desvela que no cobraba emolumentos de la RFEF y que solo percibía ingresos del Barcelona. Este dato es un agravante en el caso. Un dirigente arbitral solo recibía ingresos del mundo del fútbol por parte de un club. La alarma es primaria, evidente. Y se reunía habitualmente con los presidentes del Barcelona.
La UEFA está informada de todos los prolegómenos del caso y de todas las negativas y posteriores reconocimientos, una serie de negaciones, medias verdades y admisiones posteriores que desvelan la gravedad del proceso. Es un hecho demostrado que el Barcelona se enfrentó a Hacienda y se negó tres veces a reconocer que había pagado a las empresas de Enríquez Negreira. Al final tuvo que admitir los pagos porque el fisco los tenía controlados. La investigación judicial solicitó entonces al Barcelona que detallara los pagos a Enríquez Negreira y para qué los hacía.
Tardó varios meses en justificar que se le pagaba para realizar informes técnicos y que había vídeos añadidos en esos supuestos informes. Se solicitaron esos informes y esos vídeos. El Barcelona dijo que no los encontraba. Al cabo de cinco meses, el Barcelona adujo que los había encontrado en un sitio escondido en una sala del club y que los podía presentar. Son todos ellos datos que generan un relato de absoluta sospecha.
La UEFA está enterada de todo y, junto al informe puramente futbolístico presentado por el Real Madrid, tiene todas las secuencias de los hechos judiciales producidos a lo largo de estos años. Y sabe que Albert Soler Leal, ejecutivo del Barcelona y político del Partido Socialista de Cataluña, se despidió de la entidad azulgrana para regresar al Consejo Superior de Deportes y cambiar la Ley del Deporte, de manera que los delitos graves prescribieran a los tres años y no a los diez como estaba legislado anteriormente. Todo ese cambio solo tenía un argumento: salvar al Barcelona de una posible sanción grave, que incluía el descenso a Segunda. Cuando el presunto delito prescribió a los tres años, el caso se hizo público, porque no se podía tapar ni esconder más tiempo.