Pep Guardiola, en una imagen de archivo
El 'no' de Guardiola frustra el sueño de la selección italiana en busca de su resurrección
El catalán se ha mostrado reticente desde un principio debido a su intención de mantenerse alejado de los banquillos por ahora y disfrutar de su familia tras su exigente paso por el City
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Pep Guardiola no será, finalmente, el elegido. Tras varias carambolas, indecisión y mucha, mucha ilusión en el país, el técnico no tendrá las llaves para volver a situar a la selección italiana, tetracampeona mundial, al lugar donde históricamente le corresponde tras unos años muy difíciles. Y el lamento de los aficionados no ha tardado en llegar.
Era una tarea muy complicada, y detrás de toda la operación hay una persona que ha hecho todo lo posible por traerlo: Paolo Maldini. El director técnico de la Federación Italiana de Fútbol (FIGC), que asumió el cargo el 11 de julio junto a su asesor, Leonardo, ha viajado hasta Barcelona para hablar con él y hacerle saber que es la persona ideal para reconstruir el 'calcio' desde la base.
Guardiola se ha mostrado reticente desde un principio debido a su intención de mantenerse alejado de los banquillos por ahora y disfrutar de su familia, pero se ha tomado su tiempo para meditar. Ha rechazado finalmente una oferta que suponía uno de los retos más grandes–y esperados–del fútbol: devolver a Italia a lo más alto.
Maldini y Leonardo expusieron al entrenador un proyecto que iba más allá de la selección y que contemplaba una remodelación de la filosofía futbolística de todas las categorías inferiores. Su apuesta por ello había sido total, e incluso el presidente, Giovanni Malagò, reconoció que desde la federación estaban dispuestos a realizar una excepción económica para satisfacer las exigencias salariales del técnico catalán.
Los rectores del calcio veían en Guardiola y en su forma de entender el fútbol, muy ligada a la escuela española que tanto llamó la atención en Italia, la persona ideal. Hasta los últimos días, Guardiola mantuvo las dudas. Tras poner fin a una década al frente del Manchester City, el entrenador había reiterado en varias ocasiones su deseo de tomarse un descanso y dedicar más tiempo a su familia.
La federación, sin embargo, nunca perdió la esperanza y consideró que el menor ritmo competitivo de una selección respecto al fútbol de clubes podía ser un factor decisivo para convencer a Pep, mientras mantenían preparadas alternativas como Andrea Pirlo o el regreso de Roberto Mancini.
La posible llegada de Guardiola había generado una gran expectación en Italia, donde muchos aficionados lo veían como una oportunidad para recuperar la conexión con la Azzurra y devolver la ilusión a un país golpeado por los últimos fracasos.
Aunque algunos sectores reclamaban un técnico italiano, el rechazo de Guardiola ha provocado decepción entre unos seguidores que habían convertido su llegada en un motivo de esperanza.
Una apuesta más allá del corto plazo
La de Guardiola era una apuesta que trascendía al corto plazo y que le quería poner como piedra angular, con plena libertad para trabajar a su manera y el respaldo de una cúpula directiva que, al menos en apariencia, parecía decidida a cambiar las cosas de una vez por todas.
Todo un país se había ilusionado con Maldini. Toda una nación soñó después con Guardiola. Y toda la patria ha recibido con tristeza el 'no' del técnico catalán.
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La federación considera que la revolución es imprescindible después de varios años marcados por los malos resultados y la pérdida de competitividad internacional. Italia, cuatro veces campeona del mundo, atraviesa uno de los periodos más delicados de su historia reciente y busca recuperar el prestigio que durante décadas convirtió a la 'Azzurra' en una de las grandes potencias.
El excapitán del Milan y de la selección italiana asumió el cargo con el objetivo de liderar una refundación deportiva. Ha escuchado a los aficionados, que le guardan mucho respeto. Ahora, la Federación deberá buscar una nueva figura que tome las riendas del banquillo. Entre los candidatos aparecen, entre otros, Pirlo y Mancini, sangre nueva frente a lo bueno conocido.