José Mourinho da indicaciones durante el partido frente al Deportivo del Teresa Herrera
Mourinho quiere más velocidad para plasmar su idea de juego y espera con ganas a Mbappé, Diomande y Cucurella
Su reto es que todos, empezando por Vinicius, lleguen a Cornellá con una velocidad de crucero válida para plasmar el alto ritmo que define su idea de juego
Mourinho cree que el potencial de desarrollo de Diomande es infinito
José Mourinho realiza un análisis profundo del 'estado de la nación blanca' a falta de una semana para el estreno del Real Madrid en la Liga y su búsqueda de un rendimiento de nivel máximo encuentra un dilema y dos asignaturas pendientes. El dilema es bonito: un portugués o un turco para dirigir su nación blanca. Bernardo o Güler. Los dos merecen coger la batuta y veremos a lo largo de la temporada que serán los timoneles del equipo.
Se relevarán en esa misión, porque el luso no podrá jugarlo todo y Mourinho no deberá quemarle físicamente. La juventud y el ímpetu de Arda tendrán protagonismo en el Real Madrid de Mou. Las dos asignaturas pendientes para septiembre hay que comprobarlas el 22 de agosto en el RCDE Stadium: la velocidad de juego y la seguridad en el eje de la defensa.
La rapidez en la circulación de balón y la contundencia en el centro son las dos preocupaciones del entrenador para jugar como él pretende. El jefe de la plantilla quiere empezar con victorias desde la primera jornada, no repetir aquellos empates que él mismo sufrió hace tres lustros, y exige a sus hombres que consigan rendir a la velocidad que desea para romper los muros que el conjunto blanco se encontrará habitualmente en el campeonato español. El técnico conoce el paño. Hay que ser muy rápidos de movimientos y muy rápidos en los pases para abrir esas murallas de la Liga. Por eso espera con ganas a Mbappé, Diomande y Cucurella. Y a Vinicius, aún falto de forma.
La velocidad es una solución física. Solo requiere tiempo de entrenamiento. La falta de eficacia en el epicentro de la zaga ya es otro cantar. Hablemos claro. Estamos en agosto, los futbolistas asimilan la forma paulatinamente y ya no se pueden hacer valoraciones categóricas pero el centro de la defensa es lo que menos le ha gustado al jefe del cotarro. Rüdiger está lento todavía y Huijsen no aporta rotundidad. El responsable del equipo ansía que Konaté adquiera pronto una puesta a punto aceptable para introducirle en la línea más débil, pues no hay más recambio que el francés ante las lesiones de Asencio y Militao. Por eso pide fichar un especialista consagrado para esa demarcación. Pero antes de entrar deben salir. Y nadie se va.
Los quiere concentrados desde el inicio
Más sabe el diablo por viejo que por diablo y Mourinho esperaba el retorno de todos los mundialistas en Valdebebas para imprimirles el fragor competitivo en la cabeza y decirles que no pueden perder puntos en las primeras jornadas con la justificación del Mundial, la apretura del calendario y los pocos entrenamientos realizados. Mourinho no admite eso. Hay que concentrarse para ser competitivo desde el principio. El ejemplo del PSG de Luis Enrique, que ha ganado la Supercopa de Europa a Emery hace unas horas con mil mundialistas en el equipo, es perfecto. No hay peros que valgan. Hay que ganar como sea desde ya, desde el primer partido oficial.
El 'treinador' ha hecho referencia a la ausencia en sus alineaciones de seis de los mejores jugadores del planeta en sus posiciones: Mbappé, Diomande, Cucurella, Tchouaméni, Bellingham y Konaté. Ya los tiene. Ha hablado con ellos. Junto a Vinicius, Valverde, Courtois y Bernardo forman el pasillo de seguridad del Real Madrid. Los nueve son y serán los líderes futbolísticos y mentales de la plantilla. Y el técnico ha conversado abiertamente con ellos para inculcarles, y que ellos lo propaguen al resto del grupo, que hay que ganar desde el primer día y no se pueden hacer concesiones, porque cada punto puede costar una Liga.
Jose Mourinho, tras el partido del trofeo Teresa Herrera ante el Deportivo
Los jugadores miran con intensidad a Mourinho porque sus explicaciones exigiendo competitividad máxima desde la primera jornada liguera son palabras que tienen consecuencias en las alineaciones. Desea un fútbol muy veloz, con rapidez de sus pupilos y del movimiento del balón. Advierte el luso que es la virtud que marca la diferencia para derrotar los sistemas defensivos rivales, que en nuestra Liga son una norma férrea. Y si varios de sus hombres no aportan lo que él espera, hay once sustitutos para los diez puestos de campo. Al pan, pan. Así de claro.
La visión del análisis del 'estado de la nación' es de 360 grados, como el marcador del Bernabéu. La plantilla tiene hoy 26 hombres. Thiago Pitarch cuenta burocráticamente con ficha del filial, pero forma parte del equipo A. Rodrygo, Mendy y Militao son bajas de larga duración. Exceptuando los dos guardametas, quedan 21 secuaces para ocupar las diez plazas de campo. Si algunos de los titulares no rinden, habrá once teóricos suplentes para asaltar esas posiciones. Ahora mismo hay nueve reservas disponibles, porque Asencio y Thiago serán alta en septiembre, y la competencia es y será total.
La advertencia de Mourinho es real y tiene nombres. Casi todos son internacionales absolutos. Trent y Dumfries luchan por acaparar el lateral derecho. Konaté, Rüdiger y Huijsen pelean por ser los dos centrales elegidos, un combate al que se sumará Asencio en tres semanas. Cucurella tendrá a Carreras como opositor interno. Los dos pivotes del enclave del sistema cuentan con Tchouaméni, Bernardo, Valverde, Güler, Camavinga y Thiago como aspirantes. La banda derecha presenta a Diomande como hombre principal y a Brahim, Endrick y Valverde como opciones. Bellingham ejercerá de mediapunta central y sus relevos naturales serán Bernardo y Güler. En la izquierda mandará Vinicius, pero Diomande y Mbappé pueden ocupar también esa posición. Y el ariete del esquema es Kylian, con Espí como primer sustituto y Endrick como segunda variante. Como se constata, el que se duerma no coge el avión en la cabeza de Mourinho.
Brahim y Espí llaman a la puerta
Mourinho define su trabajo por la entrega incondicional de sus hombres en cada encuentro y los futbolistas que quieren comerse el mundo para ganarse su confianza le hacen el trabajo interno.
Excelso en el regate, eficaz y pícaro con una personalidad tozuda, Brahim ha demostrado que merece más de lo obtenido hasta ahora en el Real Madrid. Con el portugués comienza de cero y pide minutos, sitio, protagonismo. Espí es el otro suplente teórico que se gana un salto adelante.
Su juego como ariete clásico para solucionar los atolladeros gracias a su remate aéreo o su disparo a un toque serán un arma que el técnico utilizará a menudo, muchas veces como complemento de Mbappé y no como sustituto.
Los cerrojos de los enemigos le llamarán a filas. Los dos, Brahim y Espí, fuerzan la máquina de sus compañeros. Aquí nadie es imprescindible. La rotación constante que aplicará el entrenador para mantener el fútbol de velocidad durante los 90 minutos alimentará esa combatividad del equipo. Hará los cinco cambios siempre. Nadie podrá confiarse.