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Vinicius Jr. saluda a José Mourinho en el Real Madrid - Real Sociedad

Vinicius Jr. saluda a José Mourinho en el Real Madrid - Real SociedadEFE

La intrahistoria de Vinicius: se iba a quedar sí o sí en el Real Madrid y ha recibido casi todo lo que pedía

La intrahistoria del caso Vinicius es que todo fue una estrategia del jugador para obtener el mejor contrato de su vida, porque el único propósito era quedarse en el Real Madrid. Estiró la cuerda, la tensó y el secreto es que nunca la rompió, porque jugaba con el colchón de tener un año más de ficha. Si no hubiera renovado ahora, se habría quedado en el equipo para hacerlo en los próximos diez meses. El Real Madrid pensaba como empresa y le pedía firmar un nuevo contrato «ya» o aceptar ahora un traspaso para percibir un dinero por él.

Esa urgencia de la entidad por sacar un rendimiento económico y que no se marchara gratis, aceleró la negociación en el ecuador de agosto. No podía irse sin dejar un euro en la casa. Al final rubricó un nuevo convenio y nada menos que por seis años, hasta los 32. El número siete ha exprimido la vaca blanca al máximo. Percibirá 24 millones de euros netos por campaña, recibiendo una prima de fichaje de diez millones. Ha obtenido casi todo lo que solicitaba. Pero el Real Madrid le pide en contraprestación cumplir un gran reto, un objetivo complicado para él, porque exige un cambio de actitud en su vida: dedicarse solo al fútbol.

Florentino Pérez, José Ángel Sánchez y José Mourinho han tenido mucha culpa en esta renovación. El factor desconocido para la mayoría de los mortales es que el brasileño siempre quiso quedarse y terminar su carrera en el Real Madrid. Así lo ha firmado. Pero jugó muy bien sus cartas hasta conseguir un suculento acuerdo, el segundo por importancia después del contrato de Mbappé, ese que Vinicius quiso emular. Era imposible porque el francés vino gratis del PSG, club que se negó a ingresar 200 millones del Real Madrid. Dicho esto, Vinicius es ahora el segundo mejor pagado de la empresa. Pero debe cambiar su forma de atacar su profesión ¿Qué es lo que le piden el club, el entrenador e incluso algunos veteranos de la plantilla? Merece capítulo de punto y aparte.

Lo que le aconsejan con firmeza desde la cúpula, desde la dirección deportiva, desde la jefatura técnica y desde las canas de la plantilla es que cuando salte al campo piense en ser un número uno y solo eso, que es mucho. Lo que le dicen con seriedad es que «ya se acabó» el tiempo de jugar cada partido como una reivindicación de su raza.

El mensaje es conciso y claro. Desde Valdebebas, desde la marca Real Madrid, se le pide que lleve a cabo un cambio de actitud en su vida y en su visión del mundo. Debe desmarcarse mentalmente de esos ataques y concentrarse en jugar bien al fútbol. Porque lo que debe asimilar es que la mayoría de esos insultos no son en realidad un ataque racista sino que buscan descentrarle para acabar con su calidad. «Si no eres negro nunca sabrás lo que es eso, porque lo sufres en todos los aspectos de tu vida», dice un exjugador merengue.

Pero Vinicius debe hacerlo por su propio bien. En beneficio de su rendimiento personal. porque es verdad que cuando le provocan en el campo y en la grada pierde la concentración. Así de rudo. Entra al trapo y se entromete en peleas que cortan el partido y que solo ayudan al equipo que defiende y que no quiere que haya fútbol. Por eso le dan patadas y le provocan.

Racismo sufrido en Brasil

Es cierto que los ataques racistas ajenos al campo, como verse representado en un muñeco colgado de una pasarela en la M-30, colocado por ultras del Atlético, son difíciles de encajar. El muñeco vestido con la camiseta blanca llevaba el número siete. Tiene que vivir con eso. No es sencillo. Vinicius sufrió el racismo desde que jugaba en los juveniles porque en Brasil los ataques racistas son una realidad cotidiana en el fútbol. Brasil tiene mas de 150 millones de personas de raza negra y hay racismo por doquier, por mucho que se luche oficialmente contra ello.

El jugador ya realizó declaraciones de denuncia contra el racismo en su país cuando tenía 16 y 17 años. En la Liga española ha soportado esta lacra en diversos estadios como Mestalla, Metropolitano o José Zorrilla. Pero el club le pide que se desmarque de pensar en cada partido como una reivindicación contra el racismo.

Mourinho le cuida,

Mourinho trabaja para que Vinicius se sienta a gusto y piense en fútbol. Tiene mucha culpa el portugués en la renovación. Dicho de otra forma más abrupta: si el entrenador hubiera dicho al club que lo traspasaran, porque no era imprescindible ante la llegada de Diomande y Espí, hoy estaría en el Arsenal. El técnico se alió con la postura del presidente, que siempre quiso que continuara porque le tiene un cariño especial. Dichas estas verdades rotundas, Vinicius debe ser inteligente y leer entre líneas el comportamiento del jefe de la plantilla.

Mourinho le trata con tiento para que se sienta bien, porque el futbolista diferencial del equipo se llama Kylian Mbappé. Y el número siete debe digerir bien esta realidad. Hoy, el número diez del Real Madrid es el mejor futbolista del mundo. Y si Mourinho ha sido claro con el mejor del mundo, Vinicius debe meditar que las exigencias del luso sobre él son igualmente crudas y las acabamos de relatar.

Mourinho le ha dicho a Mbappé que prefiere que marque 40 goles, en vez de 60, si juega pensando en los títulos y en el equipo y no individualmente en sí mismo. Más claro imposible. Porque los hechos han demostrado durante las dos últimas temporadas que los goles de Kylian no valen nada sino hay un sentimiento de grupo para ganar trofeos. En el mismo sentido, los mensajes lanzados a Vinicius para que se concentre en jugar bien al fútbol no son solo un mensaje, son una exigencia.

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