José Mourinho, en un partido del Real Madrid en el Bernabéu
Los cuatro imprescindibles de Mourinho: un jugador por línea y más de 100 partidos en el club
Mbappé es la estrella, Bellingham el líder, Valverde el capitán y Rüdiger el jefe de la zaga
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Francisco Gento, José Emilio Santamaría, Marquitos, Pachín, Miguel Muñoz, Rial y Puskas relataban que Di Stéfano les gritaba y les decía que tenían que correr más y presionar más para remontar los partidos imposibles. «Alfredo», así le llamaban, les exigía porque él era el que más trabajaba, arriba y abajo. Cogía la pelota en el centro del campo, combinaba con Gento y corría para llegar a rematar el centro de La Galerna, que era una bala con el número 11 de serie. Hoy, el Di Stéfano del liderazgo del siglo XXI se llama Jude Bellingham, es inglés y es el verdadero jefe del Real Madrid, porque se sacrifica más que nadie y exige lo mismo de sus compañeros.
Mourinho ha formado una guardia de corps en 50 días. Ha creado el grupo de jefes de la plantilla que pone firmes a todos, porque ellos son los primeros que se marcan la disciplina de trabajo y la implantan en el vestuario. El portugués es viejo zorro. Sabe que para que un equipo funcione tiene que haber unas jerarquías en la cocina, hombres que señalen las obligaciones del plantel. Jugadores que son un espejo para los demás. Lo mejor de esta filosofía del entrenador es que esos jefes los eligen el resto de sus compañeros. El organigrama interno se ha formado por selección natural y está compuesto por cuatro hombres.
Jude Bellingham es el verdadero jefe de campo, el que manda y ordena. Un liderazgo impresionante de un jugador de 23 años. Nunca en su historia el Real Madrid tuvo un jefe de esta edad. Su capacidad física, su agresividad con y sin balón, su ambición, su calidad, sus goles, su impulso y su voluntad de victoria son un referente para el resto del plantel. Su enfado para poner firmes a todos es respetado y suscita la reacción general. Si Jude se enoja hay tomar cartas en el asunto porque realmente algo está mal. Se ha ganado esa consideración de ser escuchado, que no oído, y provocar el cambio general. A eso se le llama ser un líder de verdad.
30 metros detrás del inglés, Rüdiger, «Antonio», es el patriarca de la línea de seguridad, la defensa. Mourinho necesita que atrás haya un líder de verdad, un veterano que manda, grita, coloca a sus colegas e inyecta confianza en los jóvenes. El alemán es un muro de contención que impone a los rivales e impone a los compañeros por su practicidad y contundencia. Antonio otorga tranquilidad a Mourinhoy al equipo. Es un seguro de vida. Y da consejos a los jóvenes tanto en su vida personal como en su despliegue futbolístico. Lo ha vivido todo. Es un patriarca de la experiencia.
Federico Valverde es la tercera fase de este liderazgo. Es un factor complementario a Bellingham y Rüdiger. Es el capitán por veteranía en la casa. Quien ejerce el primer puesto para defender los intereses de la plantilla ante el club y negocia con la entidad cualquier actuación. Mourinho fichó a Sami Khedira con el fin de ser el enlace con la plantilla. Quería un futbolista porque entiende muy bien lo que desean los jugadores. Valverde es su interlocutor y viceversa. Tras los incidentes con Tchouaméni la pasada temporada, «Fede» tenía que cambiar su comportamiento.
Asumió la capitanía con una revolución de chip mental para ser el portavoz de sus compañeros y exponer sus peticiones a Khedira y a la empresa. Se acabaron sus posturas personales, tenía que argumentar ante el club la opinión de la mayoría de la plantilla. Se ha tomado la responsabilidad muy en serio. Quería ser capitán desde que llegó al Real Madrid hace una década siendo un chaval. Ya lo es.
Mbappé, el mejor
El cuarto estandarte de la guardia de corps de Mourinho es el mejor futbolista del mundo. Kylian Mbappé expresa su liderazgo en el campo. Todo el esquema ofensivo del entrenador se centra en explotar sus cualidades y eso le convierte en un baluarte estratégico del fútbol madridista. Todo el mundo juega para él, porque es el número 1 en el ataque. Mbappé y Bellingham podrían ganar el Balón de Oro por su importancia fundamental en el Real Madrid. El inglés es el más completo. El francés es el artillero ejecutor de la idea de Mourinho. Lleva 90 goles en el club madrileño, 60 en Liga.
Jude Bellingham y Kylian Mbappé, en un partido de la pasada temporada
A la hora de manifestar la posición de la plantilla hay un quinto jinete que actúa en momentos concretos: Courtois. El guardameta habla claro. Denuncia los arbitrajes cuando son perjudiciales. Critica a clubes, entrenadores o futbolistas rivales cuando atacan al Real Madrid o a un jugador blanco. Se ha ganado el respeto por la mesura de sus declaraciones. Contesta a los ataques del Barcelona o de la prensa del Barcelona y señala el Barçagate de Negreira como un factor clave en muchos arbitrajes. Lo fundamental es que habla sin filtro, no tiene pelos en la lengua y hace autocrítica cuando el Real Madrid juega mal.
El director supremo de toda esta organización es el entrenador. Mourinho es quien desea que los futbolistas seleccionen entre ellos quiénes son los líderes en el campo y fuera del campo. Que digan quiénes son sus portavoces. El portugués deja hacer y elige a los hombres que son su extensión en el césped. Bellingham y Rüdiger son sus referentes de mando. Si se dan cuenta, los dos, junto a Courtois, Valverde y Mbappé, forman el pasillo de seguridad del Real Madrid. La columna vertebral.