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José Mourinho, durante el Barcelona - Real Madrid del pasado domingo

José Mourinho, durante el Barcelona - Real Madrid del pasado domingoAFP

El Real Madrid se rinde a Mourinho: «Nunca tuvimos un entrenador de esta envergadura táctica»

La victoria en el clásico es un punto de inflexión que confirma la evolución del Real Madrid. El triunfo en el Camp Nou es didáctico porque reafirma el cambio de estrategia decidido por José Mourinho al introducir en el esquema a Bernardo Silva, Güler y Diomande, una idea que comenzó a fraguarse en Roma, se consolidó frente al Sevilla y el Leipzig y se consagró en Barcelona. El éxito ante el máximo enemigo significa mucho más que tres puntos. Son seis puntos, que diría el añorado Vujadin Boskov. Pero sobre todo son mil puntos de confianza, de fe en lo que se hace.

Hay que hablar con sinceridad: la dirección deportiva le pedía al portugués que realizara un cambio contundente en el doble pivote, porque esa dupla formada por Tchouaméni y Valverde no funcionaba. En Roma quedó claro que el francés y el uruguayo no sabían sacar el balón jugado desde atrás. Ni lo intentaron. Courtois era el encargado. Eso no podía ser. El entrenador introdujo a Güler y a Bernardo como pivotes para crear el fútbol y la revolución fue total. De perder por 3-1 se saltó al 3-4. Esa era la solución. Un cambio que mantenía a Tchouaméni como medio defensivo y que trasladaba a Valverde al lateral derecho.

Mourinho tenía una máxima intocable: los dos son imprescindibles. La revolución consistió en situar a Valverde en la banda, como un centrocampista falso, para dejar sitio a Bernardo y al turco en la construcción. El proyecto ha triunfado. Ahora hay que convertirlo en masa madre. El técnico advierte que hay que ganar al Racing, al AEK ateniense y al Valencia para que el golpe del clásico se mantenga en el poder.

El cuartel general de Valdebebas es franco en su análisis de situación: la clave de este Real Madrid se encuentra en la figura del técnico. «Se trata de un entrenador que siempre supimos que es especial, porque también es una persona especial. Pero su evolución personal y profesional le ha elevado a un escenario para el que se ha equipado con un visor de 360 grados. Su mente futbolística es la más abierta que ha pasado por el Real Madrid en décadas. Probablemente nunca el Real Madrid tuvo un entrenador de esta envergadura táctica», reflexionan en la casa blanca.

La valoración interna es soberbia, inigualable en el tiempo. Se reflexiona que en el Real Madrid hubo entrenadores precedentes, no muy lejanos en el tiempo, que lograron el éxito a través de su insistencia en una idea o, precisamente, por no tener una idea concreta y dejarse llevar por la calidad de su plantilla. Se destaca que Mourinho sin embargo rompe los arquetipos: «Mou es distinto a todos. Ha ido moldeando su idea a través de las pruebas. Y la volverá a moldear a través de las pruebas. Pero todo eso no valdría, no le valdría, si no fuera acompañado de su labor didáctica. De su forma de explicarles a sus jugadores los cambios y el porqué de esos cambios».

No hemos ganado nada

La cúpula del Real Madrid está, en efecto, contenta. Primero, porque Mourinho salió de su idea inicial y cambió de golpe en el Olímpico romano al ver que todo se iba al carajo. Segundo, porque su capacidad de innovación ha sabido transformar toda la estrategia del equipo en un santiamén y colocar a los jugones de golpe, apoyados por el muro físico que forman Valverde, Tchouaméni y el incombustible Bellingham. Los triunfos ante la Roma, el Sevilla, el Leipzig y el Barcelona han sellado el esquema idóneo. Ahora hay que patentarlo. El club ensalza que todo es culpa de un entrenador que es infinito en innovación. Lo ensaya todo, no hay límites.

Un dato más de esta calidad es el trabajo actual y futuro del portugués. Ha sido tajante con sus hombres: «De poco vale vencer al Barcelona si empatamos en Santander». Porque la diferencia entre el Real Madrid y el resto de los equipos es que a los blancos solo les vale vencer. Puntuar es perder. Su labor fundamental es tanto psicológica como biológica. Debe alimentar constantemente la ilusión y la ambición de los futbolistas, enorme en el Camp Nou, y convencerles de la exigencia necesaria para entregarse al máximo cada minuto y en cada encuentro.

Lo mejor de Mourinho es que se ha ganado la confianza de sus pupilos y todos creen en él. Les ha dicho que, tras el éxito en el clásico, hay que vencer al Racing, consolidar la progresión en Atenas y ganar después en Mestalla, un partido muy peligroso, con un ambiente hostil. Obtener esos tres triunfos a domicilio, sumados al clásico, confirmarían de una vez la candidatura del conjunto blanco a la Liga y a la Champions, unas aspiraciones que hace unas semanas estaban puestas en solfa.

José Mourinho habla con Martínez Munuera durante el clásico

José Mourinho habla con Martínez Munuera durante el clásicoEFE

Lo bueno es que todas sus pruebas han provocado que ahora mismo tenga a 20 hombres que pueden ser titulares sin ningún problema. El rendimiento exponencial de Diomande, Camavinga, Endrick, Espí, Carreras y Lunin ha supuesto que hoy no haya titulares fijos en el equipo, porque todos compiten por ser protagonistas y están capacitados para serlo. Esa competencia es mérito del jefe. Ha logrado que nadie se duerma en ningún partido, y que no falte ni energía ni actitud.

No faltará nada de eso en Santander, Atenas y Valencia. Porque el que sale se mata para aprovechar los minutos que el portugués le concede. Y en los últimos cuartos de hora han sentenciado muchos partidos gracias a esa entrega sin fin. Después de esas cuatro salidas consecutivas llegará un parón de selecciones que «es perjudicial» para el Real Madrid, porque cortará esta evolución. Y tras el virus FIFA, Mourinho tendrá tres partidos en el Bernabéu, frente al Celta, el PSV y el Deportivo Alavés, para rematar la faena de un cambio que, como ensalza el club, triunfa actualmente, pero que el entrenador puede volver a remodelar con nuevas pruebas si ve que algo no funciona como él quiere. La innovación constante es el éxito del luso.

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