José Mourinho y Hansi Flick se saludan antes del clásico
El engaño de Mourinho con Bernardo Silva, Güler y Diomande que volvió loco al Barcelona
«El anticuado, el viejo, está muy vivo», subrayan en el club: «Convenció a todos que pueden vencer a cualquiera si todos ganan sus duelos particulares y así sucedió»
La prensa internacional se quita el sombrero con Mourinho tras el clásico: «El sheriff ha vuelto»
El Real Madrid convierte la euforia en análisis autocrítico. No engorda de satisfacción, sino que se exige más. El estudio pormenorizado del clásico deja dos capítulos que pudieron ejecutarse mejor. Primero, que los cambios debieron hacerse antes, para imponerse otra vez al Barcelona como sucedió en la primera parte. La entrada de Camavinga devolvió el poder al Real Madrid y debió entrar antes. El francés aportó la potencia física necesaria que remató al rival. El segundo punto a mejorar son las malas decisiones tomadas en el último pase, que impidieron al equipo madrileño sentenciar mucho tiempo antes.
Ocurrió en las dos combinaciones entre Bellingham y Mbappé, mal acabadas, y en el disparo de Güler que se marchó fuera cuando Diomande estaba solo en el lado izquierdo del área azulgrana. El tiro al poste de Mbappé y el trallazo de Diomande que salió fuera eran otros dos momentos para sentenciar sin tener que esperar al final. Mourinho continuará trabajando esa mejoría en las decisiones finales y en la precisión del pase de la muerte, desfases que costaron puntos en Sevilla y complicaron otros partidos que debieron solventarse con anterioridad.
El Real Madrid realiza autocrítica para continuar dando pasos adelante después de una victoria que cambia toda la percepción exterior del conjunto blanco. A escala interna no había dudas. Mourinho y sus hombres conocen bien su calidad. El trabajo táctico, técnico, físico y psicológico del entrenador se ha centrado en convencer a sus hombres para que se crean de verdad que son un equipo competitivo que puede ganarlo todo y ganar a cualquiera si trabajan estratégicamente como un grupo y no como figuras individuales. Tienen que sacrificarse como un bloque para vencer después explotando su clase. Es lo que hicieron en el Camp Nou.
Hay que hablar claro. Mourinho engañó a Flick de cabo (Bernardo) a rabo (Güler). Durante varios días adujo que el portugués y el turco no podían jugar juntos porque el esquema perdía fuerza destructiva. Era mentira. Lo decía porque es lo que iba a hacer en el clásico. La trampa se centraba en transformar a Valverde en lateral derecho que se convierte verdaderamente en otro mediocampista de motor que se suma a Tchouaméni y al incansable Bellingham. Con estos tres hombres a su lado sí pueden jugar juntos Bernardo y Arda. La dupla constructora ha revolucionado el fútbol madridista.
«El viejo es el más innovador»
En el Real Madrid ya no molesta la prepotencia supremacista de ese barcelonismo cercano al poder que presagiaba una goleada a los blancos, «esos que no juegan a nada». El mantra lo hemos escuchado durante un mes. Esa soberbia extrema venía bien a Mourinho. Su plan ensayado ante la Roma, el Sevilla y el Leipzig quería destrozar al Barcelona con una idea de juego que ya se ha impuesto para toda la temporada. Es su esquema, su sistema, su estilo. Su Real Madrid de autor.
Primero engañó a Flick con Bernardo y Güler como creadores de juego, pero con dos misiones distintas. El luso se colocó a la vera de Tchouaméni para sacar el balón jugado desde atrás rompiendo la primera línea de presión azulgrana gracias a sus recursos técnicos, su caracoleo y su capacidad para mantener el balón en su poder. El turco jugó por la derecha con el fin de crear fútbol de ataque enlazando con Mbappé y Bellingham.
Bernardo Silva se enfrenta a Rodri Hernández en el Barcelona - Real Madrid
El segundo capítulo decisivo, el fundamental, fue otra postura táctica que incluía a los diez futbolistas de campo. La trampa de Mourinho consistía en que cada jugador debía encargarse de su rival particular y ganarle la partida. Superarle en el duelo individual. «Si cada uno gana a su adversario ganaremos el partido, es imposible perder si no perdemos ni un duelo». Así sucedió. Cucurella anuló a Lamine, Bernardo y Tchouaméni se comieron a Rodri y a Pedri, Bellingham se impuso a todos, Huijsen estuvo colosal y Lunin brilló.
En el club se habla con franqueza: «Desde Barcelona y desde otros sitios se llamaba a Mourinho el viejo, el anticuado, el pasado de moda. Pues el viejo ha dado una lección. El anticuado es el más innovador. Los diez jugadores de campo ganaron sus diez duelos individuales. Esa era la clave del míster, ese que está pasado de moda. Ahora le elogian en todo el mundo, mientras aquí se le menospreciaba».
Diomande para volverlos locos
Hemos dejado para analizar aparte uno de los secretos principales de este cambio del Real Madrid que ha provocado la victoria en el clásico y ha definido el plan de actuación del futuro: Yan Diomande. Cuando hablamos del éxito de los duelos particulares uno sobresale sobre el resto. El costamarfileño trajo en jaque la zaga azulgrana y a Flick. Desbordó en ataque por la izquierda y cubrió su banda de forma tan excelsa que nadie subió al ataque para ayudar a Lamine. Al revés, Rodri y Pedri tuvieron que ayudar para frenarlo.
Cancelo le metió los tacos de la impotencia por detrás y casi le rompe. Su trabajo defensivo fue impresionante. Pero lo que más destacó fue esa personalidad para regatear e intentar regatear y desbordar a los adversarios. Salió de la presión de tres contrarios en una banda, junto a los banquillos, haciendo un túnel a Lamine. Fue un espectáculo de entrega y disciplina. «Ahora ya no dicen que hemos tirado el dinero y nos han engañado con Yan», reflexionan en Valdebebas.
Diomande es el secreto y Camavinga es un ejemplo de reintegración en la excelencia. Hay que ser justos. El francés estuvo en el mercado, pero Eduardo se negó a marcharse porque pretendía volver a ser importante en el Real Madrid. Y Mourinho ha sido determinante en esta evolución positiva. El entrenador creyó en él y le está dando oportunidades. El resultado es que Camavinga se ha convertido en un hombre especial para el equipo. Su fuerza, su clase y su voluntad le han convertido en un futbolista necesario. Es un fichaje que ya estaba en casa y ha sido recuperado para la causa. Mourinho ha dado con la tecla.
Esta exigencia implica una dedicación total y una concentración suprema. Y lo mejor es que ha imbuido a todos en esta idea. Endrick, Espí, Camavinga, Dumfries, Brahim, Trent, todos saben que van a jugar y que deben ganar en el césped a su rival particular. Su rendimiento obliga a sus compañeros a seguir dando el máximo nivel. Mourinho «el antiguo» es el culpable. Como él ha dicho, esto no puede ser flor de un día. Para conseguir títulos, como él augura, deben hacerlo toda la temporada.