Los errores de Macron que adelantan su naufragio anticipado
Los de los últimos días, de enorme gravedad, se suman a los cometidos desde 2022: la mezcla es incendiaria
El presidente de Francia, Emmanuel Macron, en el Palacio del Elíseo en París
La «bomba» mediática fue lanzada hace un año, en la emisora RTL, el 7 de octubre de 2025, por Édouard Philippe, primer jefe de Gobierno de Édouard Philippe, primer jefe de Gobierno de la era Macron, entre 2017 y 2020: «Ya nadie sujeta el Estado», por lo que su jefe [Emmanuel Macron] «debería asumir sus responsabilidades y convocar una elección presidencial anticipada». Desde el Elíseo, el comentario, como era de esperar, fue interpretado como una traición.
También es cierto que ese distanciamiento público de Philippe respecto de Macron no le está, de momento, sirviendo de mucho en su candidatura para sucederle: ninguna encuesta le sitúa en la segunda vuelta. Mas eso no quita valor a su sugerencia radiofónica, sobre todo a tenor de la marcha de la marcha de los acontecimientos. No es menos cierto que sería injusto achacar los males endémicos de Francia al actual, y todavía, presidente de la República. Vienen de lejos, si bien es cierto que los ha agudizado.
Especialmente a lo largo de su segundo mandato, como ya apuntó en El Debate el analista político Ludovic Vigogne allá por junio de 2023, es decir, dos meses después del autoritarismo exhibido durante la reforma de las pensiones, aprobada en medio de un es escenario de graves disturbios callejeros.
El presidente de la República podía tener razón en el fondo del asunto -el generosos sistema de protección social es cada vez más insostenible-, pero su método fue el peor posible para resolverlo. Primer error garrafal de del segundo mandato, la reforma de las pensiones supuso una primera ruptura irreversible entre Macron y un sector importante de la opinión pública.
El segundo error garrafal fue la fallida disolución de la Asamblea Nacional de junio de 2024, anunciada misma noche en que su partido sufrió una grave derrota en las elecciones europeas, quedando casi 20 puntos por detrás de la lista de la Agrupación Nacional, encabezada por Jordan Bardella. Las elecciones legislativas celebradas tres semanas después plasmaron una debacle que se podría haber evitado o, por lo menos, aplazado, pues desde 2022, los macronistas y sus partidos aliados disponían de una mayoría relativa con una Asamblea más o menos gobernable.
Francia ha vivido el mayor periodo de inestabilidad en casi 7 décadas de V República
Desde esos fatídicos comicios, Francia ha vivido el mayor periodo de inestabilidad en casi 7 décadas de V República. Sin ir más lejos, Macron ha nombrado tres primeros ministros -Michel Barnier, François Bayrou y Sébastien Lecornu- en apenas dos años, y en el marco de unas instituciones diseñadas por Charles De Gaulle para evitar la situación de 24 gobiernos que hubo durante la IV República, entre 1946 y 1958.
Como apunta el politólogo Dominique Reynié en Le Figaro, «entre la primera vuelta de las elecciones presidenciales de 2022, en abril, y la segunda vuelta de las elecciones legislativas de 2024, en julio, los franceses han votado siete veces, sin lograr que surja un poder eficaz y responsable», al tiempo que vaticina la persistencia de la inestabilidad: « esta situación desastrosa se prolongara hasta julio de 2027 -lo cual es probable-, Francia habrá vivido entonces tres años sin un poder gubernamental. Tres años, como mínimo, pues hoy en día nada garantiza que las elecciones legislativas de 2027 permitan al país recuperar una mayoría parlamentaria. ¿Qué será de nuestra democracia si las elecciones ya no logran resolver los problemas?»
Una pregunta que tendrá que ser respondida la próxima primavera en un país en que la radicalidad (Agrupación Nacional y La Francia Insumisa) ya acumula el 60% de las intenciones de voto. La tendencia no tiene visos de atenuarse de aquí al 18 de abril, fecha prevista para la primera vuelta de las presidenciales.
A menos que Macron opte por dimitir. Razones no faltan desde que la violenta jornada del pasado 17 de octubre, verdadero punto de inflexión de una Francia a la deriva, agravado por la cadena de graves fallos tácticos posteriores procedentes del Elíseo. El primero fue incluso anterior al estallido de las protestas estudiantiles: las fotos frívolas del presidente practicando moto náutica en aguas de la Costa Azul a finales de verano cuando el escenario político y social ya estaba caldeado.
Una cascada de torpezas que se ha ido acelerando desde el 17 de octubre, empezando por la alocución del día siguiente, que sirvió para oficializar la incapacidad de Macron para reconducir una situación que se le escapa de las manos, anunciando medidas parche; labor que hubiera sido la propia de un secretario de Estado, no la de un presidente en ejercicio. Después vino el mediatizado viaje al Golfo Pérsico para «garantizar el suministro de carburante» a los franceses en medio de un aumento vertiginoso de los precios.
Pues no: el lugar de Macron no estaba en Kuwait, sino en París: así lo ha entendido la opinión pública. ¿Por qué no envió a ese periplo a un ministro en una misión discreta? Parece haberlo entendido y ya ha anulado su viaje a África.
Algunos comparan estas gesticulaciones diplomáticas con el inoportuno viaje de De Gaulle a Rumanía cuando las protestas de Mayo del 68 alcanzaban su punto álgido. Con una diferencia: el viejo general logró recuperar el control de la situación unos días después. Algo que se antoja imposible para Macron. Su naufragio está certificado. Solo queda ponerle fecha. ¿Aguantará en el Elíseo sus últimos 175 días de mandato?