Fede Valverde es titular, pero desde finales de octubre su nivel ha bajado
Cuando una dura falta rompe una dinámica: ¿qué le pasa a Fede Valverde?
El uruguayo, el mejor jugador hasta noviembre, lleva ya dos meses y medio lejos de su nivel pasando desapercibido y sin ser determinante
El 22 de octubre, en un partido Real Madrid-Sevilla, 'Papu' Gómez, jugador argentino del club andaluz, hizo una de las peores faltas en lo que va de Liga. En el último minuto, sabiendo que no podía quitarle el balón a Fede Valverde, el 'Papu' entró con todo: le dio un durísimo rodillazo al futbolista uruguayo y a la vez que soltaba el brazo también le pisaba con dureza al tobillo.
Más allá de que para el árbitro de ese duelo (Hernández Hernández) esa durísima entrada solo fuera de amarilla, algo cambió en Fede Valverde desde entonces. No solo es que se perdiera por lesión el siguiente duelo (en Champions ante el Leipzig) sino que desde entonces su nivel está muy lejos del que hizo antes justo de esa entrada. Precisamente en ese encuentro ante el Sevilla el madridista había marcado un golazo, el último verdaderamente relevante.
Hay un Valverde antes y después de esa entrada. Ya sea casualidad o causalidad, la realidad es que el uruguayo desde aquella entrada es otro. Antes de esa fecha de octubre Fede era uno de los mejores futbolistas de toda Europa. Era un ciclón, llevaba tres goles consecutivos y llevaba siete en lo que iba de temporada. Era más que fijo para Ancelotti y el charrúa era la imagen más visible de ese Real Madrid que funcionaba muy bien.
Justo después de aquello Fede Valverde se vino abajo. Marcó un gol que bien se puede considerar intrascendente al Celtic de Glasgow (era el quinto) y a partir de ahí nada más. En el Mundial, torneo al que llegaba con la aspiración de dar el definitivo salto internacional, no destacó y su selección se fue a casa en la primera ronda. Fue pobre su actuación en Qatar. Y a su vuelta a Madrid la situación no ha ido cambiando.
Fede Valverde pasa por una mala racha de juego
La pregunta que se hace el madridismo es qué le pasa a un jugador que antes era trascendental, básico para entender al equipo, y que ahora no llega a destacar y su participación individual pasa muy desapercibida en el juego del Real Madrid. Bien es verdad que el club de Ancelotti pasa por un tramo no brillante de la temporada, pero Valverde, en situaciones así, se creció en el primer tramo de la temporada.
La mujer del jugador, Mina Bonino, dejo entrever que un problema personal hay detrás. Fue ella quien habló de que «esta semana (en relación a la anterior) fue una de las más difíciles que nos tocó pasar» mientras añadía que «sé que este título (en referencia a la Supercopa de España) lo querías para aliviarnos un poco el dolor». Sin especificar qué ocurre, está claro que Valverde tiene un problema personal detrás. Y eso se nota a la hora de jugar al fútbol.
Titular en todos los partidos después del Mundial –excepto en el de Copa ante el Cacereño, en el que jugó toda la segunda parte– Valverde no resulta ya un jugador ni desequilibrante ni clave en el juego del equipo blanco. Pasa desapercibido, no hace grandes actuaciones. Y no es una cosa post-Mundial ya que en Qatar hizo lo mismo y en los cuatro partidos previos también tuvo ese mismo bache. Se produce el antes y después a partir de ese encuentro ante el Sevilla. Y de aquella falta se recuperó y no tiene por qué tener relación con el momento de forma, pero se da la circunstancia de que hay un Valverde antes y otro después de aquello.
En el club no hay ninguna duda con el jugador uruguayo. Se sabe perfectamente que tiene compromiso total con el proyecto, que está feliz en Madrid y que si ahora pasa por un mal momento es sencillamente porque un futbolista no es una máquina –ni un robot– y por tanto es imposible que pueda estar a un gran nivel siempre. Y más si arrastra problemas personales que quedan en la esfera privada. El asunto es cuándo romperá esa mala racha que nota el equipo. Tiene un buen día este domingo Valverde para acabar con este trance: su equipo se juega media Liga en Bilbao y es el encuentro perfecto para un jugador como Fede, pieza clave en el esquema de Ancelotti.