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José Mourinho da órdenes a sus jugadores en la pausa de hidratación ante el Betis

José Mourinho da órdenes a sus jugadores en la pausa de hidratación ante el BetisAFP7 vía Europa Press

El Real Madrid no se ceba en el arbitraje y se da un toque de atención: «No podemos ser tan ineficaces»

Hernández Hernández con el silbato e Iglesias Villanueva con la varita mágica del VAR, que convierte a los príncipes en rana. Los dos nombres suenan a colegiados de otra época. De la era de Enríquez Negreira. Sus nombramientos para este partido ya fueron decepcionantes para el Real Madrid, porque ya han vivido muchas travesuras con ellos. Pero el club blanco no carga todas las tintas de la derrota sobre la cuenta de los colegiados. También hace autocrítica.

Es cierto que el gol de Espí habría sido gol en cualquier época, menos en esta. Y la sospecha es que no se emite ninguna imagen nítida de que Vinicius está en fuera de juego. Se habla del chip del balón, pero ese mantra es sospechoso. Hay que ofrecer imágenes claras y no las hay o las esconden. También es cierto que debería repetirse el penalti fallado por Mbappé, porque Bartra, que lleva doce años buscando a Bale en su galopada en Mestalla, está dentro del área cuando el francés falla la pena máxima. Y para colmo es quien despeja el posible remate posterior del francés. Todas las decisiones le perjudicaron. Dichas las verdades, el Real Madrid se da un toque de atención: si queremos ganar títulos no podemos fallar seis goles claros en un partido. Cierto.

Los propios jugadores se dan un toque de atención interno antes del de Mourinho. La diferencia entre el Real Madrid y otros equipos es precisamente la calidad y si la clase no se demuestra ante la portería no se marcan las supuestas diferencias. Los futbolistas lo saben. Mbappé desperdició dos goles antes de desaprovechar el penalti. Vinicius no estuvo y solo surgió para fabricar dicha jugada. Poca aportación. El resto de jugadores estuvieron bien, pero no explotaron su toque de distinción. Los blancos lo hicieron aceptablemente como conjunto, pero no exhibieron sus golpes de magia. Se estrellaron en la madera o en el portero bético, que fue una valla. Esta historia ya la conocen en el Real Madrid. Están hartos de hacer héroes a los guardametas contrarios y lo que marca la diferencia es que los hagan héroes pero encajen dos o tres goles evitando que sean seis.

Cuando esos cancerberos sostienen la puerta a cero, el Real Madrid conoce el mensaje: tenemos un problema Houston. Lo tuvieron en La Cartuja y esperan que no se repita. Mourinho conoce el déficit: el equipo pierde enteros a domicilio. Anota cuatro goles en casa y fuera sufre para marcar y puntuar. El técnico portugués es sabio. Sabe que se ganó en Barcelona con un gol de Espí a los 90 minutos. En Sevilla se anuló otro golazo del valenciano y Mbappé se compró una escopeta de ferias que disparaba al revés. Y cuando el tiro iba en buena dirección, pegaba en los postes. Resultado: cero puntos.

Concentración y tensión

El toque de atención de Mourinho es lógico, analítico, indiscutible: se fallan goles porque no estamos concentrados en las jugadas decisivas, en el pase y en el remate. El entrenador advierte de que hay que estar enchufado desde el minuto uno para marcar y no pensar que a la tercera será la vencida, porque se falla también o se manda el balón a la madera. Y llega el gol del enemigo en el único contragolpe. Y entonces empiezan las prisas, la precipitación y se produce la derrota.

Son futbolistas muy experimentados y saben que esto ocurre. Cristiano es el ejemplo. Tenía instinto asesino desde el primer minuto. No perdonaba. Mbappé y Vinicius sonríen cuando se desperdicia una oportunidad porque piensan que van a llegar más. Y así sucedió. Pero Vinicius solo funcionó una vez y Mbappé desaprovechó todas. El mensaje es que no hay que pensar que el acierto llegará, lo que hay que hacer es atar los puntos, conseguir el gol y después, con tranquilidad, asegurar el partido con más tantos. Nada de esto sucedió. El mensaje del jefe de la plantilla es que los delanteros deben tener concentración y máxima tensión para rematar en el minuto cinco con la misma urgencia que si fuera el noventa.

José Mourinho charla con Mbappé en el área técnica del estadio de La Cartuja

José Mourinho charla con Mbappé en el área técnica del estadio de La CartujaAFP7 vía Europa Press

La ley de Murphy se cumplió con el Real Madrid en su visita a Sevilla. Mereció ganar y perdió. Probablemente solo se perdería uno de cada veinte partidos como éste, se hablaba en el viaje de vuelta, pero ese mínimo porcentaje se cumplió a la primera. Y a la cuarta se ha perdido. Por eso las figuras como Mbappé, Vinicius y Bellingham deben aparecer siempre. En Sevilla, el inglés luchó sin brillo. Vinicius solo soltó un latigazo y Mbappé tenía el rifle torcido. Derrota. No puede repetirse.

El juicio del partido que realiza el cuerpo técnico es que el Real Madrid jugó bien. Mourinho adujo que no tenía nada que reprochar a los futbolistas. Pero también observa que faltó constancia en el fútbol madridista. Sus pupilos ejecutaron un primer tiempo brillante sin gol y bajaron de decibelios en el segundo. Ese fue otro de los errores. Las sustituciones no ayudaron demasiado. Los cambios de Pellegrini fueron mejores. En el Real Madrid solo Espí aportó cosas buenas y el VAR de Iglesias Villanueva le frenó.

El análisis de la derrota indica también que el cambio de Güler fue el primero y el madridismo no lo comprendió. El turco rinde mejor que otros centrocampistas. Son detalles que se suman al menor funcionamiento del Real Madrid en el segundo tiempo. Faltó fuerza, fondo físico. Con esa deficiencia, creó suficientes ocasiones para ganar con claridad y no lo hizo. Es una advertencia. Los goles no van a llegar solos y hay que cazar el oso antes de vender la piel.

Espí debe jugar más

Los hechos dejaron otra reflexión interna. Espí lleva el gol en la sangre y en la cabeza. Se ha ganado jugar más minutos cuando las cosas van mal. Y quizá también cuando las cosas van bien. Nadie marcaba en el Villamarín y el valenciano lo hizo a la primera y con un golazo. Pero con Iglesias se han topado.

Hay un segundo dato táctico muy importante: Mbappé tiene más ocasiones de gol cuando a su lado juega un ariete clásico. Espí abre huecos al francés, fija a los centrales y libera metros a Kylian para entrar con mayor metros de zancada en el área. Espí recibe el balón y se lo da a Mbappé en un toque para que dispare. El número diez estuvo negado en Sevilla, pero no siempre lo estará. Espí le hace pasillo.

Debe jugar más. Mourinho habló con sus futbolistas para que asumieran que esto puede suceder. Merecer ganar y acabar perdiendo. Deben estar preparados para ello, pero no puede repetirse. Para ello hay que buscar el gol con el instinto asesino del último minuto. Y marcar. Y no pensar que el gol llegará tarde o temprano, porque el problema es que puede llegar antes el gol del rival y entonces todo se complica.

El portugués inyecta confianza a sus hombres. Llega la Champions, viene el Inter, y hay que sacar el instinto cruel de la Champions. Limpiar el rifle y jugar con constancia. La continuidad de rendimiento es un mensaje para varios futbolistas que se han mostrado muy irregulares, como un Guadiana. Vinicius el primero. Quiere un río de fútbol perenne, no apagones. Hay que empezar la Copa de Europa con buen pie. El diálogo táctico y psicológico ya ha comenzado.

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