¿El penalti a Kylian? Raro, sí. Mil peores no le pitaron
La jugada abrió el triunfo del Madrid que hizo tres en el primer tiempo como pudo hacer cinco o seis. La chicha se confirmó pronto, lo del Camp Nou tenía continuidad. Luego el equipo manejaba el partido, la pelota, las ocasiones, la personalidad, todo eso.
El penalti pitado a M’Bappé, minuto 10, agitó una tarde más la Liga portuguesa que nos invade. El sábado, el Oporto ganó en Valencia al Levante (0-2) y en su casa lisboeta, el Sporting goleó al Alavés, 6-1.
Ayer, el Benfica tomó Santander. El Madrid en clave portuguesa es el Benfica, como en Alemania es el Bayern y en el baloncesto ruso, el glorioso CSKA de Moscú. 30-28-27 es el puntaje de los tres grandes lusos. Os Lusiadas. Los hijos de Luso. Y de Eusebio, Figo, el enorme Jorge Costa. Y de tantos. Hijos de Camöes, por supuesto.
El caso es que el delantero francés entró en el área en plan bala y un defensa estiró su brazo en osada decisión por interceptarle. Le invitó a caer y cayó. Y se armó.
¿Falta, no falta? Más claro tengo que hemos visto unas mil jugadas, vale, pongamos quince jugadas catedralicias no pitadas al mismo jugador desde que llegó al Madrid.
Una de ellas le hizo entrar en el glorioso club de los futbolistas que han derramado su sangre por él. Un magnifico codazo del defensa Víctor Reis del Girona. Y además, en el Bernabéu. El partido acabó 1-1.
La jugada abrió el triunfo del Madrid que hizo tres en el primer tiempo como pudo hacer cinco o seis. La chicha se confirmó pronto, lo del Camp Nou tenía continuidad. Luego el equipo manejaba el partido, la pelota, las ocasiones, la personalidad, todo eso.
Pintaba que así sería pues el once que ganó el Clásico presentó sólo dos novedades: Courtois, vencida la gripe, y Trent por el lesionado Valverde. Lo normal era la continuidad y eso pasó.
Puede afirmarse pues que el Madrid sabe por fin a lo que juega, lo que le interesa, lo que debe hacer: es finalmente un equipo, luego capaz de todo.
La segunda parte la inició en plan viejos tiempos y el Racing se le acercó. Duró un cuarto de hora. Mitad porque la cabra acaba tirando al monte y la otra porque el miércoles le espera Atenas y el sábado, Valencia.
Un par de gritos de Mourinho espabilaron a los muchachos que trataron de conquistar algo tan sorprendente como que este fue su primer partido fuera en el que no encajó gol. Hay que ver.
Bernardo hace honor a su hombre, hola Schuster. Cucurella volvió a darlas todas. Güler falló un pase el tiempo que jugó. Bellingham está imperial. A su lado Tchouaméni está en su mejor versión y tal.
Y tal es Diomande. Un tipo que corre igual para arriba que para abajo, que desborda, que dribla, que combina y que tiene un cañón en cada pierna.
Sí: dos años después, el Madrid vuelve a ser real. O mejor: dos años después sabe cómo volver a ser real, que tiene que ver también con la realidad.
El partido, en fin, se animó cuando el juez de línea señaló penalti por una mano de Tchouaméni, que confirmó una de mis viejas teorías: no todas las manos son penalti, cosa que el caballero en cuestión desconoce.
El hombre confundió al árbitro y el VAR lo sacó del error. Jamás eso puede ser, oigan, atentos, ojo, pásmense, ¡¡¡pena máxima!!! Se corrigió y el ‘despitador’ fue abrazar a su auxiliar, lo que habla de su bondad: otro se habría acordado de sus muelas.
Es decir: un penalti discutido a favor del Madrid y un penalti en contra finalmente no pitado. Y sin pagar siquiera 17 días al número 2 de los árbitros. Tiene arte. ¿Significa algo? Sí, que no se fie. Y ya nos entendemos.