Ley de Nietos para el portero de Uruguay
Iba el primer tiempo para un 0-0 frustrante cuando a Baena le salió un tirito y el buen nieto se lo tragó entre el asombro popular. Como fue la cosa que el pobre le pidió el cambio a su entrenador nada más llegar al descanso. Ese gol estaba cantado que le iba a dar el triunfo a una España irreconocible.
Sí, hay que darle la nacionalidad española a Fernando Muslera, arquero de Uruguay nacido en Buenos Aires. La Ley de Nietos nos viene de perlas.
Lo de menos es si tuvo un abuelo español. A ver si nos vamos a meter precisamente con el suyo, con lo que el chico hizo por la selección, o sea por España.
Dudo que existan muchos nietos a su altura. Y por lo que cuentan sobre las inscripciones de 'aquellos tiempos', lo demostrable rondará el 40 por ciento. Hágase.
Iba el primer tiempo para un 0-0 frustrante cuando a Baena le salió un tirito y el buen nieto se lo tragó entre el asombro popular. Como fue la cosa que el pobre le pidió el cambio a su entrenador nada más llegar al descanso. Ese gol estaba cantado que le iba a dar el triunfo a una España irreconocible.
No, que Uruguay marcara entraba en lo brujo. Pintaba a 1-0 desde que se sacó de centro y así acabó. Con un mal final charrúa, con patadas a diestro y siniestro en una exhibición de impotencia impropia de su historia.
Un país pequeño pero preñado de gloria futbolística–así lo definió el maestro seleccionador Omar Borrás en el 86–sufrió una mancha fea en su currículo. Un equipo puede estar en crisis, jugar muy mal, pero atentar contra la salud de un colega, la verdad...
España puso fin a su maldición aquella que desde 2010 había ganado en una fase final de Mundial a Irán, Australia y Costa Rica. Puede añadirle a Uruguay. Y normalmente ganará a su rival en el primer cruce, Austria o Argelia. Luego, veremos pues el rival podría ser Portugal. Estaremos en octavos luego será inevitable que la cosa se empine.
¿Y? Pues podemos ir pidiendo la cicuta o pensar que ríanse de La Metamorfosis, la de Kafka o la de tantos equipos que empezaron entre dudas y acabaron triunfadores en mundiales y similares.
Esperábamos otra cosa, esta es la gran verdad. Con el triunfo de ayer son 34 partidos sin conocer la derrota, cima a la que no había llegado ninguna selección. Ni el Brasil de Pelé. Y a esa machada no se llega de rebote.
España había jugado magníficamente bien muchas veces y lo más chocante ahora es la falta de juego. Esa delicia que maravilló durante meses no aparece en este campeonato. Media hora ante los árabes y siendo generosos. No hay juego, no hay cabeza y faltan piernas: un panorama, vamos.
Sólo la defensa está a su nivel. El centro del campo mágico, Rodri-Pedri-Fabián, apenas existe. Merino viene de lesión larga. Zubimendi fue un día suplente en el Arsenal y sigue así.
Un resumen de la situación: 76 minutos de Lamine, cero goles, cero asistencias. Verle agacharse, manos en las rodillas, fue un cuadro. No está tampoco en el momento físico ideal, problema que atenaza a otros jugadores clave.
No. Aquella España no aparece. Ha acabado primera de grupo. Ha burlado a Messi y compañía. No ha encajado gol. Botella medio vacía o medio llena. No nos van a cobrar si apostamos por esta. El fútbol siempre te ofrece un clavo ardiendo. O tres. Algunos funcionan.