Métodos mafiosos al servicio de Sánchez
La imputación de la directora de la Guardia Civil, como antes la condena del fiscal general, señalan y describen al propio presidente
Solo algo supera en gravedad a la asfixiante corrupción que acorrala a Pedro Sánchez, a su Gobierno y al PSOE: la sospecha, más que fundada, de que además de asaltar el dinero público con todo tipo de chanchullos, enchufes, trampas y comisiones, se utilizó el poder político para conspirar contra el Estado de derecho y evitar que hiciera su trabajo para frenar esa pandemia delincuencial.
La condena al fiscal general del Estado, por un delito cometido en realidad para derribar a un adversario político, Isabel Díaz Ayuso, es ya una prueba infame de eso: los propios jueces señalaron que las andanzas de Álvaro García Ortiz estaban en sintonía con la Moncloa, sin duda instigadora de una cacería infame en la que se intentó acabar con la presidenta madrileña utilizando, con métodos mafiosos, los problemas de su pareja con el fisco, de mínima relevancia y en todo caso privados y ajenos a ella.
Y ese mismo espíritu, multiplicado, está presente en la imputación de la directora general de la Guardia Civil y de su DAO: en síntesis, el juez Pedraz cree que hay materia para sospechar que Mercedes González y Manuel Llamas se alinearon con la Mafia montada y financiada por el PSOE para sobornar o derribar a miembros de la UCO, de la Fiscalía o de la judicatura.
Y, además, para tratar de frenar cuantas investigaciones del Cuerpo, a las órdenes de los jueces, pudieran perturbar a Pedro Sánchez y a su familia.
La mera sospecha ya sería escandalosa e incompatible con la continuidad de ambos al frente de la Guardia Civil. Pero es que no solo hay indicios solventes: también se acumulan pruebas incontestables de que Mercedes González se reunió con la cabecilla de la llamada cloaca varias veces, de que ella y su superior, el ministro Marlaska, mintieron al negarlo, y de que se les puso todas las trabas y advertencias posibles a unos cuantos agentes para dificultar su impagable trabajo.
Por resumirlo, quienes más deberían ayudar al esclarecimiento de los casos de corrupción, más conspiraron en apariencia para que quedaran impunes, llegando al nefando punto de colaborar con quienes se concertaban para lograr, por ejemplo, «matar a Balas», el ya legendario mando de la UCO detrás de algunos de sus informes más sonados.
Que el propio Pedro Sánchez no haya dejado de respaldar a Mercedes González, como antes a García Ortiz y ahora también a Zapatero, cierra el círculo: el líder del PSOE se escuda en el tecnicismo de la presunción de inocencia para, en realidad, confesar su complicidad con todos ellos y seguir utilizando sus poderes para mantenerles en sus cargos. Al fin y al cabo, él era y es el máximo beneficiario de los posibles delitos perpetrados por tanto sinvergüenza con galones.