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Editorial

El enemigo no es Italia

Que el Gobierno español haya reaccionado con reciprocidad solo puede empeorar la situación. Que probablemente es lo que quiere el Sánchez para que no se hable de la gravedad de lo que ha ocurrido

La deriva desnortada de la diplomacia española se agrava cada día. Y la gravísima crisis con Marruecos es la evidencia incontestable de que España es hoy un hazmerreir en la escena internacional.

La base de los acuerdos de Schengen, que España suscribió el 25 de junio de 1991, y entró en funcionamiento el 26 de marzo de 1995 con la eliminación de los controles en las fronteras interiores del espacio Schengen es que cada país miembro se compromete a garantizar las fronteras de la Unión Europea en las que ese país linda con un territorio que no es miembro de la Unión. Ésa precisamente es la obligación de España en Ceuta y Melilla y en sus costas.

Quizá la primera reacción del Gobierno de Giorgia Meloni no fue la más diplomática, pero tenía razón al decir que España estaba incumpliendo sus obligaciones. Y no olvidemos que el viceprimer ministro, ministro de Asuntos Exteriores y secretario de Forza Italia, Antonio Tajani, es un gran amigo de España que ha llegado a dirigirse en español a las Naciones Unidas y al Parlamento Europeo cuando se pretendía promover la oficialidad del catalán. ¿España no es capaz de dialogar con un amigo probado como Tajani pero sí con el país que te manda 70.000 ocupantes?

En Italia se ha puesto en marcha un control aleatorio del pasaje que llega de España y eso es un resultado sólo atribuible a los errores de gestión del Gobierno español. Que el Gobierno español haya reaccionado con reciprocidad solo puede empeorar la situación. Que probablemente es lo que quiere el Sánchez para que no se hable de la gravedad de lo que ha ocurrido. Es bien conocida la capacidad de este Gobierno para elaborar relatos que difuminan la seriedad de lo sucedido. Porque el problema lo tenemos con Marruecos, no con Italia. Y sólo se intenta engordar el problema italiano para que no hablemos del marroquí: la violación de nuestras fronteras, una flagrante invasión, vino de Marruecos, no de Italia que está reactivando la frontera con España. Y, según las declaraciones del ministro de Asuntos Exteriores del Reino de España, Marruecos es un aliado ejemplar y al embajador de Italia en Madrid se le llama a capítulo pidiéndole explicaciones sobre las iniciativas de su Gobierno.

Señor Albares, por más que ustedes se nieguen a reconocerlo, quien tiene que dar explicaciones es la embajadora de Marruecos en Madrid. Pero ya sabemos que nuestro Gobierno no se atreve a plantar cara al Reino de Marruecos. Esperemos que algún día sepamos por qué.

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