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José Manuel Cansino

Los adelgazantes inyectables retan a hostelería y supermercados

La industria se prepara para un escenario donde la menor ingesta calórica redefina los patrones globales de consumo a largo plazo

La irrupción masiva de fármacos orientados al control de la hormona GLP-1 (como Ozempic o Wegovy) ha trascendido el ámbito sanitario para convertirse en una seria preocupación para la industria del consumo y la alimentación. A estos medicamentos se han sumado otros de última generación como el Mounjaro –cuyo principio activo es la tirzepatida– y que se utiliza principalmente para el tratamiento de la diabetes tipo 2 y el control crónico del peso corporal (obesidad o sobrepeso).

Al suprimir el apetito y reducir el deseo por comer, estos tratamientos provocan una disminución directa en el volumen total de la cesta de la compra, en el ticket medio de sector hostelero y un rechazo hacia los alimentos ultraprocesados, bebidas azucaradas, snacks y comida rápida. Amenazan las cifras de ventas tradicionales del sector.

Esta transformación en los hábitos de los consumidores ha puesto en alerta a la industria alimentaria, cadenas de restauración y distribuidores minoristas, que ven amenazado su modelo de crecimiento en volumen. Firmas financieras e inversores vigilan de cerca a grandes corporaciones ante el riesgo de estancamiento, mientras que cadenas de supermercados ya reportan ligeras contracciones en las ventas de alimentos de alta densidad calórica entre usuarios bajo este tipo de tratamientos.

Para contrarrestar esta disrupción, las empresas de consumo están reorientando rápidamente sus estrategias hacia el desarrollo de productos con alta densidad nutricional y líneas diseñadas específicamente para pacientes tratados con GLP-1. Aunque el impacto definitivo dependerá de la tasa de permanencia en los tratamientos y de la expansión de su cobertura médica, la industria se prepara para un escenario donde la menor ingesta calórica redefina los patrones globales de consumo a largo plazo.

El pollo se ha convertido en la carne más consumida del planeta, con una producción que crece el 3 % anual. Su éxito se debe a que es muy asequible, que viaja bien a través de culturas, de cocinas, de religiones. Te lo puedes encontrar en cualquier parte del mundo y que es una fuente de proteína en un mundo obsesionado con las dietas y los medicamentos que mencionamos.

El pollo de engorde ha cambiado extraordinariamente desde los años cincuenta. A una misma edad de 56 días, un pollo representativo de 1957 pesaba alrededor de 0,9 kg, mientras que las líneas comerciales modernas pueden superar los 4 kg a los 42 días. La comparación es aproximadamente 0,6 frente a 2,9 kg.

Además, ha habido una reducción del ciclo comercial. Aunque un pollo estándar puede alcanzar los 4 kg si se le deja crecer 8 semanas, el mercado comercial habitual los sacrifica a un peso de entre 2,2 y 2,8 kg, algo que hoy día consiguen en tan solo 35 a 42 días (frente a los más de 80 días que se tardaba en los años 50 del siglo pasado).

Los propietarios de las granjas de pollos y la industria derivada están de enhorabuena. Uvesa, uno de los mayores productores de pollo de España con sede en Navarra, fue adquirida por el gigante agroalimentario ucraniano Myronivsky Hliboproduct (MHP). Uvesa se ha convertido en filial y plataforma de operaciones de MHP en España. A través de esta filial, el grupo MHP adquirió también la empresa avícola andaluza Payán Hermanos ubicada en Granada.

Por otra parte, Avimosa, Grupo Hidalgo y Grupo VMR fueron adquiridas por el grupo neerlandés Plukon Food Group. Este grupo (uno de los líderes avícolas de Europa) ha llevado a cabo un ambicioso plan de compras en España. Adquirió la histórica empresa avícola madrileña Avimosa (Avícola Moraleja), que se sumó a las compras previas de la compañía manchega Grupo Avícola Hidalgo y del Grupo VMR.

Según la OCU, la cesta promedio de la compra cuesta hoy un 41 % más cara que en 2019. Productos esenciales como los huevos, la carne, el pescado o las frutas se han encarecido entre un 25,7 % y un 90 % en estos años. Los huevos se han encarecido un 90 % desde el año previo a la pandemia. Las legumbres, las frutas, la leche y las patatas un 63,6 %, un 60 %, un 53,7 % y un 51,5 % respectivamente. La carne ha subido un 46,1 %, el café un 45,6 %, la pasta un 40,8 % y el aceite un 40,3 %.

Así pues, las inyecciones –que no son precisamente baratas– y los super pollos nos ayudan a afrontar estos tiempos en los que el poder adquisitivo apenas se mueve y naciones como España crecen a base de ensanchar una población que, aún comiendo, se esfuerza en embridar apetito y cartera.

  • José Manuel Cansino es catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla, profesor de San Telmo Business School y académico de la Universidad Autónoma de Chile / @jmcansino
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