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José Manuel Cansino

Lo que probablemente no sepa de la industria militar española

Actualmente, la disuasión entre países no se mide tanto en las capacidades militares de unos frente a otros sino en las tecnologías disponibles por unos y otros

En 2025 se mantuvo la tendencia en el incremento del número de conflictos armados en el mundo hasta escalar a un total de 65 en 35 países diferentes. Esta cifra es la más alta desde 1946, lo mismo ocurrió el año anterior, y deja bien a las claras la incapacidad de los organismos internacionales nacidos de la II Guerra Mundial para generalizar la paz mundial.

Aunque las nuevas formas de guerra híbrida no pongan el foco en el número de víctimas mortales como ocurría con las guerras convencionales, todavía los muertos son muchos (245.000 el año pasado) y se concentraron en los conflictos entre Rusia y Ucrania, la ciudad de Gaza y Sudán. En este último caso –con sorprendente silencio mediático–, fue particularmente cruento el asedio y ataque a la ciudad de El Fasher. El número de muertos en acciones de guerra en 2025 ocupa el cuarto lugar en el ranking posterior a la finalización de la guerra fría. La fuente de los datos es el instituto noruego PRIO.

La guerra es crueldad, dolor, negocio y aviso para estar prevenidos aplicando el conocido latinazgo de «si vis pacem para bellum». Fue lo que dijo el escritor romano Vegecio en su libro Epitoma rei militaris, si quieres paz, prepárate para la guerra.

¿Con qué nos encontramos si nos asomamos a las capacidades militares de las empresas españolas? La facturación de las empresas incluidas en la Asociación Española de Empresas Tecnológicas de Defensa, Seguridad, Aeronáutica y Espacio (TEDAE) para 2024 fue de 16.153 millones de euros, equivalente a apenas el 1 % del PIB nacional de ese año. Así lo señala un informe de PwC aunque no debe confundirse el volumen de facturación de las empresas con su contribución al PIB; para ver este impacto hay que tomar la cifra de valor añadido que es inferior al volumen de facturación y sumar luego sus efectos indirectos e inducidos.

Aplicando los criterios de clasificación de la OTAN, el gasto total en seguridad y defensa fue de 20.392 millones, el 1,3 % del PIB de 2024

La rama de actividad con mayor volumen de facturación fue la aeronáutica –11.370 millones– que se dividió casi por mitad en uso civil y militar. En el extremo opuesto tenemos una facturación muy débil de 187 millones para seguridad y 150 millones de gasto en Espacio para uso militar. Aplicando los criterios de clasificación de la OTAN, el gasto total en seguridad y defensa fue de 20.392 millones, que roza el 1,3 % del PIB de 2024.

El Instituto de Estudios Económicos publicó a comienzos de este año una actualización de datos para 2025 que confirmaban el predominio del sector aeronáutico (con el 58 % de la facturación del conjunto del sector de defensa y seguridad) seguido del naval con casi un 12 %. El primer sector está dominado por el grupo Airbus con el 60 % mientras en entre las empresas que abastecen el resto de sectores sobresalen CEPSA, Navantia, General dynamics, Rheinmetal Expal e ITP aero.

Desde la perspectiva de las exportaciones, Airbus Defence & Space, Airbus Military, Indra, Navantia, Cepsa/Moeve, Rheinmetall Expal, ITP Aero y General Dynamics–Santa Bárbara Sistemas, concentran aproximadamente el 89 % de las ventas internacionales españolas de defensa. Sin embargo, es una atribución generosa a la economía española dado que la mayoría pertenecen a conglomerados multinacionales donde el capital español no es el mayoritario.

Actualmente, la disuasión no se mide tanto en las capacidades militares sino en las tecnologías disponibles

¿Estamos preparados para la guerra? Actualmente, la disuasión entre países no se mide tanto en las capacidades militares de unos frente a otros sino en las tecnologías disponibles por unos y otros.

Las capacidades militares de los países OTAN dependen de la tecnología de EE.UU., incluso aquellas que se desarrollan en los países miembros. Pongamos como ejemplo las nuevas fragatas 110 fabricadas por Navantia. Esto que escribo lo expuso el General Ballesteros, ex director del CESEDEN, en un interesante seminario organizado recientemente en Sevilla por la UNED.

El Sistema AEGIS es el «cerebro» del buque; recibe la información de todos los sensores y decide cuál es la mejor respuesta ante una amenaza. Fue desarrollado por la gran corporación estadounidense Lockheed Martin. Supongamos pues que queda fuera de uso una placa de un radar y hay que reemplazarla. La Armada tiene que pedir una nueva placa a Lockheed Martin y ésta tiene que pedir autorización al Pentágono para enviarla a España. Así pues si no hay autorización no hay placa ni fragata F110 operativa.

Por cierto, con cuatro fragatas de este tipo, una en cada esquina de la península, se puede desarrollar un sistema antimisiles. Sólo se necesitaría tener capacidad para fabricar misiles interceptores del tipo Patriot PAC-3, Aster 30 o SM-6. Desengáñense; no la hay. Hay excelentes empresas españolas que fabrican parte de sus componentes pero ninguna con nivel Tier 2; esto es, con capacidad de fabricarlo.

José Manuel Cansino es catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla, profesor de San Telmo Business School y académico de la Universidad Autónoma de Chile / @jmcansino
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