Fundado en 1910
Editorial

La Audiencia Nacional señala a Sánchez

El auto que confirma la invasión y señala a Marruecos pone sobre todo en solfa la indecente actitud del presidente socialista

La Audiencia Nacional ha decidido abrir una causa penal por la invasión de Ceuta en la que, lo más relevante, es que señala directamente a Marruecos como inductor de un delito contra la soberanía territorial de España, que es lo que fue en origen y sigue siendo, incomprensiblemente, en estos momentos.

La decisión coincide con las conclusiones provisionales de la Policía Nacional y de distintos departamentos de la Inteligencia española, todos ellos denigrados por el Gobierno que debía encabezar la denuncia pero, tristemente, se ha posicionado a favor del invasor: la sumisión de Sánchez ante Rabat no solo es intolerable, sino que además es condenable en términos institucionales y, tal vez algún día, judiciales.

Porque no tiene sentido negar lo evidente, convertirse en un humillado cómplice del agresor, alimentar las consecuencias del ataque permitiendo la ocupación infame de Ceuta y, además, descalificar, señalar o incluso acusar a los Cuerpos de Seguridad. Y eso es lo que ha hecho el presidente del Gobierno, cuya incompetencia dolosa ya sería en sí misma motivo de dimisión.

Y con eso no llegaría, pues cabe preguntarse si su inepcia es fortuita o, por contra, está inducida por el chantaje personal que pudiera haber sufrido desde Marruecos, según todos los indicios responsable del acceso ilegal a su móvil personal y propietario de toda la información y secretos que allí pudiera guardar el líder socialista.

La mera sospecha ya es suficiente para repudiar a Sánchez, que lejos de ser el primer muro de contención de Marruecos está siendo su mejor aliado, indispensable para que el plan de anexión de Ceuta y de Melilla avance, según la razonable denuncia de Feijóo o Vivas, por el camino diseñado: nada mejor que consolidar una presencia masiva e ilegal para, poco a poco, conquistar el espacio deseado y agotar o expulsar a los sufridos ceutíes; abandonados por un Gobierno indecente pero respaldados y queridos por la inmensa mayoría de españoles.

Al auto de la juez Tardón se le añade la decisión del Tribunal Supremo de investigar si, además de no haberse evitado ni revertido el acceso masivo de al menos 80.000 marroquíes, se miró para otro lado, desoyendo los avisos que sin la menor duda trasladaron distintos servicios policiales y la inteligencia española, la mejor del mundo en la zona del Magreb: pensar que no se percataron del desplazamiento a la frontera de una masa que casi duplica el número de manifestantes que según el Gobierno hubo en Madrid el 2 de septiembre o que, una vez detectada, no se comunicó el riesgo a las autoridades; es simplemente ridículo.

Y aprovechar la indispensable discreción de todos ellos, que no pueden expresarse en público por la naturaleza de su función, para ponerles en duda y esquivar la galopante negligencia propia, es indigno y más definitorio de un traidor asustado que de un político presentable.

Que en este tiempo también haya acosado al Rey, despreciado a los ceutíes, denigrado a su presidente y presentado los residuales episodios violentos en un estigma de toda Ceuta y de media España retrata la catadura moral, política y humana de un presidente nefando, sin empatía y seguramente asustado por las consecuencias de todo ello. De Mohamed VI cabría esperar cualquier afrenta. Del presidente del Gobierno de España, no. Y aquí hay demasiadas sombras, errores, silencios y complicidades como para no respaldar cuantas acciones judiciales y políticas puedan emprenderse para enjuiciar a esta calamidad sin pozo.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas