Europa, con Ceuta pese a Sánchez y el PSOE
La vergonzosa claudicación del gobierno no encuentra amparo en la Unión, pero ahora toca revertir la infame invasión
La intolerable sumisión del gobierno ante Marruecos, que ha de ser algún día investigada en el Parlamento y ya es objeto de una causa abierta en la Audiencia Nacional, no puede contagiarse a Europa, que debe emitir sin dilación un contundente mensaje a Rabat.
Y lo hará, con mayor o menor intensidad, a pesar del PSOE, cuyo grupo europeo se ha dedicado a minimizar la invasión de Ceuta, retrasar la manera de revertirlo y auxiliar al promotor de una operación bélica cuyo objetivo es avanzar en la anexión de dos ciudades españolas.
Esa sumisión es, además de indigna, sospechosa, pues sitúa al presidente del gobierno como mayor colaborador de un régimen agresivo que por un lado niega su participación en los hechos y se ofrece para enmendarlos, pero, por otro, los incentiva y explota. Sánchez deberá explicar en algún momento, en sede oficial y quizá judicial, a qué se debe esa indecente actitud, consistente en disculpar al atacante, alimentar sus expectativas y abandonar y descalificar incluso a las víctimas de este asalto. Ya que el gobierno no hace su trabajo, aplicando los artículos de la Constitución y la Ley de Seguridad Ciudadana que le permiten actuar con urgencia, ha de asumirlo Europa, sin renunciar a ninguna medida de presión y sanción a Rabat.
No se trata de despreciar la colaboración con un aliado importante, sino de garantizarla sin pagar a cambio un precio inasumible: a Europa y a España les interesa una sana convivencia con Marruecos, pero es Marruecos quien de verdad depende de sus vecinos y eso hay que recordárselo. Sin Rabat, Madrid, Bruselas y el resto de la Unión saldrían adelante. A la inversa, no.
La supuesta prudencia de Sánchez al respecto es, en realidad, miedo a las consecuencias que tendría ejercer con dignidad su cargo, y no para España, que puede asumirlas: es delirante que se esgrima como razón para la tibieza hacia Rabat la necesidad de contener comportamientos que, en la práctica, ya tiene y en grado máximo. Porque no contiene la inmigración masiva ni el narcotráfico ni al yihadismo; y desde luego no respeta la españolidad de Ceuta ni de Melilla, castigadas comercialmente por un país que, él sí, depende de España como vía de acceso a Europa de todos sus productos comerciales.
No se puede humillar a todo un país por evitar algo que ya ocurre, pues con ello se invita a incrementar una presión intolerable que además mantiene secuestrados en su propia tierra a casi 90.000 españoles, sometidos a una invasión intolerable respondida chapuceramente por un gobierno que, ahora, trata un acto de guerra híbrida como una inexistente crisis humanitaria y alaba al promotor de esta vergüenza internacional.
Que los socialistas europeos hayan tratado de minimizar la respuesta de la Unión a este ataque demuestra que, más que un error negligente resumido en todo un presidente del gobierno en la playa mientras se violaba territorio español, hay una decisión premeditada y contumaz de someterse a Mohamed VI, por razones desconocidas, pero en todo caso inasumibles para España.
Europa votará este jueves en favor de España, alineándose con la posición de Estados Unidos por cierto, a quien las trincheras ideológicas de Sánchez han señalado en falso como instigador de la bravata marroquí, pese a haber defendido oficialmente la pertenencia a nuestro país de las dos ciudades autónomas, como no podía ser de otra manera: una cosa es que en Washington se deteste a Sánchez, un desleal y un frívolo cercano cada vez más a China; y otra que se ignore la genuina tradición atlántica de España.
En todo caso, quedarán muy bien las condenas retóricas a Marruecos, pero de poco valdrán si no van acompañadas de medidas coercitivas contundentes en el caso de que no colabore en restituir la situación de Ceuta con urgencia y, desde luego, renuncie a repetir episodios tan salvajes. La bella ciudad es un polvorín ocupado por unos invasores que quieren quedársela y la crisis humanitaria presente allí es la que sufren los ceutíes. A ellos sí que hay que auxiliarles, sin perder ni un minuto más en excusas infumables.