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Novak Djokovic en la ceremonia de trofeos del Open de Australia 2026AFP

«Lo viejo funciona»: la lección de vida de Djokovic pese a haber perdido en Australia

Merece la pena empezar este artículo sobre Novak Djokovic con la frase que más marcó en el inicio del Open de Australia a todos los amantes del tenis que conocen el circuito a la perfección. Desde los jugadores instalados en la élite hasta los trabajadores incansables que año tras año dan la vuelta al mundo peleando por una oportunidad para lograr un hueco en el top 100 aunque solo sea una vez en la vida.

Marco Trungelliti está en esa batalla y, a sus 36 años, sigue luchando por romper la barrera de los 100 mejores, aunque todavía no lo ha logrado. Su mejor clasificación fue el 112 del ranking ATP en 2019, pero siete años después sigue trabajando en conseguir este objetivo y actualmente está en el puesto 134. Sin embargo, su historia refleja lo que es la vida de muchos tenistas que, pese a no llegar a las mejores posiciones, entregan su vida por el deporte rey de la raqueta.

«Lo viejo funciona», ponía en la camiseta con la que se presentó el tenista argentino a disputar la fase previa del Open de Australia. Cayó en la última ronda y el veterano tenista no pudo disputar el cuadro final, aunque ahí estuvieron para honrarle Marin Cilic, Stan Wawrinka y Novak Djokovic. Tres viejos rockeros que siguen haciendo ruido en la élite y demostrando que la pasión puede ganar a la biología.

Por su parte Trungelliti, un tenista al que no mencionamos en vano, competirá esta semana por primera vez en una eliminatoria de Copa Davis. Defenderá la casaca de Argentina en Corea del Sur y logrará un reconocimiento a su carrera, que ha sido de lucha constante. Y es que Marco, pese a ser un desconocido para el gran público, tiene una gran importancia en este deporte porque fue quien destapó la mafia de las apuestas y los amaños que sacuden a los torneos menores. «El dinero en algún bolsillo se queda, y no es el nuestro», aseguró.

Hemos contado todo esto de Marco Trungelliti antes de hablar de Novak Djokovic porque ambos comparten una lucha por el tenis fuera de las pistas. Nole también ha sido una figura clave para conseguir que los jugadores de abajo cobren más y ahora, a sus casi 39 años, está lidiando la que quizás sea su última batalla antes de colgar la raqueta. Djokovic ya es eterno, pero todavía quiere seguir bailando un poco más.

En el Open de Australia 2026 ha demostrado que todavía le queda algo de cuerda. Es evidente que ya no es el Djokovic de goma que llegaba a cada pelota y podía jugar durante más de cinco horas a un ritmo infernal. La edad, pese a todos los esfuerzos que está haciendo, le pasa factura y en físico ya no puede competir contra Carlos Alcaraz o Jannik Sinner. Sin embargo, tácticamente todavía puede dar varias clases y si español o italiano no tienen su mejor tarde puede dar la sorpresa, como hizo ante Jannik en Melbourne.

La lección de vida

Lo que ha hecho Djokovic, pese a haber perdido en la final, en este Open de Australia es una lección de vida. Cualquier niño al que le digan que algo es imposible, o incluso algún adulto que crea que va tarde para hacer ciertas cosas, puede fijarse en Nole. Llevan tiempo retirándolo y él sigue ahí, con la ambición intacta, y decidido a seguir dándose oportunidades, pues puede llegar el día en el que se abra de verdad una posibilidad para que conquiste el Grand Slam número 25. En Australia casi se da, y este año todavía quedan Roland Garros, Wimbledon y US Open.

Es evidente que el tiempo corre en su contra, pero ocurra lo que ocurra, Djokovic sigue emocionando y ha conseguido dejar de ser el villano del tenis. Al fin, tras dos décadas intentándolo, ha obtenido el reconocimiento del mundo del tenis que ahora empuja para que el serbio sonría al menos una vez más. De todos modos, Nole no necesita ya la victoria para marcharse feliz porque solo estar ahí ya es un regalo. Lo mismo le ocurre a Trungelliti, quien tiene sueños más terrenales y de ahí que se le mencione tanto. Y es que «lo viejo funciona» siempre que se cuide y se mantenga la ambición.