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Javier Capapé, experto en fondos soberanos.

Javier Capapé, experto en fondos soberanos

Entrevista

Javier Capapé: «Los fondos soberanos van a aprovechar las oportunidades que les presente esta crisis»

Los poderosos instrumentos de inversión de países como Singapur o los árabes sacarán partido de las posibilidades de entrar en empresas necesitadas y otros activos que tienen mejores precios como consecuencia de la pandemia y la invasión de Ucrania

Javier Capapé es el mayor experto de España en fondos soberanos, los instrumentos de inversión de los países. Como director del Sovereign Weath Lab del IE Business School, una de sus funciones es coordinar anualmente un informe sobre fondos soberanos que se ha convertido en la gran referencia para el estudio y conocimiento de este sector. Aprovechando el momento de debilidad que puede producir el actual contexto de crisis sobre empresas y países, le preguntamos por el papel que puede esperarse de los fondos soberanos más poderosos.

–¿Estamos en un momento propicio para que los fondos soberanos vean buenas oportunidades a precio de saldo?

–Los fondos invierten a largo plazo. Hay muchas operaciones que pueden realizarse ahora, pero que no veremos materializadas hasta dentro de un tiempo. Lo que está claro es que este tipo de fondos aprovecha estas oportunidades. El fondo soberano de Abu Dabi, IPIC, compró CEPSA entre 2009 y 2011 en un momento de crisis económica en España. Da pistas sobre cómo actúan los fondos soberanos. Sigue siendo la mayor inversión de un fondo soberano en España en volumen total (IPIC adquirió en 2009 el 47 % de Cepsa por 3.600 millones de euros y en 2011 se hizo con el resto por 3.700 millones).

–¿Surgirán oportunidades en Rusia?

–En otras ocasiones los fondos pueden haber visto más o menos rápido el riesgo de un ciclo económico, y haber decidido su inversión con fundamento. En Rusia todavía no está claro. No sabemos la duración del conflicto ni el nivel de aislamiento del país. Habrá que ver la capacidad de las empresas rusas para sostenerse y generar rendimiento. Luego hay terceros países que se van a a ver afectados por la crisis, pero van a generar oportunidades muy interesantes. Muchos de los países productores de petróleo ganan dinero con niveles de petróleo diez veces más bajos que los actuales. Una vez que el beneficio pasa por el presupuesto público para cubrir las necesidades de recuperación que todavía tienen después de la covid, pasa directamente a los cofres del fondo soberano. Eso aumenta su disponibilidad de liquidez para desembolsar. Es un problema al que ya nos enfrentamos hace años con la escalada de los precios del petróleo. Una empresa en la que había invertido el fondo soberano de Catar nos decía que sus gestores les comentaban que tenían un problema de abundancia: no sabían dónde poner todo el dinero que tenían. Eso puede dar lugar a entradas. Habrá que ver en qué sectores continúan.

–¿Qué sectores ve los más probables?

–Últimamente las inversiones han abundado en tecnología, tanto en número de operaciones como en volumen invertido. El segundo sector en volumen es infraestructura. Los fondos mantienen la necesidad de desembolsar niveles de capital muy altos, y la infraestructura les da esa posibilidad. Invertir millones en miles de compañías es mucho más caro que hacerlo en carreteras, puentes, aeropuertos... También en infraestructura de telecomunicaciones, logístico, compras de naves... Y empiezan a abrirse a nichos más específicos, como por ejemplo los centros de datos de hiperescala: son los centros de datos que sostiene cualquier videollamada, el metaverso, las criptomonedas... Los fondos ya invirtieron de manera masiva en logística: en las empresas europeas de ese sector hay fondos soberanos, ya sea de Noruega, de Singapur o de China. Han entendido cuál es la infraestructura del mundo hacia el futuro. Han dejado de invertir bastante en puertos o aeropuertos, que era donde veían más recorrido. Si vamos hacia un mundo más regional, tendrá sentido esa apuesta. Si volvemos a la globalización, después del parón ruso, quizá hayan perdido parte de la apuesta. Esa infraestructura sigue interesándoles, pero han girado hacia las telecomunicaciones y la logística.

–¿Espera que los fondos soberanos aprovechen especialmente esta crisis?

–Sí, porque la anterior crisis, la de la pandemia, les vino con una caída de los precios del petróleo en paralelo que supuso para ellos una doble crisis. Aquí no la vivimos tanto porque solo tuvimos la sanitaria; allí tuvieron la sanitaria y la de recurso principal. Ahora eso no se está dando, de modo que para ellos es un momento muy atractivo; sobre todo como inversores a largo plazo, más que para invertir en mercados de riesgo país muy complicado. Los fondos siguen siendo muy conservadores en su elección de países. Estados Unidos supone todavía el 22 % de las operaciones por volumen. En número de operaciones representa un tercio. Es interesante el ascenso de India. Si sufre ahora parte de la crisis que pueda darse de suministro y cadena de valor global puede ser interesante que abra oportunidades de inversión. Como China, empieza a ser un país que ofrece oportunidades en infraestructuras, también de telecomunicaciones y digitales. Los fondos aprovechan tendencias de largo plazo. Dicen: vale, India va a ser así y es imparable, porque la demografía es relativamente fácil de predecir a medio-largo plazo, y apuestan.

–¿Cuáles son los fondos soberanos más importantes ahora?

–Los que compran fuera siguen siendo los más activos. También sus operaciones son más visibles. Los líderes continúan siendo los fondos de Singapur: Temasek y GIC. El 50 % de las operaciones que se desarrolla cada año las realizan ellos. Su nivel de actividad es muy superior al del resto. Son los más profesionalizados y los que han liderado siempre la apertura a nuevos sectores: centros de datos de logística, tecnología, biotecnología, etc. Un dato interesante es que este año India, China y Singapur superan a Estados Unidos en número de operaciones por primera vez en los doce años que llevamos haciendo el informe. Tras los fondos de Singapur viene Mubadala, que ya tiene mucha interacción con España. Recibe parte de los fondos del crecimiento de los recursos que provienen del petróleo y el gas natural. Es uno de los fondos más activos. Ahora es el tercero en número de operaciones. Ha ido creciendo en los últimos cinco años. Invierte mucho en tecnología y biotecnología, pero ha entrado también mucho en salud, que interesa mucho a los fondos. Los centros de tercera edad, por ejemplo, van a necesitar inversión, sobre todo en Occidente. Catar es otro de los fondos que más actividad tiene, y que más posibilidad posee de aprovechar el tirón de su gas natural, principalmente. Destacaría otro que está apareciendo menos pero que está cogiendo un vuelo increíble: el Public Investment Fund (PIF), de Arabia Saudí. Desde la crisis de precios anterior a la covid tuvo que redefinir la estrategia de inversión del fondo y dotarlo de una gran carga doméstica si querían ganar relevancia. Ellos nacieron pensando ser el fondo soberano más grande del mundo. Ahora mismo están en 500.000 millones, que es un poco menos de la mitad que China o Noruega. Si la escalada de precio del petróleo se mantiene durante un tiempo, que puede ser por la reducción de oferta rusa, va a favorecer que esos mismos recursos ya sirvan como un programa de inversión doméstica y puedan dedicar el fondo a hacer inversiones internacionales. Parte de la salida a bolsa de Aramco estaba diseñada para nutrir de fondos al fondo soberano. Están dotándose de capacidades propias para empezar a tener una inversión propia y privada mucho mayor: compra de inmuebles, infraestructuras, coinversión, etc. Luego Noruega es un fondo que solo invierte en empresas cotizadas. Por supuesto se va a beneficiar mucho del aumento de los precios. Sobre todo exportan gas natural, pero también hacían exportación de petróleo. No han dejado de salir en las noticias porque tienen una serie de limitaciones frente a Rusia que los otros no tienen. Mubadala ha hecho una serie de alianzas valoradas en 7.000 millones con Rusia. No está sujeta a las sanciones impuestas por Europa, mientras que el fondo de Noruega sí lo está.

–¿Y a España, cómo pueden afectarle los fondos soberanos?

–Cofides coinvierte junto con Omán en un pequeño fondo de capital riesgo que tiene en cartera seis empresas y llegarán a a tener nueve-diez operaciones. Es un fondo pequeño: solo 200 millones. Eso no cambia la economía española. Ya han hablado, y están pendientes de que se concrete, un acuerdo de inversión con Mubadala, que podría ser mucho más importante de lo que hemos visto. Podría disparar las posibilidades. El fondo de Omán ha invertido en una empresa de firma digital; en dos de alimentación, que es un objetivo claro de los fondos internacionales; empresas de biotecnología, de energía renovable y de industria, que es donde España es fuerte en exportaciones; por ejemplo, en máquina herramienta. En la parte de renovables hay una cierta sensación por parte del inversor internacional de que en España hay conocimiento. Renovables, alimentación, exportación e industria son atractivos para el inversor; también porque tienen esa lógica que hay detrás de los fondos, que les induce a llevarse de vuelta hacia sus países algunas de las inversiones para establecer allí fábricas, centros de producción, de I+D, etc. Esas inversiones tienen un impacto muy interesante en su país, que es también lo que buscan.

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