Enrique Sáez, delante de la sucursal coruñesa del Banco de España
Entrevista
Enrique Sáez Ponte, economista: «El efectivo solo es imprescindible para la economía criminal»
Autor de La energía oscura del dinero 2.1, defiende que ha llegado el momento de eliminar el papel dinero, que considera un aliado del terrorismo y otros criminales
Enrique Sáez Ponte (A Coruña, 1947) es licenciado en Derecho y en Ciencias Económicas. Fue directivo de Banco Pastor y es presidente de una de las empresas coruñesas con más solera, Torres & Sáez, fundada en 1894. Es autor de numerosos artículos y de varios libros. El último se titula La energía oscura del dinero 2.1. Llega el momento de eliminar el papel moneda (Editorial Europa Ediciones)
–Hace tres años fui a China. Intenté pagar con una tarjeta y les dio la risa a dos cajeras. Saqué entonces unos billetes y aún se rieron más. Su inglés no era fluido, y no supe qué me querían decir hasta que me mostraron su móvil. ¿El futuro va por ahí?
–Es uno de los futuros posibles. No sé si desaparecerán las tarjetas y se pagará todo con móvil. Probablemente, será un mundo en el que habrá varios instrumentos, pero esto es hacer previsiones y nunca se sabe. Además, cada país tiene sus tradiciones.
–¿Cuándo empezó a articular la teoría principal del libro, la eliminación del papel moneda?
–Empecé a interesarme por esto cuando fui responsable de medios de pago del Banco Pastor. Llegaron los manuales de Mastercard, que fue la primera que sacamos, porque Visa la tenía el Banco de Bilbao en exclusiva, y me los leí en inglés. Yo era un chico listo, había hecho el máster de dirección de empresas del IESE, y empecé a reflexionar. Probablemente, fui de los primeros en el mundo que escribí sobre la desaparición de los billetes. Lo hice en 1994, en un artículo publicado en Expansión.
–¿Y qué decía en el artículo?
–No me acuerdo cómo se titulaba… Espere [rescata un pdf del correo electrónico]. Aquí está: «Matar el papel moneda». Después del 11-S publiqué otro en Cinco días que titulé «El billete de 500 euros, para Bin Laden». Quedaban unos días para que entrasen en circulación los nuevos billetes de euro y ahí me parecía que lo de los 500 euros era una animalada. En gran medida, el efectivo sirve para que exista el terrorismo. Desde del punto de vista de la ética pública, el haber tenido billetes de 500 euros me parece grave: para lo que servían era para que la gente llenase maletines. Porque los hace más fáciles de transportar.
–¿En qué momento su cabeza hace clic?
–Cuando empecé a pensar en estas cosas, veía que el Banco de España protegía el efectivo, porque era como un negocio para ellos, un negocio que les permitía vivir bien, pagar buenas pensiones, tener casas de recreo… Los bancos no podían cobrar por el servicio de caja porque el Banco de España lo prohibía, alegando que ya se embolsaban la comisión de mantenimiento. El efectivo es el sistema de pago más caro que hay. ¿Qué ocurría? Uno tenía una pastelería y llegaba entonces al banco con 17.435 pesetas de recaudación y había que contarlas, guardarlas, evitar que te robaran, evitar que algún empleado hiciera trampas, después transporte blindado, pon también los seguros… Esa parte de los servicios de la banca no se cobraba. El servicio de caja es el más caro que ofrece la banca. Las tarjetas fueron aceptadas muy rápido, pero la gente se quejaba de que les cobrabas una comisión, porque estaba acostumbrada a que el dinero, el efectivo, fuera gratis. Fue cuando empecé a pensar: se ve que el Estado lo considera un servicio público importante, que hay que proteger, porque ayuda a la gente mayor… Pero luego empecé a pensar que también ayudaba mucho a ETA.
–¿Sostiene que ETA no hubiera durado tanto si no existiese efectivo?
–No habría existido como tal. Reproduzco en el libro una carta de extorsión, donde más o menos dice que «por motivos de seguridad» le exigen «la aportación» en billetes. Por transferencia no les vale, obviamente. Esa es la reflexión principal del libro. Que un loco ponga una bomba puedes no evitarlo. Pero lo que no habría existido es una organización estructurada, con comandos, con zulos, con compra de armas en sabe Dios qué países, eso es imposible si no hay efectivo.
–Y me dice ETA como me podría haber dicho el Cártel de Sinaola o la mafia italiana…
–Exacto. Lo que digo de ETA lo puede aplicar también a estos casos. La primera versión de este libro es de 2007. En 2016 publicó un libro titulado La maldición del efectivo un economista muy conocido y reconocido: Kenneth Rogoff, que es catedrático de Harvard y fue el economista jefe del Fondo Monetario Internacional. El primer país que tomó la decisión formal de eliminar los billetes es Dinamarca. Se plantea este objetivo para el 2030. Hay otros países que van en esa línea, pero no han dicho expresamente cuándo van a dejar de emitir papel moneda.
–¿Cómo está funcionado el plan de transición en Dinamarca?
–En Dinamarca no puedes pagar nada prácticamente en efectivo, como le ocurrió a usted en China. En Suecia pasa lo mismo, porque también ha tomado medidas, aunque no ha dicho formalmente cuándo se eliminará el papel moneda. De entrada, desde hace ya unos años los suecos no pueden pagar cualquier cosa pública en efectivo: no puedes pagar un impuesto, no puedes pagar un autobús, un peaje. Es toda una paradoja: el Estado no toca los billetes que ha emitido. Estamos hablando de los nórdicos en general, porque Noruega también está en ello. En el otro extremo del mundo, también Australia está tomando medidas.
Enrique Sáez, delante de la sucursal coruñesa del Banco de España
– Habla todo el rato de billetes. ¿Y las monedas?
– Las monedas tienen un impacto menor en la economía ilegal, sea la sumergida por razones fiscales como la puramente delictiva. Las monedas tienen menor capacidad de ser transportadas. De hecho, Kenneth Rogoff sugiere que un período de transición se eliminen primero los billetes y después las monedas. Yo en mi libro también hago una propuesta similar. El proceso de transición lógicamente ha de ser regulado, en varios años, y supervisado por un comité de expertos. Llegará pronto. Esto va a ir poco a poco.
–¿Pronto? ¿En España o en el mundo en general?
–España es un país con una alta tasa de efectivo, mucho volumen por habitante. Está en la parte alta del ranking. Pero también está en lo más alto en la tabla de delitos por robo. Aunque haya seguridad alta –hay pocos asesinatos–, los delitos contra la propiedad están en un índice muy alto. Y eso es porque en España hay mucha economía sumergida, hay bastante corrupción, hay mucha gente que tiene dinero en casa en efectivo y las bandas del Este de Europa lo saben.
–Pero si no actúan todos los países a la vez, como con el asunto del cambio climático, el problema va a seguir estando ahí, la efectividad en esta lucha económica contra los delincuentes no será del todo efectiva.
–Pero si Dinamarca prohíbe el efectivo, de entrada los que andan con estas cosas ilegales se irán a otro país. Exportarán a todos los delincuentes, lo cual a ellos no les viene mal (ríe). Esto está también en el libro, dónde están los pros, los contras, las precauciones que hay que tener…
–El título del libro habla de «la energía oscura del dinero». Detalle esto.
–En 2020, cayó algo más del 31 % la retirada de efectivo en cajeros, debido a la pandemia. Y eso que había oficinas cerradas y se mandaba a la gente a los cajeros. El importe de los billetes emitidos por el Banco Central Europeo creció un 11 % en 2020, concertado en los billetes de 50, 100 y 200 euros. Mi libro alude a la energía oscura del dinero porque mi planteamiento es el mismo que el de Einstein. El Universo se expande más deprisa que lo que justifica, con las leyes físicas conocidas, la masa que podemos ver: tiene que haber una masa oscura, o una energía oscura. Volviendo al dinero, aquí el efectivo solo es imprescindible para la economía criminal. Bueno, y para la pequeña economía de ahorro fiscal, la ingeniería fiscal. En todo caso, yo lo que quiero con este libro es abrir un debate.
–Parece que los Estados se resisten a este debate. Hablan mucho de digitalización, pero el dinero queda al margen.
–«Digitalización» es una palabra en este momento fundamental. Desde que desapareció la conversión al oro, en los años 70, el dinero tiene dos elementos: información contable y confianza. La información contable es muy manejable por ordenadores. La confianza depende de quién respalde el medio de pago. Pero desde el punto de vista tecnológico, el dinero puede estar digitalizado ya. Lo que pasa es que los Estados se han resistido. Hablan de digitalización, pero nunca hacen digitalización. España no para de aumentar el número de funcionarios, y todo el rato está el Gobierno hablando de digitalizar. Pues ¡digitalice! Yo lo hago en mi empresa y lo hago en gran medida para ahorrar costes y dedicar ese dinero a invertir.
–¿Por qué creen que no lo hacen?
–Yo no quiero pensar mal. Pero los partidos se financian en B. Hay corrupción. Y según la estimación que hago en el libro, si no hubiera billetes sobraba, por ejemplo, la mitad de la Policía. Y a los Estados reducir tamaño no les gusta nada. Uno de los temas a los que se enfrenta el mundo hoy día es ese: la dificultad de cambiar. Si esto se hubiera acometido con tiempo, habida cuenta que estos medios de pago existen ya desde medio siglo, si el Estado no se hubiera empeñado en proteger el efectivo, los bancos habrían empezado a cobrar servicios caros y los señores mayores de hoy se habrían adaptado. Seguimos echando la culpa a los bancos de que reducen servicios, y cosas harán mal seguro, pero ellos se están adaptando a una competencia de mercado. Que empieza a haber competidores sin oficina de caja. Y la gente lo que está diciendo es que les pongas una oficina de caja. Si el Estado hubiera iniciado la digitalización del dinero en la medida que eso fue posible, hoy no tendríamos ese problema.
–Pero es obvio que ese problema existe y es gordo. La campaña «Soy mayor, no idiota» está avalada por el sentido común.
–Claro, claro. Pero mientras no haya un plan, más tiempo tendremos ese problema. La Unión Europea y el Banco Central Europeo siguen apostando por el efectivo. Sobre todo porque para esta institución es todo un negocio. Es el problema de los aparatos. ¡Es tan difícil desmontar un tinglado! Uno de los problemas a los que se enfrenta la humanidad es la capacidad de los Estados para adaptarse al mundo.
–¿Tiene calculado cuánto repercutiría en el PIB la aplicación de la medida que propone?
–Según mi libro, el 8 %. Y hago una estimación que creo que es bastante conservadora. Presupongo también que el Estado recaudaría un 15 % más. O sea, se acabó el problema de las pensiones, siempre y cuando no se dedican después a gastárselo en tonterías.
–Pues es una motivación para hacerlo, dada la crisis generada por la pandemia.
–El Plan Marshall que vamos a necesitar para salir de esta situación va a ser más grande de lo que nos imaginamos. Los americanos no nos lo van a querer pagar. Así que mi propuesta es que lo paguen los malos, o sea, los que defraudan a Hacienda, los que trafican con drogas, con armas, con seres humanos, los que roban, los que atracan…
–¿Cree que el Gobierno español está tardando en hacer un plan como el de los suecos?
–Hace casi dos años, el Gobierno español empezó un debate parlamentario sobre eso. Y la Unión Europea le dijo que no, que no era el camino, que las competencias del efectivo están en manos del Banco Central Europeo y que era obligatorio aceptar el efectivo en las tiendas. En mi tienda yo estoy obligado a aceptar el efectivo. Pero a Amazon nadie le obliga. Repito que el efectivo es el sistema más caro que existe. El principal motivo que ha llevado a Dinamarca a iniciar este proceso no fue la delincuencia, ni la economía sumergida, que allí no es muy importante. Fue por mejorar la eficacia del país. Pura racionalidad. El efectivo es carísimo, pero hay muchos tinglados que viven de esto, y así nacen campañas en favor del efectivo, pero yo creo que algunas de ellas están sustentadas por algunas mafias y por políticos corruptos.
–¿Estamos ante un gran cambio histórico? ¿Ha habido situaciones similares con anterioridad?
–El dinero se inventó hace 20.000 años, muchísimo antes que la escritura. La definición que más me gusta es que es la única mercancía que se acepta a cambio de cualquier otra. Cuando se inventó, la humanidad pegó un salto: empezó a haber más comercio, se pudo empezar a ahorrar… Pero al dinero siempre le ha afectado la tecnología. Se empezó a fundir metales, se hicieron monedas de metal. Llegó la imprenta, empezaron los billetes. Llegaron los plásticos, empezó a haber tarjetas. El mundo se ha digitalizado y esto necesariamente le tiene que afectar. Es la primera vez en la historia de la humanidad, y repito que se inventó hace 20.000 años, en que podemos plantearnos que el dinero sea auditable. No quiero decir que sea totalmente transparente, pero sí que su pista se pueda seguir. Esto tiene sus ventajas, que he expuesto, pero también sus problemas, por ejemplo desde el punto de vista de la confidencialidad, y en sitios como China podría ser peligroso.
–Si a los malos se le cierra el camino del efectivo, no se van a quedar parados. Algo idearán. ¿Podrían ser las criptomonedas una salida?
–Yo nunca he tenido mucha fe en ellas por el elemento confianza. Solucionan el elemento contable, mecánico, del dinero. El blockchain me parece una genialidad como desarrollo para proteger, para evitar que se dupliquen cosas, pero como sistema de pago no está funcionando salvo para algunas grandes organizaciones… Al final, el FBI se lo acaba encontrando, porque es trazable. Así que no me imagino a nadie vendiendo papelinas con criptomonedas.
–¿Qué podrían idear entonces?
–Habrá la tentación de generar personas virtuales. En la medida que no se puede retirar el efectivo, habrá que depositar en algún lado ganancias que se quieran ocultar. Se crearán personas ficticias, como pasa en la película Cadena perpetua.