Onur Genç, Ana Botín y José Bogás
La banca y las energéticas sacan la artillería contra el Gobierno: «No hay beneficios extraordinarios»
BBVA y Endesa se suman a la cascada de críticas empresariales, y Ana Botín avisa: «Si se pagan demasiados impuestos, la gente se marcha»
Suma y sigue. BBVA y Endesa se unieron ayer a la catarata de críticas empresariales contra el Gobierno de las últimas semanas a cuenta de los impuestos a la banca y a las compañías energéticas. Dos tributos que nacieron con vocación temporal, solo para los ejercicios de 2023 y 2024, y que se convertirán en permanentes si prospera el pacto de Gobierno entre PSOE y Sumar. En pocos días se han pronunciado también en contra Repsol, que ha anunciado incluso la paralización de varias inversiones en España, Bankinter o CaixaBank.
José Bogás, CEO de la compañía eléctrica, abría fuego este martes al confirmar, durante la presentación de resultados trimestrales del grupo, que continuarán apelando en los tribunales en contra del tributo. «Es discriminatorio», afirmó, repitiendo un calificativo que también ha utilizado, en su caso contra el tributo a la banca, la CEO de Bankinter, María Dolores Dancausa.
El impuesto, dijo Bogás, sitúa a las empresas españolas «en situación de desventaja competitiva». Poco después se sumaba la presidenta del Banco Santander, Ana Botín, que cargaba contra la excesiva presión fiscal durante la Conferencia Internacional de Banca celebrada por la entidad. «No es ciencia cuántica. Hay que pagar impuestos, pero si se paga demasiado la gente se marcha», aseguró.
La banca y las energéticas han sido precisamente los dos sectores que han llevado la voz cantante en las últimas semanas, sumándose al camino que abrió Antonio Garamendi, presidente de la CEOE. «Estoy en contra de este populismo que solo puede llevarnos hacia abajo», aseguró en el congreso de directivos CEDE, en Granada, pocos días después de que la patronal distribuyera un duro comunicado en el que calificaban de «atropello» las 230 medidas pactadas por Sumar y PSOE.
Botín no estuvo sola ayer. También desde el sector financiero, el CEO de BBVA, Onur Genç, consideraba que el impuesto «no es una buena idea». Pronosticaba también una caída de la inversión extranjera en España: «¿Quién va a invertir en un entorno en el que las normas no paran de cambiar?», se preguntaba.
Lo hacía justo un día después de que Repsol anunciara la paralización de dos inversiones en el País Vasco de 300 millones de euros. «Antes de tomar cualquier decisión de inversión en España, analizaremos si las condiciones son estables y suficientemente atractivas. Si no, se cuenta con otras alternativas», había avisado pocos días antes su consejero delegado, Josu Jon Imaz. Dicho y hecho.
Beneficios ¿extraordinarios?
Tanto el impuesto a la banca como el energético nacieron para gravar los beneficios extraordinarios que ambos tipos de compañías previsiblemente obtendrían en los dos ejercicios posteriores a su entrada en vigor. Las eléctricas y gasistas, por la inflación derivada de la guerra de Ucrania. Y los bancos, por la subida de los tipos de interés.
En el caso de Repsol, el beneficio neto alcanzó los 2.785 millones de euros en los nueve primeros meses del año, lo que supone una caída del 14 %. Según expuso Jon Imaz, es la compañía del sector más afectada por el ‘impuestazo’, al haber tenido que desembolsar 450 millones de euros hasta septiembre. Para Endesa, que ganó 1059 millones en el mismo período, un 36 % menos que el año pasado, el impacto fue de 208 millones de euros.
El tributo, en el caso de las energéticas, grava el 1,2% de la facturación obtenida en aquellas empresas con ingresos superiores a 1.000 millones euros excluyendo los negocios regulados y actividades fuera de España y extra peninsulares. Para los bancos, en gravamen les penaliza si facturaron más de 800 millones de euros en 2019. Algo que, según argumentan, les sitúa en una doble desventaja competitiva: ante las entidades extranjeras y ante las pequeñas entidades y cajas rurales, que sin embargo son líderes en muchas de las provincias en las que compiten.
«No se están produciendo los beneficios extraordinarios que buscaba gravar», aseguró ayer Bogás, CEO de Endesa. Y puso un ejemplo: en España se tiene un 'clawback' de 67 euros/MWh, muy inferior a los 180 euros/MWh establecidos por la Unión Europea.
Además, Bogás subrayó que, en todo caso, el impuesto se debería aplicar sobre el beneficio y no sobre los ingresos. Una fórmula que, según el pacto de PSOE y Sumar, se extenderá a todas las compañías, dado que se reformulará el Impuesto de Sociedades para gravar la facturación y no la base imponible, como hasta ahora, lo que previsiblemente disparará la recaudación y, también, la litigiosidad.
Las principales entidades bancarias acumulan hasta septiembre un beneficio de 20.000 millones de euros, un 23,6 % más
Por parte de la banca, las grandes entidades españolas acumulan hasta el 30 de septiembre un beneficio cercano a los 20.000 millones de euros, un 23,6 % más, debido fundamentalmente al alza de los tipos de interés. Bankinter, con un 59,2 % más, y CaixaBank, con un 48,2 % más, encabezaron las alzas. Su CEO, Gonzalo Gortázar, también calificó el tributo contra la banca como un «tiro en el pie». Y aseguró también que los resultados de las entidades, aunque positivos, no justifican la existencia del tributo porque no son «extraordinarios».
«Por peso somos la quinta entidad del Ibex, pero en rentabilidad somos la quinta», afirmó. «Estamos en un momento simplemente de mejora de la rentabilidad desde unos niveles muy bajos hasta unos niveles razonables», aseguró Gortázar, que comparó su rentabilidad actual, del 11,9 %, con el 15,2 % alcanzado entre 2007 y 2009.