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El presidente Pedro Sánchez, con las banderas de Israel y Marruecos de fondo.Paula Andrade

Las empresas españolas hacen caso omiso al mandato de Sánchez de no hacer negocios con Israel

El presidente del Gobierno y algunos de sus ministros han reiterado en numerosas ocasiones el compromiso de reducir el comercio con Israel, pero parece que no se está haciendo tanto.

Un ejemplo claro fueron los datos oficiales de defensa que se publicaron recientemente. En agosto se firmaron dos contratos que tenían como adjudicatarios a la filial española de una empresa armamentística israelí y una compañía con domicilio social en Tel Aviv, como reflejaba El Independiente. Ambas licitaciones superaban los 800.000 euros.

Sánchez dijo que desde el 7 de octubre de 2023, fecha en la que estalló el conflicto entre Israel y Palestina, España no desarrollaba «ninguna operación de compraventa de armas con Israel», pero la realidad está siendo distinta.

El Centre Delás de Estudios por la Paz señala que hasta julio de 2024 los contratos públicos fueron de 1.027 millones de euros desde que estalló la guerra en octubre de ese año. Entre las importaciones aprobadas tras el comienzo de la ofensiva está el suministro de 168 sistemas de misiles contra carro SPIKE LR2 por más de 285 millones de euros.

Caída del consumo

Aparte de lo que tiene que ver con defensa, el comercio bilateral entre España e Israel se ha resentido lógicamente por el conflicto, pero sigue siendo notable. Según señala Gil Gidron, presidente de la Cámara de Comercio España-Israel, 2024 habrá acabado con un descenso de las exportaciones de España a Israel del 10-11 % y una disminución de las importaciones del 3-4 % sobre 2023. El volumen de negocio movido entre ambos países será de unos 2.700 millones de euros, más o menos el mismo que en 2023, y por debajo de los 3.200 millones de 2022, que fue un año récord.

Desde España compramos a Israel, sobre todo, tecnología, mientras que ellos nos adquieren básicamente automoción, textil, materias primas y pavimentos. «El consumo en Israel ha bajado por el conflicto, y por eso las exportaciones están descendiendo», reconoce Gidron.

Aun así, la situación puede darse pronto la vuelta, pues el ambiente allí va mejorando. Gidron viaja a Israel cada dos o tres meses: «Los cambios de las últimas semanas han hecho que el país esté más optimista. Se ve la luz al final del túnel», reconoce.

La Bolsa local se mantiene, y el PIB sigue creciendo, algo que demuestra que la economía de Israel, basada en la tecnología, es muy resistente. Su deuda sobre PIB estaba en el 60 % al inicio del conflicto y sigue subiendo debido al incremento del gasto público, pero se mantiene en niveles razonables.

La tecnología supone el 20 % del PIB de Israel

La tecnología es muy importante para Israel. Supone el 20 % de su PIB, el 54 % de sus exportaciones y el 15 % del empleo. En términos absolutos, no invierte tanto como Estados Unidos o China, pero en cifras relativas es el mayor inversor del mundo en innovación tecnológica, con el 5 % sobre el PIB. Israel es el país con más empresas cotizando en el mercado tecnológico estadounidense Nasdaq, tan solo por detrás de Estados Unidos y China. Tiene más empresas tecnológicas cotizando allí que toda Europa junta.

Israel es un actor para tener muy en cuenta en inteligencia artificial, ciberseguridad y big data, terrenos en los que cuenta con empresas muy pioneras. Tendrá que luchar con los gigantes de Estados Unidos y China, pero sin duda seguirá encontrando su hueco.