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El multimillonario Warren Buffett, mientras se prepara para tocar el ukelele

El multimillonario Warren Buffett, mientras se prepara para tocar el ukeleleEFE

Por qué no habrá otro Warren Buffett, el genio capaz de convertir mil dólares en 55 millones desde la América rural

Entre 1964 y 2024, Berkshire Hathaway, la empresa que dirige desde hace más de medio siglo, ha ofrecido una rentabilidad acumulada de 5.502.284 %

En un mundo que corre, Warren Buffett ha sido la prueba viviente de que no hace falta moverse deprisa para llegar lejos. Durante seis décadas ha conseguido lo que casi nadie ha logrado en el mundo de las finanzas: batir de forma constante al mercado americano, sin estridencias, sin especulaciones, sin atajos. Y no lo ha hecho desde Nueva York, ni rodeado de pantallas en un rascacielos, sino desde Omaha, en una oficina modesta, rodeado de libros, de números, y de tiempo.

Entre 1964 y 2024, Berkshire Hathaway, la empresa que dirige desde hace más de medio siglo, ha ofrecido una rentabilidad acumulada de 5.502.284 %. Eso equivale a multiplicar el capital por más de 55.000 veces. Para quien prefiere los promedios, hablamos de un 16,51 % anual compuesto, una cifra que parece una anécdota hasta que entiendes que, con esa tasa, mil dólares se habrían convertido hoy en más de 55 millones. Y todo ello sin perseguir «lo próximo», sin girar cada año la estrategia, sin hacer ruido. Porque lo suyo nunca fue acertar el próximo trimestre, sino resistir con convicción durante décadas. Por cierto, para quien se pregunte por la inflación, su rentabilidad efectiva total ha sido de un 12,61 %. Casi nada…

Su filosofía, que ha convertido en escuela. Warren Buffett no inventó el value investing, pero sí lo convirtió en un arte. Esta filosofía, aprendida de su mentor Benjamin Graham, parte de una premisa básica: comprar acciones de empresas que valen más de lo que el mercado está dispuesto a pagar por ellas. O, como diría el propio Buffett: «Precio es lo que pagas, valor es lo que recibes».

Warren Bufffett no inventó el value investing, pero sí lo convirtió en un arte

Invertir, para Buffett, no es adivinar lo que hará el mercado mañana, sino entender qué empresas valen más de lo que cuestan hoy, y tener la paciencia de esperar a que el tiempo haga su trabajo. No se mueve por impulsos, ni se deja llevar por modas. Si no entiende un negocio, simplemente no invierte. Si la empresa no tiene ventajas duraderas, la descarta. Si está cara, espera. Y si la encuentra buena, sencilla y a buen precio… compra y se sienta. De hecho, aun a riesgo de dejarme alguno de sus principios en el tintero, creo que se pueden resumir en:

1) Invertir en lo que entiendes; 2) buscar compañías con margen de seguridad; 3) invertir en empresas con ventajas competitivas; 4) no especular; 5) evitar deudas innecesarias; 6) pensar en décadas, no en trimestres; y 7) dormir bien por las noches.

No ha necesitado cambiar de ideas porque nunca ha necesitado parecer moderno. Mientras el mundo financiero se llenaba de ruido, algoritmos y productos complejos, Buffett seguía invirtiendo en Coca-Cola, American Express o empresas ferroviarias. No por nostalgia, no porque fuesen exóticas, sino porque entendía sus márgenes, sus ventajas competitivas, sus riesgos. Prudente en las subidas, valiente en las caídas, siempre fiel a su manera de hacer las cosas.

Warren Buffet, el genio de las finanzas que vive en la casa que compró hace 60 años por menos de 30.000 euros

Warren BuffettEuropa Press

La coherencia no solo ha marcado su estilo de inversión, sino su forma de vida. Vive en la misma casa desde 1958. Va a trabajar todos los días, no por necesidad, sino por gusto. Desayuna en McDonald’s según cómo vea el día en la bolsa: si está cayendo, elige el menú barato. Y no ha dejado nunca que el dinero lo transforme. Sabe lo que vale el dinero, pero también sabe lo que no vale. Por eso ha dicho que lo importante no es tener más, sino vivir como quieres. Esa es la verdadera libertad. El dinero no es un fin, sino un medio.

Y sí, ha donado más del 99 % de su fortuna. Porque nunca pensó que su éxito se medía en patrimonio acumulado, sino en lo que podía dejar. En una de sus frases más recordadas, dice que «alguien se sienta hoy a la sombra porque alguien plantó un árbol hace mucho tiempo». Él ha plantado muchos árboles: empresas rescatadas del olvido, inversores formados con sus cartas, fundaciones sostenidas con su legado. Todo sin alzar la voz.

Ahora, con 94 años, el joven Buffett empieza a dejar paso a otros. Pero su presencia sigue marcando el ritmo. En un mundo donde se valora lo rápido e inmediato, lo nuevo, lo ruidoso; su forma de invertir —y de vivir— parece cada vez más revolucionaria. Su paciencia se ha convertido en rareza. Su frugalidad, en extravagancia. Su sentido común, en oro puro.

Warren Buffett no es solo ha generado rentabilidad. Ha mostrado que se puede llegar lejos siendo fiel a unos principios simples, pero firmes. Que la constancia, la prudencia y el análisis templado siguen funcionando. Que vivir con poco, pensar con claridad y actuar sin prisa puede ser más poderoso que cualquier algoritmo.

Su historia no es solo la de un inversor brillante. Es la de un hombre que, mientras todos corrían, decidió caminar despacio. Y por eso, ha llegado más lejos que nadie. Quizá no podamos repetir exactamente su historia. Pero sí podemos inspirarnos en su forma de invertir, de pensar y de vivir. En su increíble legado.

Más allá de los millones, la verdadera riqueza de Buffett está en su ejemplo.

Carlos Arenas Laorga es Doctor en economía y analista de fondos en Estrategiasdeinversion.com

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