¿Estamos al borde de la quiebra de nuestro sistema de pensiones?
El sistema atraviesa un momento crítico porque todos callan y aceptan que se siga financiando con transferencias corrientes
Hoy y mañana quiero «asustarles» con el problema que enfrentamos en un asunto en el que están implicados más de 9,3 millones de jubilados y más de 10,3 millones de pensiones.
Cerramos 2023 con 43.986 millones de euros en transferencias corrientes para evitar la quiebra y quedarnos «solo» con 8.373 millones de déficit contable en la Seguridad Social. Para obtener el déficit real, tenemos que sumar las Transferencias Corrientes enviadas para poder pagar todo lo que se paga a través de los organismos que componen el sistema de la Seguridad Social, más el déficit contable, lo que arroja un déficit real de 52.359 millones de euros..
El año 2024 ha sido muy similar. Se cerró con 48.213 millones en transferencias corrientes, absolutamente necesarias para presentar ante Bruselas un déficit de 8.552 millones. Si aplicamos el mismo criterio, el déficit real ascendió a 56.765 millones. Esto significa que, para que el déficit real del sistema de la Seguridad Social «solo» haya aumentado un 8,4 %, la Administración General del Estado ha tenido que incrementar un 9,6 % las transferencias de caja.
Perdonen tantos números, pero necesito que comprendan con claridad que estamos en una situación cada vez más delicada y complicada en los organismos encargados de gestionar las cotizaciones sociales y de pagar las pensiones contributivas, no contributivas, el desempleo, el Ingreso Mínimo Vital y otros gastos adicionales.
Estamos ante un conjunto de entidades: la Tesorería General de la Seguridad Social, que gestiona los aspectos económicos y financieros, la recaudación, la afiliación y los pagos; el Instituto Nacional de la Seguridad Social, que administra las prestaciones por jubilación, incapacidad, viudedad, entre otras; el Instituto Social de la Marina, que presta servicios al sector marítimo y pesquero; las mutuas colaboradoras, encargadas de los accidentes laborales y enfermedades profesionales; y la Gerencia de Informática, responsable de la infraestructura tecnológica. Todos estos organismos conforman el Sistema de la Seguridad Social y dependen del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, al que comúnmente nos referimos como el «Organismo de la Seguridad Social».
Todo este tinglado, que comenzó a gestarse en 1908 con la creación del Instituto Nacional de Previsión —embrión del sistema moderno de Seguridad Social, establecido en 1963 con la Ley de Bases y pieza clave del sistema creado durante el franquismo— fue reorganizado en 1978, cuando dicho instituto fue disuelto y sus funciones divididas entre el Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS) y la Tesorería General de la Seguridad Social (TGSS). Hoy, este sistema está en riesgo.
El sistema atraviesa un momento crítico porque todos callan y aceptan que se siga financiando con transferencias corrientes
Está en riesgo porque el modelo actual necesita una transformación profunda. Existe el peligro real de que, en cualquier momento, se vuelva financieramente insostenible. El sistema atraviesa un momento crítico, y lo hace porque, aunque todos callan y aceptan que se siga financiando con transferencias corrientes, estas no dejan de crecer.
Hoy vamos a analizar cómo, en el primer trimestre del año, a pesar de que las cotizaciones sociales han crecido por encima de la inflación, fue necesario enviar un 30 % más de dinero desde la caja del Tesoro Público para poder pagar las prestaciones y mantener la narrativa ante Bruselas de que la Seguridad Social va bien, que no hay motivo de preocupación y que incluso hay superávit. En este artículo nos centraremos en los ingresos; en el siguiente abordaremos los gastos.
La Seguridad Social, en el primer trimestre de este año, registró ingresos totales por valor de 54.020 millones de euros, lo que supone un crecimiento del 11,8 % respecto al mismo periodo del año anterior.
Las cotizaciones sociales, que constituyen la partida más relevante, crecieron un 7,6 %, aunque no todos los conceptos dentro de ellas evolucionaron de la misma manera. Por ejemplo, el Mecanismo de Equidad Intergeneracional experimentó un incremento del 31,5 %, superando los 1.000 millones, y todo apunta a que alcanzará los 4.400 millones a final de año. Este nuevo tributo representa, de hecho, la parte más significativa de lo que burdamente se ha denominado «reforma de las pensiones».
El Régimen General creció un 8,7 %, lo que refleja que cada incremento salarial genera un aumento automático de la recaudación que pagan trabajadores y empresarios. Como la inflación impulsa los salarios, el Ministerio se siente satisfecho, aunque se haya perdido, desde diciembre, más de 5.000 empresas afiliadas a la Seguridad Social, lo cual podría ser el principio del fin.
La recaudación del Régimen Especial de Trabajadores Autónomos cayó un 10 %, pero nadie parece alarmarse
Los autónomos atraviesan una situación cada vez más difícil. La recaudación del Régimen Especial de Trabajadores Autónomos cayó un 10 %, pero nadie parece alarmarse. Con el nuevo sistema, si los autónomos facturan menos, pagan menos, lo que conlleva una regresión y el cierre progresivo de muchas microempresas, lo que a su vez reduce los ingresos del sistema.
La cotización por accidentes de trabajo aumentó un 8,2 %, y la correspondiente al desempleo, un 6,9 %, alcanzando los 2.580 millones. Sin embargo, esta cantidad solo cubre el 40 % de lo que se ha pagado en prestaciones por desempleo, que al cierre del primer trimestre ascendieron a 6.485 millones.
Las tasas crecieron un 106,2 %, lo que demuestra que ya solo falta un impuesto por respirar.
La segunda fuente más importante de ingresos, después de las cotizaciones, son las transferencias corrientes, que crecieron un 30,8 % en el primer trimestre. Estas se utilizan, esencialmente, para transmitir a Bruselas la imagen de que la Seguridad Social goza de buena salud.
Si este ritmo de crecimiento se mantiene, al finalizar el año el sistema habrá necesitado 63.000 millones en transferencias, lo que colocaría al Estado español en una posición prácticamente insostenible para cumplir con el objetivo de déficit comprometido con Bruselas, que según la ministra Montero, debe situarse en 41.964 millones.
La situación se agrava con cada trimestre. Aunque los ingresos por cotizaciones sociales siguen creciendo, no son suficientes para equilibrar las cuentas de la Seguridad Social sin recurrir a transferencias, que no son otra cosa que autoengaños financieros o aumento de deuda pública. La Seguridad Social está al borde del precipicio, y solo falta un leve empujón para que se precipite al abismo.