Carta a la Directora General de la Agencia Tributaria: «La voracidad recaudatoria es una injustica social»
La Agencia Tributaria, institución fundamental para la economía y la justicia fiscal de nuestro país, ha dejado de ser un órgano imparcial para convertirse en un instrumento voraz y desproporcionado
Estimada Directora General, Doña Soledad Fernández Doctor:
Me dirijo a usted para expresar mi más profunda preocupación y malestar ante la realidad que vive el sistema tributario español bajo la gestión de la AEAT en los últimos años, en especial en el periodo 2019-2024.
La Agencia Tributaria, institución fundamental para la economía y la justicia fiscal de nuestro país, ha dejado de ser un órgano imparcial y protector del contribuyente para convertirse en un instrumento voraz y desproporcionado, al servicio de un gobierno, que no de un país, cuyo principal objetivo parece ser maximizar la recaudación a toda costa, sin importar el daño social que ello genera.
Los datos son incuestionables y hablan por sí solos: durante un periodo marcado por la mayor crisis sanitaria y económica de la historia reciente, con un impacto brutal en el empleo y el nivel de vida de millones de españoles, la recaudación del IRPF en 2020 a pesar de la caída del PIB del 9,9 % creció en un 1,2 % aumentado un insoportable 48,9 % en entre 2019 y 2024, cuando la economía simplemente creció un 27 % en términos corrientes y la inflación un 18,4 %.
Y simplemente quiero recordarle que en 2009 y con otro gobierno socialista en plena crisis financiera mundial, la recaudación bajó un 10,5 %.
Mientras la economía y el poder adquisitivo de los ciudadanos se han resentido, la Agencia Tributaria ha incrementado la presión fiscal sobre los españoles mucho más allá de lo razonable y justo. No solo eso, sino que ha desplegado un auténtico ejército de inspecciones y controles (más de 746.000 actuaciones solo en 2023 y 3.727.391 en el periodo 2019 a 2023, sobre la declaración de la Renta de los españoles) para exprimir a los contribuyentes con una agresividad que pone en entredicho la equidad y la confianza en la administración.
Quiero recordarle que en 2009 y con otro gobierno socialista en plena crisis financiera mundial, la recaudación bajó un 10.5 %
¿Es esta la justicia fiscal que prometen los discursos oficiales? ¿Es esta la equidad que debe regir un sistema tributario en un Estado de Derecho? La respuesta es rotundamente no.
Pero la injusticia no se limita a los ciudadanos residentes. Los No Residentes han sufrido un castigo aún más severo: la recaudación por este impuesto ha crecido un brutal 70,3 % en estos años, con picos de aumento del 61,7 % en 2022 y otro 25,4 % en 2024. Estos incrementos, totalmente desproporcionados y fuera de toda norma fiscal, alejan a España de cualquier pretensión de atraer inversión extranjera y generan un clima de desconfianza internacional sobre la gestión tributaria.
Este modelo de gestión, orientado exclusivamente a la maximización de ingresos a corto plazo, está dañando la reputación de la AEAT y erosionando la legitimidad del sistema tributario. La Agencia ha dejado de ser un árbitro justo para convertirse en un juez implacable y en parte interesada.
La consecuencia inevitable de esta estrategia es una fractura profunda entre el ciudadano y la administración tributaria, con un aumento de la sensación de abuso y desprotección. La confianza, elemento esencial para la colaboración fiscal, está en serio riesgo.
En un contexto en el que la recuperación económica aún es frágil, en el que el crecimiento real del PIB per cápita apenas alcanza el 3,1 % y el esfuerzo de los contribuyentes es mayor que nunca, resulta incomprensible y éticamente cuestionable que la AEAT no regule su voracidad.
Exigimos un cambio de rumbo urgente. La Agencia debe retomar su función como garante de la justicia fiscal, ejerciendo su labor con equilibrio, proporcionalidad y respeto al ciudadano. Debe evitar las políticas agresivas que sobrecargan a los españoles y a los inversores extranjeros, y centrarse en combatir realmente el fraude, sin que ello suponga un castigo indiscriminado para la mayoría cumplidora.
Esperamos que esta llamada de atención sirva para reorientar la política de la AEAT hacia un modelo más justo, transparente y sostenible, que favorezca el crecimiento económico, el bienestar social y la confianza ciudadana.
Quedo a disposición para contribuir con propuestas concretas que permitan corregir estas desviaciones y construir un sistema tributario verdaderamente equitativo y eficiente.
Atentamente,
José Ramón Riera