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El INE acaba de publicar el IPC acumulado a julio de los últimos 12 meses, y la cifra se ha disparado a un 2,7 %, muy lejos de los objetivos del Banco Central Europeo. Con este dato, si se quiere alcanzar el 2 % de inflación, es necesario reducirla en 0,7 puntos porcentuales.

En total son 0,7 puntos «de nada», que dirán Carlos Cuerpo y Elena Manzanera, pero si es así, espero que hagan algo serio para bajar esa cifra. Ya saben que, cuando bajaron el IVA, la medida benefició a los consumidores, pero perjudicó la recaudación. Cuando lo volvieron a subir, el efecto se invirtió. ¿El motivo? La recaudación fiscal.

Lo que tengo claro es que el Gobierno no quiere bajar la inflación. Si ese fuera el objetivo, ya sabrían lo que tienen que hacer: volver a aplicar un IVA reducido a muchos productos de primera necesidad. Aunque esta medida favorecería a las clases medias, también drenaría los ingresos de la Agencia Tributaria.

Antes de continuar, me gustaría compartir algunas reflexiones que nos ayudarán a clarificar este asunto. La pregunta clave es: ¿por qué a un gobierno no le interesa bajar la inflación? La respuesta se puede desglosar en varios puntos:

Licúa la deuda pública. La inflación reduce el valor real de la deuda existente. Si el Estado está muy endeudado, le conviene un escenario inflacionario, ya que paga con «dinero más barato» y la relación entre la deuda y el PIB nominal se reduce.Aumenta la recaudación fiscal. Con precios más altos, el IVA y los impuestos indirectos generan más ingresos. Además, si no se deflactan los tramos impositivos del IRPF, el Estado recauda más sin subir los impuestos nominalmente.Facilita políticas expansivas/populistas. Con más ingresos por inflación, se pueden mantener subsidios, subvenciones o ayudas sin tener que tomar recortes impopulares.Evita el ajuste fiscal. En vez de reducir el gasto o subir impuestos, la inflación hace el trabajo de «ajuste» de forma menos visible, aunque más dañina a largo plazo.Transfiere renta del ahorrador al Estado. La inflación penaliza el ahorro, lo que beneficia al deudor (el Estado) y permite una transferencia de riqueza de manera indirecta, sin necesidad de leyes o votaciones parlamentarias.

¿Qué tipo de gobierno se suele beneficiar de una inflación alta? Normalmente, gobiernos muy endeudados, populistas o con una fuerte orientación al gasto público sin control. Creo que esto les resulta familiar.

Ahora, analicemos los motivos para querer bajar la inflación y poner todos los medios para conseguirlo:

Protege el poder adquisitivo de la población, especialmente de las clases medias y bajas, que no pueden protegerse del alza de los precios.Aumenta la estabilidad económica y la inversión. Los empresarios e inversores necesitan precios estables para tomar decisiones a largo plazo.Permite tipos de interés más bajos. Con la inflación controlada, el BCE puede mantener tipos más bajos, lo que favorece el crédito.Genera credibilidad internacional. Una inflación baja equivale a una economía predecible, lo que genera más inversión extranjera y más confianza en la deuda soberana.

Los gobiernos que tratan de reducir la inflación y llevarla a su mínima expresión suelen ser conservadores o liberales clásicos que priorizan la estabilidad macroeconómica y la responsabilidad fiscal. Son gobiernos que apuestan por la inversión privada, la productividad y la competitividad.

Después de esto, ¿creen que este Gobierno quiere bajar la inflación?

Ahora, veamos dónde estamos a cierre de julio y qué ha pasado en los siete primeros meses del año, comparando con 2023, 2024 y 2018, cuando el actual presidente accedió al poder tras la moción de censura.

Como pueden ver, en 2018 la inflación a julio era de un 0,4 % y el año se cerró con una cifra muy por debajo del objetivo del 2 % del BCE. La inflación empezó a dispararse en agosto de 2021 y en solo cinco meses se acumuló una inflación del 4,6 %. El BCE y nuestro gobierno no se dieron por enterados y creyeron que era solo un problema energético. No se empezaron a tomar medidas hasta julio de 2022.

Hoy en la eurozona la inflación parece estar bajo control, con un acumulado a junio en los últimos 12 meses de un 2 %. A nosotros, dado que nuestro gobierno es de los del primer tipo, que la inflación les beneficia, no tienen mucha prisa en arreglar el problema. Así, tenemos que a julio de 2023 estábamos en un 2,5 % en los siete primeros meses; en 2024, nos quedamos en un 2,2 %, y este año estamos en siete meses en un 2 %. Por lo tanto, el Gobierno tiene la palanca de no hacer nada y que terminemos el año con un 2,6 %.

Este Gobierno necesita que el PIB nominal se vaya a 1,678 billones y crezca un 5,5 % (con una inflación del 2,6 %, solo necesita crecer un 2,9 %) para que la deuda, que se va a colocar en al menos 1,702 billones, 82.000 millones más que el año pasado, represente un 101,4 %, lo mismo que el año pasado, y no se llame mucho la atención. Si el PIB nominal creciese solo un 4,5 %, la deuda se iría a un 102,4 %, sería la misma en valor absoluto, pero los funcionarios de Bruselas se darían cuenta de que en porcentaje sobre el PIB habría crecido y se preocuparían mucho.

Así que me temo que tenemos inflación para rato.