Francia sufre un nuevo revés económico y político: Fitch rebaja su calificación en plena crisis parlamentaria
Francia sufre un nuevo revés económico y político: Fitch rebaja su calificación en plena crisis parlamentaria
La degradación de la deuda francesa a «A+» refleja la fragilidad institucional y las dudas sobre el futuro del ajuste fiscal
La agencia de calificación Fitch anunció este viernes la rebaja de la nota de la deuda soberana de Francia de «AA-» a «A+», manteniendo una perspectiva estable. La decisión, motivada por la persistente inestabilidad política y las crecientes incertidumbres en torno a la consolidación presupuestaria, supone un golpe significativo para el presidente Emmanuel Macron y su estrategia de recuperar la confianza de los mercados financieros.
El recorte llega en un momento crítico. Apenas unos días antes, el gobierno de François Bayrou —entonces primer ministro— fue derrotado en el Parlamento al intentar aprobar el plan presupuestario para 2026, cuyo objetivo era reducir el déficit (5,8 % del PIB en 2024) y contener la deuda pública, que ronda el 114 % del PIB. La moción de confianza perdida evidenció la fragmentación de la Asamblea Nacional, dividida en tres bloques —izquierda, centroderecha y ultraderecha— que impiden al Ejecutivo disponer de una mayoría sólida.
Tras esta caída, Macron reaccionó con rapidez nombrando a Sébastien Lecornu como nuevo jefe de Gobierno. Su misión es doble: negociar con las fuerzas políticas para garantizar la estabilidad parlamentaria y, al mismo tiempo, elaborar un presupuesto que convenza tanto a los socios europeos como a los mercados financieros. El margen de maniobra, sin embargo, es limitado y las presiones aumentan a medida que se aproxima la fecha límite de mediados de octubre para presentar el proyecto presupuestario ante la Cámara.
Fitch recordó en su informe que desde las elecciones legislativas anticipadas de 2024, Francia ha tenido tres gobiernos distintos, un síntoma claro de la volatilidad institucional. En su análisis, la calificadora considera poco realista que el país logre reducir el déficit al 3 % del PIB en 2029, como se había fijado el Ejecutivo anterior. El incumplimiento de los compromisos fiscales europeos podría incrementar el aislamiento de París en Bruselas y encarecer aún más su financiación.
Aunque la degradación no implica un impacto inmediato en los mercados —varios analistas coinciden en que los inversores ya habían anticipado esta medida—, sí representa un deterioro reputacional que acerca a Francia a la situación de Italia en términos de coste de endeudamiento a diez años. «Lo esencial no es tanto la nota de las agencias, sino la capacidad del Estado de cumplir con sus compromisos presupuestarios», explicó Lucile Bembaron, economista de Asterès, recordando que «los mercados ya habían descontado esta rebaja».
En paralelo, la tensión social añade un elemento adicional de riesgo. Casi 200.000 personas, según cifras oficiales, salieron a las calles esta semana en una jornada de bloqueos convocada por redes sociales. Una de las principales demandas de los manifestantes fue la implantación de mayores impuestos a las grandes fortunas, una medida hasta ahora rechazada por el macronismo pero que Lecornu podría verse obligado a contemplar como moneda de negociación con la oposición socialista.
El malestar ciudadano refleja el trasfondo de una economía en desaceleración. Aunque el Instituto Nacional de Estadística (Insee) elevó al 0,8 % del PIB su previsión de crecimiento para 2025 —frente al 0,6 % anterior—, también advirtió de la fragilidad de los motores económicos del país, en un contexto donde la confianza empresarial y el consumo interno siguen lastrados por la incertidumbre política.
La presión sobre el nuevo primer ministro se intensificará en las próximas semanas. Lecornu deberá mostrar que Francia es capaz de diseñar un plan creíble de consolidación fiscal, sin ahogar la actividad económica ni agravar el descontento social. La próxima revisión de S&P Global, prevista para el 28 de noviembre, será una prueba de fuego: cualquier nueva rebaja profundizaría el descrédito de la segunda economía de la Unión Europea en los mercados internacionales.