Fundado en 1910
El economista Alberto Ades.

El economista Alberto Ades.

El economista amigo de Milei que lo ve claro desde Nueva York: «No creo que Sánchez sea una persona grata a EE.UU., como sí lo fue Aznar»

El economista argentino Alberto Ades cree que Estados Unidos ha perdido una buena oportunidad, y que Milei, con quien hoy se reúne en Nueva York, tendrá difícil prosperar en su objetivo de reformas

El argentino Alberto Ades lleva más de treinta años viviendo en Nueva York, en donde ha ocupado diversos cargos de relevancia en Bank of America, Merrill Lynch, Citigroup y Goldman Sachs. Antes se licenció en Derecho en Buenos Aires y obtuvo el doctorado en Harvard. Gran amigo y asesor de Milei, a quien verá hoy en la Gran Manzana, acaba de escribir un original libro divulgativo en tres tomos titulado Economía conversada. En él explica de manera sencilla y entretenida las grandes cuestiones de la economía a través de diálogos ficticios entre Sócrates y Glaucón y entrevistas simuladas a grandes economistas clásicos o contemporáneos, como Schumpeter, Friedman o Krugman, o incluso un curioso cuestionario a Phillips, para hablar de su famosa curva. El libro está siendo un gran éxito en Argentina, y en breve saldrá en inglés. Hablamos con él sobre la actualidad de la economía global.

–Usted vive en Estados Unidos. ¿Cómo ve allí la política económica del país y al propio Trump?

–Uno querría creer que hay gente pensante detrás que está diseñando las políticas y que Trump solo pone la cara, pero no creo que sea así. Creo que él realmente diseña las políticas, y los que están detrás, tratan de justificarlas. En algunos casos le ponen límites cuando les parece que son descabelladas, pero en muchos casos no. La política comercial de aranceles podría haber sido mucho peor de lo que terminó siendo, porque en abril anunció algo peor, pero lo que ha salido ha sido bastante malo. Si hace diez años hubieras preguntado a los asesores si harían algo así, habrían dicho que no: que esta locura destruiría el orden económico internacional que está centrado en Estados Unidos, el orden liberal en el cual Estados Unidos ha sido el gran beneficiario. Es muy importante tener unas reglas claras. Estados Unidos tiene que dar ejemplo, y hoy lo tienes justificando cualquier cosa.

Muchos republicanos en el Congreso y en el sector privado están incómodos con Trump

–En el gobierno de Trump hay divergencias. ¿A qué se deben?

–No es un gobierno homogéneo. Hay hasta cinco facciones: la republicana tradicional, que propone impuestos bajos, trata de bajar el gasto, se preocupa del déficit, tiende a favorecer la inmigración y una política exterior muscular, donde Estados Unidos se involucra, y que estaría representada por Marco Rubio; los MAGA (Make America Great Again), que son más populistas en lo económico, aislacionistas y anti-inmigración, y tendrían a J.D. Vance como cara más visible; los tecno-billonarios, entre los que está Peter Thiel y estuvo Elon Musk, enfocados en las criptomonedas, la regulación de su sector, impuestos bajos, abiertos a la inmigración; los que tienen experiencia de mercado, como el secretario del Tesoro, Bessent, que no tienen principios ideológicos fuertes y que son administradores razonables; y hay gente que habla de un quinto grupo, que son los amigos de Trump, con los que juega al golf, que fueron sus socios en negocios inmobiliarios, etc. Estos son los cinco grupos que compiten, y por eso se ve que las políticas que salen no son muy consistentes: cada uno tira para su lado; en política exterior, también: Trump dice una cosa; Rubio, otra; del Congreso sale otra... Hay muchos republicanos en el Congreso y en el sector privado que están muy incómodos con la política comercial.

–¿Es eso sostenible?

–La prueba de la sostenibilidad va a ser si esta política genera crecimiento y votos. Lo veremos en las elecciones de medio término -en noviembre de 2026-. De momento vemos que el desorden, la volatilidad, la imprevisibilidad, le están pasando factura en su popularidad, que va en caída. Se está viendo que, a pesar de lo que prometió, el mercado laboral está bastante más débil. Como hay muy poca contratación, la gente tiene miedo a renunciar. El desempleo sigue siendo bajo porque se cerró la frontera, no porque haya mucha oferta. El mercado laboral está flojo, y la presión inflacionaria se nota. Productos de primera necesidad como la carne, el aceite o el café han subido un 20-30 % en lo que va de año, y la gente lo percibe.

–¿Están obteniendo los resultados que esperaban con los aranceles?

–Creo que no. Los exportadores no se están tragando los aranceles. Si ves los precios de las importaciones -que excluyen el arancel-, compruebas que siguen subiendo. De momento los aranceles los están pagando las empresas. Están tratando de no pasárselos al consumidor. Van a comerse el margen durante un tiempo, y después, seguramente, se lo pasarán.

Se ve venir un reparto del mundo entre Estados Unidos, China y Rusia, pero con un Estados Unidos menos dominante

–¿Ve venir un reparto del mundo entre Estados Unidos, China y en parte Rusia, como auguran algunos expertos?

–Sí, pero con un Estados Unidos menos dominante. Creo que Estados Unidos ha perdido una gran oportunidad. El momento fue cuando cayó al-Asad en Siria. Rusia cometió un error al invadir Ucrania. Pensó que iba a ser muy fácil, y ya llevan tres años y medio. No han ganado mucho territorio desde que invadieron, pero han perdido un millón de personas. Cometieron un error no forzado. Hamás y Hizbolá cometieron también errores forzados y están a punto de desaparecer. China está débil. A Irán les destruyeron las defensas antiaéreas y fue un paseo. Estas potencias revisionistas que habían desafiado a Occidente se debilitaron enormemente por errores no forzados, y era una gran oportunidad para Occidente para consolidar nuevamente el orden liberal que había sido desafiado desde la crisis financiera global. Trump está desperdiciando esa oportunidad porque está dividiendo a sus aliados: se está distanciando de ellos, en particular de Europa, y eso está reforzando al otro eje. India está acercándose a China y a Rusia, por ejemplo. Vamos hacia un mundo más fragmentado y regionalizado, donde va a haber potencias regionales. Estados Unidos va a dominar Norteamérica y Centroamérica, pero va a tener bastante más competencia en Sudamérica. Europa va a tratar de manejar la relación con EE.UU. e Inglaterra por un lado, y con China por otro, que va a ser un socio muy importante. China va a tener mucha influencia en el Este. Creo que vamos a terminar en un mundo parecido al de la caída del Imperio Romano. Cuando se cae el imperio, todo queda fragmentado.

–¿Qué impresión le da Europa?

–Ha tenido una serie de shocks muy negativos. La guerra de Ucrania impacta sobre el precio de la energía, tienes la necesidad de rearmarte, y después llega Estados Unidos con los aranceles, que es lo último que necesita Europa. Luego está el tema social y cultural de Europa, que es complicadísimo, con la semi-invasión de musulmanes que han tenido. Uno ve a Sánchez opinando permanentemente sobre Oriente Medio y Gaza y se pregunta qué explicación tiene si no son las presiones domésticas.

Vamos a un mundo parecido al de la caída del Imperio Romano, con mucha fragmentación

–¿Ve a Europa estancada?

–Ahí está el informe que escribió Draghi con lo que tiene que hacer Europa para convertirse en un motor de innovación y crecimiento. Estados Unidos puede tener al presidente que tenga, pero la energía que hay en este país, el apetito por la ganancia, por el riesgo, por la innovación, sigue estando aquí, y eso le falta un poco a Europa. El sistema premia a los ganadores. Por eso hay tantos millonarios aquí.

–China está atravesando un pequeño parón.

–Tiene desafíos demográficos, de modelo de crecimiento y restricciones a cuánto estímulo se le puede dar a la economía. Es una economía que se desacelera desde hace unos diez años. Al mismo tiempo, allí se innova muchísimo. Los avances que se han hecho en el nivel de vida y en muchas otras dimensiones son muy impresionantes. China va a ser un ganador, también por los errores que comete Estados Unidos. Hace tres o cuatro años, antes de que llegara Trump, había una estrategia muy definida en Estados Unidos de alejar a Europa de China. Ahora va a ser mucho más difícil, porque Estados Unidos está confrontando con Europa.

–¿Cómo ve la situación en su Argentina natal?

–Complicada. Si Milei solo hubiera perdido en Buenos Aires pero la economía siguiera creciendo a buen ritmo, creando empleo, la situación se hubiera resuelto con facilidad tras las elecciones. El problema es que la economía argentina se recuperó a partir de mediados del año pasado, por julio, pero en marzo-abril de este año dejó de crecer, y en julio-agosto empezó a caer. Entonces pierdes apoyo popular, porque la economía ya no crece como antes, y además tienes una oposición política muy interesada en obstaculizar todas las reformas políticas. En Argentina había un sistema que generaba muchos beneficios a los políticos: reglas y peajes que creaban oportunidades de enriquecimiento y corrupción. Eso es lo que está tratando de desarmar Milei. Esos segmentos estaban muy débiles hace unos meses porque la economía funcionaba. Ahora Milei va a tenerlos en su contra. También a la oposición, que estaba muy desorganizada. La ha unido el debilitamiento del nivel de actividad en los últimos meses. No solo a la oposición de centro-izquierda. El centro y centro-derecha también vota en contra de Milei. Su gobierno asumió la estrategia de ir solo. Dijeron que no necesitaban a nadie. Usaron a parte de la oposición para aprobar leyes, pero cuando llegó el momento de formar alianzas, los dejaron fuera, y esa gente se lo está cobrando ahora. Hay una situación de fragilidad económica y política. ¿Cómo puede revertirse? Con un resultado electoral muy sorprendente en el que a Milei le vaya muy bien, con un voto de confianza muy sólido por parte del votante. Si eso pasara, la prima de riesgo caería, la economía empezaría a recuperarse otra vez... Todo puede cambiar en Argentina, pero faltan cinco semanas y hoy no parece que Milei vaya a tener una victoria rotunda en octubre.

Hoy no parece que Milei vaya a tener una victoria rotunda en octubre

–Su arranque fue bueno.

–Muy bueno; sorprendentemente bueno, dada la poca representación que tenía en el Congreso y en los centros de poder. Lo que pasa es que llegaron las turbulencias en abril: la situación aquí en Estados Unidos, los conflictos globales, las elecciones que se acercaban en Argentina, cierto temor que levantó el acuerdo de negociación con el Fondo Monetario Internacional... Hay ciertas cosas positivas, como una depreciación significativa del tipo de cambio. El dólar estaba a 1.100 y ha pasado a estar en 1.500 en dos o tres meses, y no ha habido un traslado a precios. La devaluación ha sido prácticamente toda real, lo cual es positivo y necesario, pero el nivel de actividad está planchado, con una tendencia a la baja calidad.

–Comentaba antes que Estados Unidos sigue mostrando un nivel de energía muy superior al de Europa, ¿pero le sigue viendo el mismo nivel de influencia sobre otros países?

–Ha perdido muchísima autoridad moral. Ahora no es ejemplo de nada: ni de orden fiscal; ni de orden comercial, con unos aranceles cambiantes, volátiles e injustos; ni de institucionalidad, con Trump presionando a la Reserva Federal para bajar los tipos de interés y tratando de sacar funcionarios con diferentes excusas. Aun así, va a seguir siendo el sistema financiero más grande del mundo. Sigue siendo una economía muy grande. A pesar de todo, continúa creciendo más que la europea y que muchas otras, pero me parece que el estatus que tuvo va a tener que reconstruirlo, y eso lleva tiempo.

–¿Cómo ve España desde Nueva York?

–Para ser honesto, no la sigo muy de cerca, aunque le tengo cariño y voy allí de vacaciones. Me da la impresión de que el rol que jugó en algún momento, con empresas que invirtieron en Latinoamérica, ha disminuido un poco. Repsol entrando en Argentina; Telefónica, Santander, BBVA... Ese rol pujante que España jugó en los 90 en inversión directa, ha disminuido un poco.

–¿Qué le parece Pedro Sánchez?

–Ha tomado una actitud confrontacional de izquierdas con Estados Unidos. No creo que sea una persona grata aquí, como sí lo fue Aznar.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas