El PIB español crece por el aumento de la población
El crecimiento español de 2025 se apoya, sobre todo, en el gasto público, el consumo privado y el empleo migrante. Este último aporta dinamismo, pero también tiene una limitación: la baja productividad
El ministro de Economía, Comercio y Empresa, Carlos Cuerpo.
La población residente en España ha crecido de forma notable. Según los datos publicados ayer, entre el 1 de octubre de 2024 y el 1 de octubre de 2025, el país ganó 474.454 nuevos habitantes, alcanzando un máximo histórico de 49,43 millones de personas. Pero hay un dato clave que lo explica todo: en este crecimiento demográfico, casi 500.000 personas son nacidas fuera de España.
En octubre de este año había 9,8 millones de inmigrantes censados, lo que significa que uno de cada cinco habitantes del país nació en el extranjero. En cambio, en los últimos doce meses, el número de personas nacidas en España disminuyó.
España avanza rápido
Ese impulso demográfico tiene un reflejo directo en la economía. Si observamos el panorama europeo, la diferencia es evidente. Nuestro país crecerá un 2,9 % en 2025, según FUNCAS y el FMI, mientras que economías como Alemania, Francia o Italia se mantienen casi estancadas. Sin embargo, ese progreso de España se debe sobre todo al aumento de la población y del empleo inmigrante.
Imaginemos, por un momento, que la economía es una regata de vela. El barco España avanza rápidamente, pues ha captado una racha de viento muy favorable, una mezcla de entrada de migrantes de baja productividad, fondos europeos, turismo y consumo público y privado, que la impulsa con fuerza. Mientras tanto, buena parte de la flota europea se encuentra en calma chicha, atrapada, casi sin viento.
El riesgo de confundir velocidad con fortaleza es grande. El crecimiento español actual se apoya, en gran medida, en el aumento de la mano de obra. Sobre todo, en sectores de baja productividad: hostelería, construcción, agricultura o cuidados. Esto eleva el PIB, pero no asegura un aumento de la renta per cápita. Este modelo económico, basado en más gente, más trabajo, más cotizantes, más consumo, más inflación y más necesidad de viviendas, no incrementa el bienestar de los ciudadanos. Mención especial merecen los efectos de la inmigración sobre la inflación. La población extranjera está incrementando la demanda de bienes y servicios; sobre todo, los básicos, como alimentación, energía y alquileres, lo que está provocando una subida de los precios de los bienes de consumo.
Lo que queda por hacer
Siguiendo con la metáfora náutica, España ha sabido aprovechar el viento, pero aún necesita reforzar su embarcación. Y, sobre todo, formar mejor a la tripulación. Porque la auténtica madurez económica no consiste en avanzar solo cuando el viento sopla a favor, sino en mantener el rumbo cuando el viento afloja.
Mientras tanto, los países del norte —aunque estén creciendo menos— siguen siendo barcos mejores y con tripulaciones más expertas. Su tecnología, inversión productiva y capital humano les permiten avanzar incluso cuando hay poco viento. Es decir: cuando no hay un entorno macroeconómico tan favorable.
Un modelo con límites claros
El crecimiento español de 2025 se apoya, sobre todo, en el gasto público, el consumo privado y el empleo migrante. Este último aporta dinamismo, pero también tiene una limitación: la baja productividad.
Y es aquí donde el modelo muestra su fragilidad. Si queremos dejar de ser un barco empujado solo por viento fuerte (aumento de la inmigración, fondos europeos, gasto público) y convertirnos en una embarcación capaz de navegar rápido con vientos ligeros, debemos invertir más en innovación, formación y tecnología.
2026: un horizonte más incierto
2026 podría ser un año peor. Se espera un cierto enfriamiento del mercado laboral, debido a varios factores que lastran nuestra economía: el aumento del salario mínimo, la imparable subida de las cotizaciones sociales, el elevado peso de los impuestos y la persistente incertidumbre política. Todo ello podría frenar la inversión, el consumo y, por tanto, la creación de empleo. ¿Puede evitarse? Probablemente, sí, si apostáramos decididamente por la productividad, la formación profesional y el avance tecnológico. Así podríamos garantizar empleo estable, de calidad y con salarios dignos, lo que sostendría el bienestar a largo plazo.
El rumbo correcto
Se necesitarían reformas estructurales, como mejorar la conexión entre educación y empresa, liberalizar el mercado de la vivienda y del suelo, o diseñar una política fiscal más eficiente. Son condiciones necesarias para que el país siga avanzando.
Si España lograra aplicar esas reformas, estabilizaría los precios de los bienes de consumo, atraería inversión extranjera y podría mantener un crecimiento sostenido, más robusto y menos dependiente del azar o de los vientos favorables.
Porque al final, el viento puede cambiar de dirección, pero los buenos navegantes saben adaptarse. Si España sigue el rumbo correcto, puede dejar de ser una economía dependiente de la inmigración y navegar con otros fundamentos económicos. Pero eso requiere una carta de navegación clara y consensuada. Porque como bien señaló Séneca: «El viento nunca sopla a favor de quien no sabe hacia dónde va».
- Rafael Pampillón Olmedo es Catedrático en la Universidad CEU San Pablo y de la Universidad Villanueva.