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José Manuel Cansino

Implicaciones del revés del Tribunal Supremo a los aranceles de Trump

Lo que Trump está haciendo con su política comercial y de presión diplomática es afianzar el inmenso poder del dólar frente a monedas potencialmente rivales

El Tribunal de Comercio Internacional de los EE.UU. será el encargado de dirimir las reclamaciones por los aranceles impuestos por el presidente Trump, ahora anulados por el Tribunal Supremo. El precedente más directo se produjo en 1983 cuando, por un cambio en la normativa que afectaba a los puertos americanos, se interpusieron ante este tribunal más de 100.000 reclamaciones.

No es fácil perimetrar quién tiene interés legítimo para presentar las reclamaciones pero, desde luego, las empresas importadoras que tuvieron que pagarlos a las autoridades aduaneras. Puede que también las empresas a las que se trasladó parte de los mismos en forma de mayores precios intermedios y, ¿por qué no? los consumidores que acrediten haber pagado precios más altos por causa de los aranceles.

Ahora es fácil escribir que una ley de poderes excepcionales como la International Emergency Economic Powers Act, en base a la cuál Trump estableció parte de los aranceles anunciados el 2 de Abril del año pasado, no legitimaba un cambio de la política arancelaria. La situación económica de los EE.UU. no era de grave crisis ni en el empleo ni en la inflación, acaso en términos de déficit público. Es posible que esta sea una de las líneas argumentales del gobierno norteamericano en su defensa por cuanto los ingresos por aranceles han crecido y esto ha aflojado un nivel de déficit público que estaba en el 7 % del PIB estadounidense.

Hay que aclarar que, una vez decretada la moratoria de 90 días establecida por el propio Trump aplazando la entrada en vigor de los aranceles de abril, todos los acuerdos comerciales –incluido el alcanzado con la Unión Europea– se firmaron fuera del paraguas de la ley de poderes especiales y son, por tanto, inicialmente válidos.

La sentencia desfavorable del Tribunal Supremo hay que verla también desde un ángulo más amplio para, por ejemplo, valorar en qué medida puede afectar al resultado de las elecciones de medio término de finales de este año que pueden reafirmar o devaluar el poder del presidente Trump. Particularmente hay que ver la evolución del tipo de cambio del dólar frente a las principales divisas comerciales. Esto es algo de lo que te hablan hasta las piedras revestidas de «traders».

Un plano completo pero no exhaustivo de las política económica de Trump sería la siguiente. En primer lugar consolidar unos aranceles que, desde las perspectiva estadounidense, compensen los impuestos en el resto del mundo a los productos americanos. Esto ayudaría a equilibrar las cuentas públicas. En segundo lugar, aumentar las exportaciones a países con los que ha firmado acuerdos comerciales favorables y a los que presiona para dejar de comprar a potencias rivales como China. En tercer lugar, sustituir al presidente de la FED por Kevin Warsh, a priori partidario de una política monetaria más expansiva que, entre otras consecuencias, favorezca la devaluación del dólar y facilite la reducción del déficit comercial norteamericano.

En resumen, en mi opinión habría una consolidación de los aranceles –puede que con algunas rebajas– y una mayor cantidad de dólares en el mercado. Dólares que ya son la moneda nacional de facto en Ecuador, Panamá y El Salvador, y conviven anclada con la moneda nacional en Venezuela y en Argentina.

Ahora bien, ¿qué ocurre si el dólar deja de ser la moneda de refugio internacional si tenemos en cuenta que hay otras monedas emergentes alternativas como el yuan y también metales moneda como el oro?

El 15 de agosto de 1971, Nixon anunció la suspensión unilateral de la convertibilidad del dólar en oro. Fue el «Nixon shock». El anuncio fue en principio temporal pero se convirtió en definitivo en 1973 A partir de este momento ¿qué sentido tenía para cualquier país acumular reservas de dólares si no estaban respaldadas por oro?

La respuesta se fraguó en Oriente Medio. El petróleo, en pleno bloqueo de la OPEP a Occidente por el conflicto árabe-israelí, comenzó a cotizar sistemáticamente en dólares. EE.UU. y Arabia Saudí consolidaron acuerdos financieros y militares. Los países exportadores de petróleo reciclaron sus excedentes de divisas internacionales obtenidas por la exportación de crudo comprando activos denominados en dólares, esencialmente bonos del Tesoro americano con vencimiento a 10 años.

El resultado estructural fue que cualquier país importador de petróleo necesitaba tener reservas en dólares para poder pagar la energía que necesitaba y EE.UU. podía seguir emitiendo la cantidad de dólares que necesitase para financiar déficit públicos y comerciales.

Lo que Trump está haciendo con su política comercial y de presión diplomática es afianzar el inmenso poder del dólar frente a monedas potencialmente rivales. Especial interés está poniendo en la dolarización de Hispanoamérica para convertirla –al ejemplo de México– en el territorio donde mover toda la industria que durante décadas se desplazó al sureste asiático.

  • José Manuel Cansino es catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla, profesor de San Telmo Business School y académico de la Universidad Autónoma de Chile / @jmcansino