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La presidenta de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF), Cristina Herrero.

La presidenta de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF), Cristina Herrero.EP

El órgano más crítico con el Gobierno entra en interinidad en pleno choque por su independencia

El sucesor de Cristina Herrero en la AIReF necesitará mayoría absoluta en la Comisión de Hacienda del Congreso, un listón más exigente que en otros supervisores

Cristina Herrero deja este martes la presidencia de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) y lo hace en un momento particularmente tenso por las injerencias del Gobierno en la gestión del supervisor fiscal. La presidenta saliente ha pedido que su sustituto no proceda del Ejecutivo y el proceso de transición amenaza con volverse complejo ante la frágil aritmética parlamentaria.

Fuentes de la AIReF reconocen que, a día de hoy, no tienen información sobre el calendario del Gobierno ni sobre posibles candidatos. «No sabemos nada salvo que, a partir del día 4, Ignacio será presidente interino», señalan. Estas fuentes se refieren a Ignacio Fernández-Huertas, actual director de Análisis Presupuestario de la institución que asumirá el liderazgo del supervisor hasta que el Ministerio de Hacienda proponga un nombre.

El proceso para el nombramiento del presidente de la AIReF, a diferencia de organismos como la CNMV o el Banco de España, es más complejo. El Gobierno propone, a propuesta de Hacienda, al elegido y su nombramiento debe obtener mayoría absoluta en la Comisión de Hacienda, un requisito vinculante. En caso de que la votación no prospere, se votará por mayoría simple en el Senado.

Y aquí es donde el asunto se complica. Con el actual equilibrio parlamentario, las posibilidades del Gobierno para sacar una mayoría absoluta son remotas; y en la Cámara Alta, el PP cuenta con 145 escaños, suficientes para vetar a cualquier candidato. «Tal y como está el patio, no sé si les daría para sacar adelante un nombramiento», apuntan las fuentes mencionadas.

Una opción pasaría por refrendar a Fernández-Huertas, en una situación similar a la que vivió la propia Herrero cuando José Luis Escrivá, su predecesor, asumió la cartera de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones. Herrero, que había sido la directora de la División de Análisis Presupuestario desde la fundación de la AIReF en 2014, ocupó la presidencia interina el 13 de enero 2020, y fue respaldada el 3 de marzo con la unanimidad de todos los grupos parlamentarios.

No está claro que el Ejecutivo opte por una línea continuista. La figura del supervisor fiscal no es precisamente cómoda para el Gobierno y también Escrivá tuvo enfrentamientos con el entonces ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro. Pero el caso de Herrero ha sido distinto.

Si en la primera parte de su mandato había evitado mojarse, en los últimos años no dudó en reivindicar la independencia de la AIReF y denunciar las trabas que el Gobierno de Pedro Sánchez estaba, a su juicio, llevando a cabo en materia de información. A diferencia de presidentes de otros organismos como el CIS o el INE, Herrero –con fama de solvente y seria– no se ha plegado a los intentos del Ejecutivo de instrumentalizar la AIReF.

Ante los repetidos intentos del Gobierno por influir en los informes, la presidenta de la AIReF elevó el pasado verano una consulta a la Abogacía del Estado después de que el Ejecutivo pidiera la elaboración de un estudio adicional de pensiones para contentar a Bruselas. La Seguridad Social modificó la ley para que la AIReF no tuviera en cuenta las transferencias del Estado como ingresos.

La Abogacía del Estado respaldó la interpretación de la AIReF sobre la necesidad de preservar su autonomía y Herrero decidió congelar el examen adicional solicitado por el Ejecutivo.

La presidenta de la AIReF tampoco se ha mordido la lengua para hablar del anuncio de incrementar la ‘hucha de las pensiones’ a pesar del déficit, la gestión del ingreso mínimo vital (IMV) o la falta de presupuestos.

La salida de Cristina Herrero llega en un momento especialmente delicado para la AIReF. Su determinación a la hora de mantener la independencia, junto a su lenguaje claro y didáctico han sido claves a la hora de dar a conocer el trabajo del supervisor fiscal. El relevo determinará si esa línea se consolida o si se abre una nueva etapa en una institución con apenas doce años de vida.

Cuando el PP apoyó el nombramiento de Escrivá… y el PSOE se abstuvo

La AIReF nació en 2014 a iniciativa de la Comisión Europea como respuesta a la desconfianza generada tras los numerosos incumplimientos acumulados por España tras el estallido de la crisis financiera. El objetivo era blindar a través de una Ley Orgánica la creación de un supervisor independiente que controlara el cumplimiento de los objetivos de estabilidad presupuestaria y deuda pública y regla de gasto.
Su primer presidente fue José Luis Escrivá, cuyo nombramiento obtuvo la mayoría absoluta con los votos del PP, pero la abstención del PSOE y el voto en contra de Izquierda Unida. Los socialistas adujeron entonces que la creación de la AIReF era una «imposición» de Europa que España «tiene que acatar a regañadientes».
«El Gobierno no cree en instituciones independientes en materia económica, prefiere instituciones dóciles e incluso, más allá, practicando la captación partidista del aparato del Estado que nos aleja del objetivo de tener un sector público eficiente, independiente, motor impulsor del crecimiento económico y de la cohesión social», comentó Pedro Saura, entonces portavoz del PSOE en la Comisión de Hacienda del Congreso y actual presidente de Correos tras pasar por Paradores.
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