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Intrahistoria de la crisis en Indra, el gran lío empresarial del sanchismo

Indra fue el año pasado la compañía que más ganó del Ibex con una subida del 184 %. España estaba compitiendo con los grandes europeos, pero el apoyo del Gobierno a Escribano pronto se demostró un error

El presidente de Indra, Ángel Escribano.EP

Viernes por la tarde. Con los mercados ya cerrados, Ángel Escribano es llamado a capítulo a Moncloa. Día complicado. Por la mañana, el presidente de Indra había tenido una comisión delegada en la que varios de sus consejeros –Sepi y Sapa, no confundir con Zipi y Zape– le pusieron de vuelta y media por las pérdidas semanales de la empresa en Bolsa y volvieron a exigirle su renuncia. Todo quedaba visto para sentencia para la reunión de la tarde.

Manuel de la Rocha, jefe de asuntos económicos de Presidencia del Gobierno y experto en cortar cabezas los fines de semana, había pedido el día anterior la dimisión del presidente de Indra a través de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI). Pero curioso: un día después había cambiado de opinión o, más bien, le hicieron cambiar de opinión. Y ya se sabe que a de la Rocha solo hay uno que le puede hacer cambiar: Pedro Sánchez.

Creo que en este punto merece la pena hacer un parón para intentar saber a qué viene tanto lío con Indra y sus directivos. Y es verdad que hay muchas derivadas. Voy solo a poner un ejemplo para que se hagan una idea.

Uno de los accionistas de Indra es Amber Capital, un fondo que dirige Joseph Oughourlian, presidente también de Prisa, y que se ha hecho últimamente famoso por enfrentarse a Pedro Sánchez en su intento de tomar el control del grupo de comunicación. Pues bien, es conocido que el empresario franco armenio se ha posicionado en toda esta crisis de Indra del lado de Ángel Escribano, y no porque el de Coslada le parezca una lumbrera de Occidente, sino porque alguien que intenta cargarse Moncloa siempre contará con su simpatía por afinidad e historial profesional.

El acercamiento ha vuelto a producirse hasta el punto de que Moncloa ha propuesto a Oughourlian asociarse en el área audiovisual de Telefónica, a cambio de que apoye la salida de Escribano de Indra. Una solución que podría interesar mucho a Prisa desde el punto de vista financiero, pues supondría un activo importante a la hora de buscar financiación y hacer frente a su deuda de más de 750 millones de euros. Sirva como botón de muestra.

Pero volvamos al lío. Lo que ya está decidido en cualquier caso es que Indra no se fusionará con la empresa de los Escribano. Ya han renunciado a ello. Pero varios fondos de inversión siguen pidiendo al Gobierno –que es accionista mayoritario a través de la Sepi– que les aclare lo que va a ocurrir en el Consejo de Administración del próximo día 25 en Indra. Todo es silencio ahora, pero la clave serán los seis consejeros independientes que se sientan en el máximo órgano de gobierno. Pensaba Escribano que estaban todos con él, pero a Moncloa le basta con que la mitad apoyen el relevo del Presidente, con lo que el cambio estaría ya cantado. Esa es la versión más extendida. De la Rocha no quiere volver a cesar al presidente de una cotizada en Moncloa y pacta una salida en el Consejo. Veremos.

Recordemos que el consejo de Indra está formado por 15 miembros, de los que seis son independientes. Tres representan al brazo inversor y armado de Moncloa: Antonio Cuevas, Miguel Sebastián y Juan Moscoso del Prado, con los que se alinea el consejero de SAPA, Jokin Aperribay. Ahora el Gobierno busca el apoyo de Pablo Jiménez de Parga, representante de Amber Capital, para cargarse a Escribano. Telefónica tiene la palabra.

Tampoco la batalla por el CEO será un problema. Aunque Escribano lo ha defendido, José Vicente De los Mozos termina su mandato en junio y, aunque se ha ofrecido a Moncloa para seguir –todos quieren seguir–, en Presidencia ya tienen su candidato. Pero esa es otra historia.

La realidad es que Moncloa lleva una semana filtrando informaciones sobre la mayor compañía de Defensa de España. Hace unos meses quiso crear un campeón del sector en Europa cuando Marc Murtra presidía Indra. Luego vino su salto a Telefónica y empezó el lío. En el peor momento, porque todas las empresas que se dedican al armamento en el mundo están viviendo con la guerra de Irán todo un boom. Era también el caso de Indra, aunque parezca poco compatible el «No a la guerra» de las campañas electorales del PSOE que han convertido a Pedro Sánchez en uno de los señores de la venta de armas, y a España en uno de los diez países que más armamento exportan en el mundo.

Y entonces, ¿qué quiere ahora el Gobierno? Indra Group, la mayor empresa española de defensa y tecnología, con una capitalización bursátil superior a los 10.000 millones de euros, y una participación del Gobierno, a través de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI) del 28 % del capital, fue el año pasado la compañía que más ganó del Ibex con una subida del 184 %. España estaba compitiendo con los grandes europeos como Rheinmetall, Leonardo y Thales. Pero el apoyo del Gobierno a Escribano en enero de 2025 pronto se demostró un error. Y Moncloa, una vez más, ha dado un giro en su posición y no quiere una fusión que daría a los Escribano la mayoría en Indra. No son las personas –por muy amigos de Sánchez que fueran– para liderar la industria de defensa española. Conclusión: Moncloa desata una crisis en su industria de defensa y de datos –¡ojo al dato!– en pleno rearme mundial.

Y como la banda que dispara torcido no descansa, el mismo viernes de autos, el propio Sánchez tuvo que negociar, uno a uno, con sus cinco ministros de Sumar para sacar adelante la Ley de Vivienda en el Consejo de Ministros. Una ley que nace muerta, pues Junts ya ha dicho que no la apoyará. Demasiada negociación con tal de no convocar elecciones. Menos mal que, como dijo el Presidente, todo era «salseo». ¡Cómo para creérselo!