El manual de resistencia de Ángel Escribano, el hombre hecho a sí mismo que frena a Sánchez en Indra
El Gobierno quiere seguir colocando a los peones que le interesan y cuando le interesa, pero en este caso está chocando con la realidad de que no puede hacerlo, al menos de momento
El actual presidente de Indra, Ángel Escribano, en nuestra última entrevista, siendo aún presidente de Escribano.
A la luz de lo que está pasando en Indra, con el intento de desalojar a Ángel Escribano de la presidencia de la compañía, parece interesante recordar cuál era su planteamiento en la última entrevista que le hicimos, una conversación de una hora que mantuvimos cuando él aún era presidente de Escribano, en septiembre de 2024.
Cuatro meses antes de ser nombrado presidente de Indra, contaba que el Gobierno había hecho un llamamiento a la industria diciendo que el presupuesto de Defensa iba a subir hasta el 2 % del PIB, y que las empresas debían estar preparadas: «Cojan tamaño para acometer el doble de carga de trabajo del que tienen en la actualidad», nos contaba que les habían dicho.
La mayoría de empresas pensó solo en el dinero cuando se supo del incremento del gasto en Defensa, pero Escribano se puso manos a la obra
Con ese contexto, explicaba que unas empresas, «la mayoría del sector», pidieron el dinero, y con ello ya montarían el negocio, algo con lo que él estaba totalmente en contra; y otras, como Escribano, ampliaron sus capacidades y las ofrecieron al mercado.
En este escenario se plantearon invertir en Indra, en donde vieron «un potencial impresionante» porque «todos apoyarán a la empresa referente española en Defensa, tanto con este Gobierno como con los anteriores como con los venideros, ya que el 28 % del accionariado es del Estado».
Primero invirtieron 100 millones de euros con las acciones a 11,3 euros -hoy están a 51 euros-, y luego fueron subiendo hasta hacerse con el 14,3 % de la compañía, el porcentaje que ya tenían en el momento en el que Ángel Escribano fue nombrado presidente por el consejo de administración, en enero de 2025, tras la marcha de Marc Murtra a la presidencia de Telefónica.
En el momento de la entrevista, en septiembre de 2024, tenían el 8 %, ya eran el segundo máximo accionista y aún no se planteaban llegar al 10 % que habían prometido porque aseguraban que no podían permitírselo.
Ángel Escribano aseguraba que para ellos lo importante era «estar» en Indra, y ni siquiera se planteaban pedir un segundo sillón en el consejo de administración, aunque fueran el segundo accionista. «¿Para qué?», decía.
Sus primeras acciones, con las que llegaron al 8 % de Indra, las compraron a 11,3 euros; hoy están a 51 euros
La situación, sin embargo, cambió, y tres meses después de la entrevista, Ángel Escribano era nombrado presidente de Indra, y dejaba a su hermano Javier al mando de la empresa familiar. De acuerdo con la visión que transmitió un directivo muy importante para los Escribano en una visita reciente a El Debate, el actual presidente de Indra no dudó en lanzarse al reto de dirigir la multinacional tecnológica y de defensa cuandio vio la oportunidad, algo que es muy coherente con su trayectoria.
Como ya hemos contado en otras ocasiones en este periódico, Ángel Escribano estudió Formación Profesional, como su hermano, y empezó su carrera en el año 1989 trabajando en el taller que montó su padre en Coslada (Madrid), cuando volvió del servicio militar. Reparaban maquinaria de obra pública, y Ángel tuvo en torno al año 1990 la astucia de hacer una jugada que les sirivió para dar un salto: se fue en bicicleta a la cercana Construcciones Aeronáuticas (después Airbus), se inventó que tenía una reunión con el director comercial y le convenció para que les encargara reparar piezas del Eurofighter, el avión de combate europeo, y fabricar piezas del lanzador de satélites Ariane 5.
Más tarde, en 2011, hizo otra jugada que permitió a la empresa familiar dar otro gran salto. Conoció en un evento en Barcelona a un profesional de su sector que trabajaba en Omán. Le dijo que le gustaría ir a un partido de fútbol, y preguntó a Escribano si podría conseguirle unas entradas. Habló con un proveedor, del que sabía que tenía un palco, e hizo la gestión. Fueron juntos y, al final del partido, después de haberle tratado a cuerpo de rey, le dijo que le pondría en contacto con el fondo soberano de Omán. Escribano viajó allí y, tras mostrarles su producto y convencerles, le dijeron que el rey Juan Carlos I había estado hacía poco en su país y les indicó que invertían poco en España. Entonces, el interlocutor de Escribano le dijo que invertirían en su empresa 18 millones de euros. Aquella inversión supuso que el fondo soberano de Omán se hiciera con el 32 % de Escribano, lo cual suponía valorar el 100 % de la compañía en 56 millones -una cifra coherente con los 100 millones en los que se valoró Escribano hace cuatro años, pero muy alejada de los 2.000 millones en los que se valora en la actualidad, impulsada por el auge de la inversión en Defensa-. El fondo entró en el año 2016 y salió en el 2020.
Escribano es un lanzado, muy trabajador, conoce el sector y tiene el apoyo del consejo y los accionistas, aunque también tiene sombras
Escribano es un lanzado, muy trabajador -trabaja todos los días de 5 de la mañana a 10 de la noche-, conoce muy bien el sector de la Defensa y ve diáfana la oportunidad de su sector de aprovechar el aumento del presupuesto militar. Como se ha visto por el dinero al que compraron sus acciones, podrían venderlas y hacerse mucho más ricos -ya lo son-, pero parece que prefieren seguir trabajando.
A día de hoy, Ángel Escribano tiene el apoyo de la mayoría del consejo de administración de Indra y de los accionistas privados para seguir en su cargo. No habrá fusión con su empresa familiar, algo positivo por el evidente conflicto de intereses que había al ser él el presidente de la empresa compradora -Indra-, pero incluso eso puede salirle bien. Si la valoración de 2.000 millones que se hace sobre ella es cierta y ellos quieren vender, puede venir algún gigante extranjero de defensa (la italiana Leonardo o la alemana Rheinmettal, por ejemplo) y adquirirla. Escribano, que fabrica estaciones de armas para buques de guerra, blindados y vehículos terrestres, facturó en 2025 488 millones de euros, un 65 % de ellos fuera de España, ganó 195 millones antes de impuestos y tiene una cartera de pedidos de al menos 1.400 millones de euros.
El negocio de Escribano va bien; y el de Indra, con Ángel Escribano al frente, también -la compañía ha ganado en 2025 436 millones, un 57 % más que en 2024, y su acción se ha revalorizado más de un 90 % en el último año-. Y eso es lo que ven los accionistas, que son los dueños de la compañía. «Ahora la compañía lo tiene claro. Tiene un presidente que va a toda velocidad y que va a hacerlo bien. Es un industrial. Conoce ese mundo, y va a seguir haciéndolo bien», decía hace un tiempo Joseph Oughourlian, presidente del Grupo Prisa y responsable del fondo Amber Capital, que es el cuarto principal accionista de Indra, sobre Ángel Escribano, al que aún sigue apoyando.
Oughourlian es, sin duda, una pieza clave del manual de resistencia de Escribano, que al menos de momento sigue al frente de la nave de Indra, y parece que su objetivo es seguir haciéndolo. Desde luego, los Escribano plantean dudas: la excesiva audacia de admitir la posible compra de su empresa familiar siendo Ángel el presidente de Indra; la llamativa adjudicación a su empresa familiar de los respiradores del Covid; la demanda de su competidor Santa Bárbara sobre las adjudicaciones del Ministerio de Defensa que se están haciendo a Indra y Escribano y que le dejan fuera. Pero, en cualquier caso, quien debe decidir si el presidente de Indra sigue siendo Ángel Escribano es el consejo de administración de la compañía, no el Gobierno.