Imagen de archivo del Avant Festival en Castellón de la Plana
Fans fuera y 'brokers' dentro: el negocio de la reventa que multiplica por diez el precio de los conciertos
La reventa de entradas no es ninguna nueva práctica. Lo que sí es relativamente reciente es su escala, su sofisticación y su capacidad para operar con apariencia de normalidad. Internet no inventó este caramelo, pero lo convirtió en industria. Una oferta rígida –porque los aforos son los que son– frente a una demanda estrepitosamente emocional y marcada por el miedo a perderse cualquier acontecimiento susceptible de ser colgado en redes. Así funciona hoy, como cualquier otro mercado tensionado: un precio oficial alejado del valor real y una legión de intermediarios dispuestos a incrementar su nivel de vida.
La gira de fenómenos de masas como Taylor Swift o Dua Lipa y espectáculos deportivos de la talla de El Clásico sufren la operativa organizada de una red de brokers digitales que capitalizan el calor de legiones de fans y lo convierten en una operación bursátil. La reventa ha dejado de ser un gesto oportunista para convertirse en un sistema coordinado que dispara la entrada de una banda como Oasis a casi los 1.000 euros (habiendo salido a menos de 150). Mientras el ciudadano medio espera pacientemente en la cola virtual –la misma que le llevará (o no) a la próxima puesta en escena de Karol G–, el mercado secundario ya se ha llenado de anuncios que multiplican por diez los precios originales.
«Ya no hablamos sólo de un robot que compra miles de entradas de golpe; hablamos de ecosistemas con cuentas múltiples, identidades sintéticas, automatización parcial y coordinación entre brokers y proxies», explica Daniel Perla, especialista en marketing en la gestoría y asesoría fiscal Billeo. El resultado es, según investigaciones del Parlamento británico, más de un 80 % de entradas adquiridas por bots y publicadas en plataformas de reventa con sobrecoste.
El silencio legal es parte responsable de la derivada de esta situación. Por ello, artistas como Coldplay han reclamado frenar las «extorsivas» páginas web. A este respecto, los socialdemócratas del Reino Unido presentaron nuevas propuestas con las que ilegalizar la reventa de un ticket por encima de su precio oficial. En España y como responsable de Consumo, Pablo Bustinduy se ha propuesto poner fin a esta práctica a través de la Ley de Consumo Sostenible.
La iniciativa, que aún se encuentra en fase de anteproyecto, prohibirá incrementar el valor original de la entrada más allá del IPC acumulado desde su compra. «Cuanto más crece el directo, mayor es también el incentivo para la reventa especulativa», afirma Perla. En esta línea, la Asociación de Promotores Musicales (APM) revela que, en 2025 y por primera en la historia, la industria superó los 800 millones en facturación, lo que significa casi duplicar las cifras prepandemia.
Ya no es el intermediario improvisado a la entrada del recinto, sino un colectivo de operadores que trabaja con lógica de trading: compran cuando el precio está contenido y venden cuando la urgencia emocional alcanza su pico. Así, actualmente conviven perfiles distintos –desde emprendedores digitales que tratan las entradas como si fueran ediciones limitadas de zapatillas, hasta antiguos profesionales del sector con conocimiento interno (e información privilegiada)–, pero todos responden a la misma premisa: extraer rentabilidad de la escasez.
Un mercado paralelo, opaco y engrasado
En el mercado primario, artista y promotora concentran la mayor parte de los ingresos (hasta un 80-85 % para el primero), mientras que la ticketera se reserva comisiones y datos en cada transacción. Pero es en el secundario donde el margen cambia de manos: ni el músico ni el organizador participan ya de ese sobreprecio, que queda en poder de plataformas y revendedores profesionales capaces de transformar una entrada de 80 euros en un activo de varios cientos sin haber añadido valor alguno más allá de la intermediación.
La previsión del experto es una reducción de la reventa profesional especulativa hacia modelos más controlados, con menos anonimato y una mayor responsabilidad para las plataformas. «A medio plazo (de tres a cinco años aproximadamente) la reventa dejará de ser el enorme y opaco negocio que es a día de hoy en los principales mercados europeos, pero el problema de fondo (es decir, la existencia de un mayor volumen de demanda que de oferta) no desaparece».
Probablemente, el excedente cambie de manos, se reparta de forma «más equilibrada con sistemas de acceso justo» y la propia industria oficial adquiera mayor protagonismo vía precios dinámicos (siguiendo el modelo Ticketmaster) en detrimento de los intermediarios. Hasta entonces, el sistema que sube los importes en tiempo real en función de la demanda seguirá siendo, tal y como califica Robert Smith, líder de The Cure, una estafa codiciosa. «Esa es la batalla cultural y regulatoria que viene», sentencia Perla.