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Los números están calentitos, recién publicados el 31 de julio, una fecha perfecta para que casi nadie preste atención a la información. Entre otras cosas, porque la invasión de Ceuta y la corrupción copan las principales páginas de todos los medios de comunicación.

Los españoles están tan acostumbrados a que les metan la mano en la cartera que casi da igual. Pero hay una realidad inevitable: al ritmo actual, la Agencia Tributaria superará los 350.000 millones de euros de recaudación este año e incluso podría acercarse a los 360.000 millones.

Los ingresos de la Agencia, solo en la partida del IRPF y durante el mes de junio, han crecido un 22,3 %. Y no se debe a la campaña de la Renta, que todavía no se ha contabilizado, sino porque, tal y como reconoce la propia Agencia Tributaria, una parte muy importante del aumento obedece a la no deflactación del impuesto. Descontado el efecto de la subida de las pensiones, el 38 % del exceso de recaudación procede de ese factor. Si ese mismo criterio se aplica a los trabajadores del sector privado, el 35 % del incremento también se explicaría por la ausencia de deflactación. La necesidad de recaudar, cueste lo que cueste y recaiga sobre quien recaiga, responde al objetivo de financiar un volumen de gasto público cada vez mayor.

Sin embargo, que en junio el IRPF haya aumentado un 22,3 %, pese a la devolución de 533 millones de euros a los mutualistas que ganaron el litigio contra Hacienda y pese a que la Agencia Tributaria haya perdido otro procedimiento relacionado con el impuesto sobre la renta de no residentes –tal y como reconoce en su propio informe, aunque todavía sin efectos inmediatos–, demuestra que una parte de la recaudación actual podría terminar siendo declarada improcedente en el futuro.

Hacienda y la Agencia Tributaria no dejan de recibir varapalos judiciales. Si a la sentencia favorable a los mutualistas, que supondrá devoluciones cercanas a los 6.000 millones de euros, se suma la relativa al impuesto de no residentes –cuyo impacto económico todavía no se ha cuantificado–, ahora se añade otra resolución del Tribunal Supremo que corrige al Gobierno por excluir el gas natural destinado a la cogeneración eléctrica de determinadas medidas fiscales medioambientales. Solo esta última decisión ha obligado ya a devolver 158 millones de euros durante el mes de junio a empresas del sector energético. Todo ello demuestra, a mi juicio, que el Ministerio, la Agencia Tributaria y, en definitiva, el Gobierno han entrado en una espiral de ilegalidad.

Pero veamos cómo ha cerrado junio y cuál es el balance del primer semestre, porque hay datos muy llamativos.

La recaudación de junio aumenta un 9,1 %, impulsada por un crecimiento del 23,1 % en los impuestos directos. Dentro de ellos, el impuesto sobre la renta de no residentes crece un 63,3 %, aunque parte de esa recaudación previsiblemente tendrá que devolverse en los próximos meses. El IRPF aumenta un 22,3 % y el Impuesto sobre Sociedades pasa de restar 139 millones en junio del año pasado a aportar 444 millones este año.

En cambio, los impuestos indirectos caen un 2,4 % por dos motivos principales. En primer lugar, el IVA pierde intensidad y solo crece un 4,3 %. En segundo lugar, los impuestos especiales disminuyen un 20,6 %, sobre todo por el efecto de las medidas aplicadas a los hidrocarburos.

Conviene recordar lo que señala la propia Agencia Tributaria: si se excluyera el impacto de las medidas del Real Decreto-ley 7/2026 sobre las ayudas a la gasolina, la evolución de los impuestos especiales en el primer semestre no sería una caída del 6,6 %, sino un incremento del 0,6 %. Esto significa que el consumo de hidrocarburos, tabaco y electricidad, sobre el que descansan estos impuestos, permanece prácticamente estancado en términos reales. El descenso del 20,6 % registrado en junio oculta una realidad más preocupante que el propio recorte fiscal: la base imponible apenas se mueve o, dicho en román paladino, el consumo se ha parado.

No olviden lo que les conté hace unos días: mientras el consumo de los hogares apenas crece un 2 %, Hacienda recauda un 81 % más por IRPF. Así lo reflejan los datos publicados por Eurostat.

La recaudación acumulada durante el primer semestre alcanza ya los 148.944 millones de euros, un 10,4 % más que un año antes.

Este incremento está impulsado por el IRPF, que aumenta un 10,6 % hasta los 66.587 millones de euros, y por el Impuesto sobre Sociedades, cuyo crecimiento aparente alcanza el 80,2 %. No obstante, la propia Agencia Tributaria explica que, una vez descontado el efecto de las devoluciones extraordinarias realizadas durante el primer semestre de 2025, el crecimiento real se sitúa en torno al 18 %.

El IVA ha abandonado ya los crecimientos de dos dígitos y se queda en un 8,9 %. Probablemente seguirá moderándose en los próximos meses porque las familias están cada vez más asfixiadas por la presión fiscal.

Si es cierto lo que afirma la propia Agencia Tributaria, es decir, que el consumo real vinculado a los impuestos especiales está cayendo, y si la evolución del IVA observada en junio se mantiene durante los próximos meses, entonces estamos entrando en una zona complicada y conviene abrocharse los cinturones.

Porque no es oro todo lo que reluce: mientras el IRPF sigue disparando la recaudación, los impuestos indirectos, que reflejan mucho mejor el pulso del consumo, muestran claros síntomas de agotamiento.