Una mujer se dirige a una oficina del SEPE en Madrid.
Dos de cada cinco parados mayores de 50 años llevan más de dos años buscando empleo: «Ni siquiera llegan a la entrevista»
Los expertos alertan de prejuicios en la contratación y los afectados denuncian que la edad pesa más que el conocimiento acumulado durante toda una vida laboral
La experiencia, que durante décadas fue un activo para encontrar empleo, pasa a ser, para muchos trabajadores, un obstáculo cuando superan los 50 años. A partir de esa edad, volver al mercado laboral deja de ser una cuestión de meses para convertirse, en demasiadas ocasiones, en una búsqueda que se prolonga durante años.
De acuerdo con los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA), dos de cada cinco desempleados mayores de 50 años (38,8 %) llevan más de dos años buscando empleo. Si se amplía el periodo de búsqueda a más de un año, el porcentaje asciende al 52,3 %.
Entre abril y junio había 762.500 desempleados mayores de 50 años. De ellos, 399.000 llevaban al menos un año buscando trabajo y 295.900 superaban ya los dos años sin lograr reincorporarse al mercado laboral.
La dificultad para volver a trabajar aumenta, además, con la edad. Si entre los desempleados de 20 a 24 años solo el 7,8 % llevaba más de dos años buscando empleo, ese porcentaje asciende al 13 % entre quienes tienen de 25 a 29 años, al 22 % entre los trabajadores de 45 a 49 años y alcanza el 38,8 % entre los mayores de 50. Entre las personas de 60 a 64 años la situación resulta aún más extrema, ya que más de la mitad (51,4 %) llevaba al menos dos años en paro.
Aunque el desempleo de larga duración entre los trabajadores sénior se ha reducido desde la anterior crisis económica, continúa siendo un grave problema. En el segundo trimestre de 2018, el 54,1 % de los desempleados mayores de 50 años llevaba más de dos años buscando trabajo. Ocho años después, ese porcentaje ha descendido más de quince puntos, pero continúa duplicando –e incluso triplicando– en algunos tramos de edad, el registrado entre los trabajadores más jóvenes.
Detrás de esta realidad hay una «discriminación sistémica» hacia los mayores de 50 años, según la Fundación Adecco. La entidad advierte de que, a pesar de las políticas de talento sénior, «siguen persistiendo prejuicios y estereotipos difíciles de combatir» que relegan a este colectivo a un desempleo de larga duración «que se convierte en un pasaporte precario y directo a la jubilación».
El problema es que, en muchos casos, «ni siquiera llegan a la entrevista». «Saben que este momento es decisivo para demostrar sus competencias y capacidades, pero no siempre se les da la oportunidad, ya que a menudo quedan descartadas automáticamente en la fase del escrutinio del currículum», destacan desde la fundación.
Carmen –nombre ficticio– perdió su empleo como fotógrafa como consecuencia de un despido colectivo durante la pandemia. Con 56 años, pronto comprendió que volver al mercado laboral sería mucho más difícil de lo que imaginaba. «Buscar trabajo con esa edad es angustioso. Sientes cómo te rechazan por ser mayor. No valoran la experiencia y piensan que la gente joven tiene ideas más frescas; no digo que no las tengan, pero carecen de conocimientos», relata.
Tras un año cobrando la prestación por desempleo, Carmen optó por trabajar como autónoma. «Con mi edad y mi profesión sabía que nadie me iba a contratar», resume.
Desaprovechar experiencia
Esta situación no afecta únicamente a trabajadores de sectores especialmente castigados –como el de Carmen– o con menor cualificación. Antonio, investigador con una larga trayectoria profesional, también se encontró con enormes dificultades para volver al mercado laboral tras quedarse en paro con 59 años. «Mandé currículum a 20.000 sitios y casi nadie me contestó», recuerda.
Después de cerca de año y medio de búsqueda terminó encontrando una salida en la universidad, aunque la sensación que le quedó durante todo ese tiempo fue siempre la misma: «Te dabas cuenta de que era por la edad y no por otra cosa».
Su reflexión apunta, además, al riesgo de desaprovechar el conocimiento acumulado por profesionales con décadas de experiencia. «Lo más importante ya no es solo lo que sé hacer, sino saber lo que no hay que hacer para ir a tiro hecho», sostiene. «No quieren gastarse el sueldo en una persona experimentada, pero no se dan cuenta de que lo que yo hago en cuatro años, otros lo harían en ocho».
A partir de los 50, la edad parece pesar más en la búsqueda de empleo que la experiencia, la formación o los contactos acumulados durante décadas de carrera profesional. Y mientras las empresas alertan de la falta de talento cualificado y de las dificultades para cubrir vacantes, cientos de miles de profesionales con décadas de experiencia siguen buscando una oportunidad para reincorporarse al mercado laboral.