España ya paga un 3,7 % por su deuda a diez años, 2,6 veces más que en 2018
El Tesoro afronta vencimientos anuales cercanos a los 220.000 millones mientras la deuda emitida a tipos bajos debe refinanciarse cada vez más cara
El otro día escuchaba a Marc Vidal con Carlos Herrera y me encantó la explicación que dio sobre los tipos de interés de la deuda. De ahí surgió la idea para escribir este artículo.
Hay algo muy importante que muchos economistas pasamos por alto a la hora de explicar: qué significa la rentabilidad de la deuda de los países. Simplificando, es lo que tienen que pagar quienes reciben el dinero para que se lo presten. Cuando nos dicen que la rentabilidad del bono estadounidense a diez años es del 4,98 %, significa que el mercado exige aproximadamente ese rendimiento para prestar dinero al Gobierno de Estados Unidos. Si la rentabilidad sube, quienes prestan el dinero quieren recibir más a cambio, bien porque aumenta la inflación, bien porque consideran que quien lo recibe ofrece menos seguridad o porque existen alternativas de inversión más atractivas.
La deuda mundial, si sumamos la de los Estados, los hogares y las empresas, no para de subir. Entre los datos del FMI y del Banco de Pagos Internacionales de Basilea, alcanza ya los 348 billones de euros y crece a un ritmo anualizado de 17 billones.
Esto, que podría parecer bueno, tiene un «pequeño» problema: esa deuda necesita financiación. Una posibilidad es recurrir a la creación monetaria, con los riesgos inflacionistas que puede implicar cuando se lleva al extremo, como demostró Alemania después de la Primera Guerra Mundial. La otra fuente fundamental es el ahorro disponible, que es finito.
Por ello estamos viendo cómo la rentabilidad de la deuda no para de subir; es decir, los tipos de interés exigidos son cada vez más elevados.
Solo para que se hagan una idea, el 3 de septiembre el Tesoro español colocó deuda a diez años a un tipo medio del 3,736 %, frente al 3,542 % de la subasta de agosto. La media de 2025 fue del 3,247 %.
En el momento en que escribo este artículo, el bono español a diez años cotiza en el mercado secundario por encima del 4 %. Sigue subiendo y veremos si no alcanza el 5 % antes de final de año.
Con estos datos, hoy quiero mostrarles cómo han evolucionado los tipos de interés desde 2018 y, al mismo tiempo, cuánto ha crecido la nueva deuda emitida por el Reino de España y qué efecto han tenido los intereses asociados a ella, sin contar el impacto de la refinanciación de los vencimientos.
Como dato adicional, recuerden que la vida media de la deuda española ronda los ocho años. Eso no significa que toda la deuda emitida en 2018 venza precisamente en 2026, pero sí sirve para entender el problema: una parte de la deuda emitida hace años a tipos considerablemente inferiores está venciendo y debe ser sustituida por nueva financiación a tipos más elevados.
El primer dato que debemos tener en cuenta es que desde 2018 nos hemos endeudado en 587.902 millones de euros. En 2018 pagábamos alrededor de un 1,45 % en las nuevas emisiones tomadas como referencia y en la subasta del pasado 3 de septiembre el tipo medio a diez años alcanzó el 3,736 %. Es decir, la referencia actual es unas 2,6 veces superior a la de hace ocho años.
A esto hay que añadir que 2019, 2020 y 2021 fueron años especiales en materia de tipos de interés, los dos últimos especialmente por las compras de deuda realizadas por el BCE. Ahora, el banco central está reduciendo progresivamente el tamaño de su cartera y el Tesoro debe acudir al mercado para cubrir sus necesidades de financiación en un escenario de tipos mucho más elevados.
Solo en el primer semestre de 2026, la nueva deuda emitida está generando, según mis cálculos, un coste medio anual adicional de 2.178 millones de euros que terminará incorporándose a la factura de intereses.
Desde que llegó este Gobierno a la Moncloa, la factura anual asociada a la deuda nueva se ha incrementado, según estos cálculos, en 11.910 millones de euros. Pero, siendo esto muy grave, piensen además que cada año vencen de media alrededor de 220.000 millones.
Si en 2020 nos financiábamos a un tipo próximo al 0,473 %, aplicar ese coste a 220.000 millones supondría unos 1.040 millones de euros anuales de intereses. Refinanciar esa misma cantidad al 4 % elevaría la factura hasta unos 8.800 millones anuales; al 5 %, alcanzaría los 11.000 millones.
El precio del petróleo ya ha vuelto a superar los 100 dólares por barril de Brent. Bank of America ha llegado a plantear escenarios de hasta 150 dólares, mientras diferentes analistas contemplan la posibilidad de alcanzar los 120. Si estos escenarios se materializan, podrían provocar nuevas presiones inflacionistas por el aumento de los costes, difíciles de contener salvo que se adopten medidas fiscales, algo especialmente complicado en nuestro país por el enorme nivel de gasto público.
Ojo, porque vienen curvas que estaban previstas desde hace meses, pero ante las que no se ha tomado medida alguna. La capacidad de respuesta es cada día más limitada por el empecinamiento de nuestros políticos en seguir gastando. Y así será hasta que la máquina de ingresar se pare, los mercados exijan una rentabilidad mucho mayor y nos encontremos con que ni podemos pagar los intereses de la deuda ni financiarnos a precios asequibles. Ese escenario está a la vuelta de la esquina.