El presidente estadounidense Donald Trump
Análisis de mercado
El 5 %: por qué este porcentaje debería preocupar a Estados Unidos
La Fed puede decidir los tipos a corto. Convencer a alguien de que preste su dinero durante treinta años es otra historia
La Reserva Federal acaba de subir los tipos de interés, pero esa no es la cifra más importante. Mientras la Fed ha elevado su rango oficial hasta el 3,75 %-4 %, el bono estadounidense a diez años ya ofrece algo más del 5 % y los vencimientos de veinte y treinta años coquetean con el 5,4 %.
Nos hemos acostumbrado a hablar de los tipos de interés como si existiera uno solo. Kevin Warsh habla, la Fed sube o baja 25 puntos básicos. Y pensamos que eso es lo que manda. Nada más lejos de la realidad.
La Reserva Federal tiene una enorme capacidad para influir en los tipos a muy corto plazo, eso sí. Repito, a muy corto. Otra cosa muy distinta es decidir cuánto debe pagar Estados Unidos para que alguien le preste dinero durante 10, 20 o 30 años. Ahí quien manda es el mercado, no la Fed.
La curva de tipos permite verlo casi de un vistazo. Tras la reunión de la Fed, el Treasury a dos años estaba en el 4,74 %; el de cinco, en el 4,86%; el de diez, en el 5,01 %; el de veinte, en el 5,39 %; y el de treinta años, en el 5,35 %. Cuanto más tiempo queremos que el inversor entregue su dinero al Gobierno estadounidense, mayor es la compensación que exige. Lógicamente.
Comprar un bono a 30 años significa aceptar mucho tiempo de inflación, incertidumbre fiscal, nuevas emisiones de deuda y riesgo de que dentro de unos años los tipos sean todavía más atractivos.
Y aquí viene Scott Bessent y la estrategia del Tesoro. El Tesoro está gestionando activamente su estructura de financiación y la liquidez de distintos vencimientos. Estados Unidos quiere comprar la deuda a largo (evita pagar mayores intereses) para emitir deuda a corto (financiarse más barato). Lo malo de esto es que una deuda vence pronto y la otra te da margen. Nada sale gratis.
Estados Unidos necesita financiar una enorme cantidad de deuda precisamente cuando el inversor exige una remuneración elevada para comprometerse a largo plazo. Por eso el 5% importa.
No porque exista una frontera mágica en el 4,99 % sino porque modifica los incentivos. Si un bono a 10 años ofrece alrededor del 5 %, empieza a competir seriamente por el capital con la bolsa y prácticamente con cualquier activo financiero. Para asumir más riesgo, el inversor debe exigir también más rentabilidad.
Y el segundo problema afecta al propio Tesoro. Una deuda que vence y debe refinanciarse a tipos superiores termina trasladando esas rentabilidades al gasto por intereses.
Podemos mirar a Kevin Warsh y discutir si habrá otra subida de 25 puntos básicos. Pero quizá estemos mirando el extremo equivocado de la curva.
La Fed puede decidir los tipos a corto. Convencer a alguien de que preste su dinero durante treinta años es otra historia. Y Estados Unidos tiene un problema. O mucha deuda más barata ya, o más deuda todavía en el largo plazo más cara. No querría verme en esa situación, querido Bessent.