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La Seguridad Social se ha convertido, sin duda alguna, en un pozo sin fondo. La aportación del Estado sigue creciendo. Este año aumenta un 9,1 % y alcanza, en los siete primeros meses, los 42.800 millones. Esta transferencia permite a Hacienda presentar ante Bruselas una Seguridad Social aparentemente bien gestionada, con un superávit de 9.161 millones, un 21,5 % más que el año pasado, y afirmar que las pensiones no corren ningún riesgo.

Pero cualquiera que se mire las cuentas que publica la propia Secretaría de Estado de la Seguridad Social y Pensiones se tiene que dar cuenta que los ingresos de la Seguridad Social necesitan de 42.800 millones de Transferencias Corrientes para que las cuentas cuadren y no llamen la atención.

Todo esto se produce simultáneamente con un récord de recaudación en los ingresos por cotizaciones sociales. A los empresarios, que son los mayores aportadores de estos ingresos, seguidos de los trabajadores y autónomos, también les pasa lo mismo que a sus empleados. Cada subida de salarios no supone el importe subido, sino un 33 % más solo por el hecho de tener que adaptar los ingresos de sus equipos a la inflación permanente que soporta nuestro país desde 2021.

En los últimos cinco años, desde que la inflación comenzó a repuntar en 2021, mucho antes de la guerra de Ucrania, los precios aumentaron un 3,2 % entre marzo y junio y cerraron dicho año con una subida del 6,4 %. Desde entonces, los salarios se han incrementado alrededor de un 25 %, con dos efectos directos: la recaudación por IRPF casi se ha duplicado y las cotizaciones sociales a cargo de los empresarios han crecido cerca de un 65 %. Todo ello sin que el Gobierno haya considerado la injusticia que supone para trabajadores y empresas. Además, estos mayores ingresos le han permitido seguir aumentando el gasto, conceder fondos a empresas cuestionadas como Plus Ultra, financiar puestos en empresas públicas a concubinas de ministros y pagar contratos públicos más caros, algunos de ellos, presuntamente, vinculados al pago de comisiones ilegales a personas relacionadas con el partido gobernante o con miembros del Gobierno.

Estos mayores ingresos le han permitido seguir aumentando el gasto, conceder fondos a empresas cuestionadas como Plus Ultra, financiar puestos en empresas públicas a concubinas de ministros y pagar contratos públicos más caros

Pero, a pesar de los ingresos récord en recaudación, la situación de la Seguridad Social, no solo no ha mejorado, sino que mes a mes el problema sigue creciendo, lentamente, pero de forma continuada y para que las alarmes no suenen en los mercados, la única forma de tapar el agujero que existe en la actualidad es transferir dinero todos los meses, procurar que la Seguridad Social solo se endeude a razón 10.000 millones exactos todos los años en noviembre o diciembre y que oficialmente durante todo el año, se presenten cuentas positivas, que sirven para que Hacienda diga: «Los Fondos de la Seguridad Social registran a finales de junio de 2026 un superávit de 6.150 millones, un 66,5 % superior al de 2025, que fue de 3.693 millones» para continuar «Esta evolución se debe al avance de los ingresos no financieros en un 8,1 %, hasta 146.070 millones, superior al incremento de los empleos, que crecen un 6,4 %, hasta 139.920 millones».

En definitiva, tratan a todos los medios de comunicación como idiotas, porque el 90 % de ellos recogen la nota de prensa del 11 de septiembre como si fuese la gran noticia económica del año.

Pero, por desgracia para todos los españoles, la verdad de los números es la siguiente:

El déficit real es de 33.639 millones de euros, un 6,2 % más que en 2025, y todo a pesar de que las cotizaciones sociales crecen un 7,4 % y llegan a los 109.913 millones.

Lo que no cuenta la nota de prensa es que, por diferencia entre las cotizaciones sociales y las transferencias corrientes que se hacen para pagar pensiones contributivas, no contributivas, incapacidad temporal, ingreso mínimo vital, lactancia y embarazo y algunas otras cosa más, da un saldo negativo, en los siete primeros meses del año, de 32.134 millones, a los que hay sumar los gastos de personal, los gastos de bienes y servicios y las inversiones reales, directas o transferidas, que suman otros 3.029 millones.

Es cierto que a los ingresos hay sumarles otros 1.525 millones entre tasas y otros ingresos, que dejan un déficit de 33.639 millones. Solución para que los mercados no entren en pánico si fuese la Seguridad Social la que pidiese el dinero prestado en deuda, el Tesoro Público les manda 42.800 millones y así a cierre de julio se presenta un superávit oficial de 9.161 millones, y como en los cuentos para niños, todos contentos y felices y además comieron perdices.

Lo malo de todo es que es un cuento y que aquí no todos son felices, salvo los que se lo creen todo, y que la realidad algún explotará, pero los que hoy gobiernan quieren que les explote a los siguientes y toda pinta hoy que así será.